Justicia al revés

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No cabe duda que vivimos el mundo al revés, y que siguen apareciendo señales de que nuestro sistema de justicia parece estar muriendo, sin posibilidad de salvarse.

Es preocupante, y mucho, que en una sociedad que se supone debe regirse por principios de justicia, igualdad y ética, cada vez más se evidencie la falla en la aplicación de la ley, o peor aún, su uso para cobrar cuentas

La justicia, como pilar fundamental de cualquier sistema democrático, debe actuar de manera imparcial y equitativa, garantizando que los derechos de todos los individuos sean respetados; sin embargo, en casos como lo sentenciado en contra del ex Rector de la UNAM, Dr. Enrique Graue, lo que observamos es lo contrario: una estructura judicial que beneficia a aquellos que actúan sin principios, sin ética y que, al carecer de una brújula moral, son capaces de salirse con la suya incluso cuando sus acciones son claramente reprochables.

¿Pagar quince millones de pesos por un supuesto daño moral?, estamos frente a una de las sentencias más injustas en la historia de nuestro sistema judicial, es sorprendente que se haya llegado a esa resolución, cuando el ex Rector y el ex Director de la FES Aragón actuaron, no como personas, sino como autoridades de la máxima casa de estudios; el proceso de facto inició mal (es competencia federal) y culminó peor.

La corrupción, la falta de recursos y la lentitud de los procedimientos son temas añejos, pero si a eso sumamos que hay personas que buscan utilizar la propia estructura judicial a su favor, nos debe poner a llorar a todos porque entonces, ¿Qué nos espera a los mortales?

Estos actores, que a menudo ocupan posiciones de poder o influencia, son capaces de manipular el sistema para proteger sus intereses personales, en detrimento de la verdad, la equidad y el bienestar común.

El problema de la impunidad no es un fenómeno aislado, sino un síntoma de una deficiencia más profunda en el sistema, cuando aquellos que cometen actos inmorales o ilegales (como autorizar tesis a dos o más alumnos a sabiendas de que tienen muchísimas coincidencias) logran evadir las consecuencias de sus actos debido a la manipulación del sistema judicial, se genera un clima de desconfianza generalizada. 

Las personas pierden la fe en las instituciones encargadas de impartir justicia, y la sensación de inseguridad aumenta. Los ciudadanos comunes se ven desmotivados a denunciar abusos o a participar en el sistema legal, ya que perciben que, a pesar de sus esfuerzos, el resultado será favorable para quienes tienen el poder de torcer las reglas a su favor.

Este fenómeno tiene efectos devastadores en la cohesión social, pues fomenta la desintegración del tejido social y la polarización; la sociedad comienza a fragmentarse, y lo que antes era un pacto de convivencia y respeto mutuo se convierte en un terreno fértil para el abuso y la anarquía.

Es urgente que se tomen medidas efectivas para garantizar que la justicia sea verdaderamente accesible para todos, que no se vea influida por factores externos como el poder, el dinero o la influencia. 

Como académicos, como formadores, resulta indignante que se persiga a quien buscó esclarecer una verdad y se premie a quien ha violentado protocolos y códigos éticos.

¿Cómo es posible?

horroreseducativos@hotmail.com