8 CUENTOS SURREALISTAS

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-PELOS EN LA LENGUA-

En la redacción el director de ese neoliberal pasquín vociferó a los de la página editorial:

-¡Búsquenle, mientan, chinguen a la 4-T!

Si no el Señor Salinas –ya ven que no tengo pelos en la lengua- no nos pagará.

Y entonces los reporteros, falaces vieron como la lengua del mentiroso se ennegrecía con pelillos, que no lo dejaron terminar de hablar.

EL TROZO DE LUZ

El curador del museo que exhibía obra de nuevos pintores notó que un pedazo de luz, aunque era de día, se colaba por entre la puerta. Se acercó, lo tomó y lo colocó junto a un cuadro.

No supo que en la noche al velador ya mero le daba un infarto al ver alumbrada a una calavera que como que se le venía encima.

CINEMATOGRÁFICO

No sabía –y justificadamente según el- con complejo de superioridad. Y no era para menos: su figura agigantada en esa pantalla de cine los había sentirse enorme, grandioso, y agreguemos que la película era un exito y alimenta a las cosas mundanas que envanecen a cualquiera, sobre todo cuando a los ojos de los concurrentes de esta sala en penumbra era el detective sagaz, hacía gala de agilidad física y mental, y como divisa personal, tenía el honor y el bien, además de ser amante sin par.

La trama, magistralmente manejada, lo presentaba sorteando mil peligros, triunfando al fin y besando en el Happy End a la guapa y leal chica que con su belleza coloreó el film.

Pero cuidado, ¿no alguien dijo cierta vez que lo consuetudinario llega a aburrir? ¿Y otro más, y que lo mucho dulce empalaga?

Pues así fue como un día nuestro héroe decidió cambiar su actitud. Así, mientras los cinéfilos devoraban palomitas de maíz y refrescos de cola, él, en lugar de rechazar el dinero que para cohecharlo le presentaron los gánsteres, tranquilo y sonriendo cínicamente lo aceptó.

De reojo miro la multitud… nada, el que comía, comía, y que veía, miraba todo sin alterársele un músculo del rostro.

Es más, hasta escucho que qué bien lo había hecho, que eso era pensar con la cabeza.

Sorprendido, tornó a salirse nuevamente del guión: en lugar de llegar como caballeroso galán de la muchacha, sin mediar razón la golpeó brutalmente.

Miró al público: los ojos brillantes, felices, de machos y hembras, opinaban que así era como se debía tratar a las mujeres.

Totalmente enojado y sintiéndose incomprendido por una sociedad cinematográfica, según él, en crisis, heroico detective decidió dejar todo por la paz y de paso darles una lección a los inconscientes espectadores de ese día y renunció a su papel. Sólo que, al ir saliendo de la pantalla rumbo a la puerta de salida, no vean ustedes el susto que les puso a los cinéfilos, quienes esa noche pensaban ver una película diferente.

EL OJILLO DE LUZ

El escritor tranquilamente tecleaba en su lap top: el cuarto oscuro relampagueaba cuando notó que un ojillo de luz que comunicaba al departamento vecino, lo distraía. Se acercó y vio a un escritor –que como él- en su lap top tecleaba ideas e imágenes. Tomó un trozo de papel y tapó el hoyito.

Nunca supo que el vecino a su vez tenía su hoyo de luz en donde vio que el vecino escritor tecleaba su lap top. Tapó el hoyito con un chicle y el vecino a su vez, igual.

…Y nadie supo de la existencia de uno o de otro… como en la vida real.

ARTE NATURAL

Este artista –rememorando a Marcel Deschamps en una arandela de aluminio encendió un cirio, que al irse derritiendo fue formando figuras diversas a los que el artista con color daba vida. Esto lo hizo la naturaleza, decía ufano.

Cierto día se olvidó del cirio, quién se deshizo hasta formar una capa plana en la mesa. El artista ni tardo ni perezoso lo pintó de azul y la arandela con el pabilo sobrante fue la nave con su velita que bogaba en ese laguito.

ALGODÓN DE AZÚCAR

Era un domingo bañado de sol: la alameda con su verde pasto donde nadaba un globo, un tiovivo con caballitos de madera daba vueltas, con niños y adultos sonrientes a los que se les veía el jubiloso vivir ayer.

-Y así, en medio del parque, barquilleros, un mimo actuando y un puesto de algodón de azúcar, que, aunque no alimentaba; alimentaba la ilusión.

Un airecillo hizo que del cilindro de algodón se escaparan unas hebras pensantes formaran corazones, nubecitas y letras.

En la noche ya nadie vio que las hebras se anudaban y en la madrugada formaban palabras como las que ahora termino: amor y paz.

LA MESA QUE CANTÓ

Amante de la música popular, Ernesto Midorre, le buscaba música a todo objeto: acompañaba con las cucharas golpeando sartenes, les ponía a 4 botellas, agua en cantidades que formaban sonidos y con un palito tocaba ciertas canciones.

Hasta que un afortunado día, acompañando a un amigo a una casa de antigüedades, su dedo pulgar talló una mesa tan pulida que reflejaba su rostro: deslizó el dedo y se oyó un chirrido agradable, siguió con el clásico sonido del frotar ¡Midorre ahora ensayó con toda la mano: eran tan variados los tonos que ensayó una canción: so-la-mente-una-vez.

y la canción salió clara, entendible…

-¡Quién encontró el sillón Luis XV ¡ Gritó el dueño que le mostraba a su amigo una victrola de 1920.

-¡Nadie jefe!

Ernesto vio que había descubierto otra manera de hacer música. Se unió al dueto que alegaba el precio de la victrola.

No se pusieron de acuerdo y Ernesto, obseso ya por la mesa optó por preguntar por un radio Trans Oceanic para destantear al enemigo.

-Es una joya- le dijo él. Se lo dejó en 3000 pesotes.

Ernesto siguió preguntando: ¿Y ese espejo?

¿Y esa..? Y así llegó a la mesa.

-¿Y esa mesita?

-Mire con ganas con ganas $350… a veces ahí hace la tarea mi hija.

-Bueno si, está bien.

Y así Ernesto, en su casa interpretaba melodías entendibles captables. Sus dedos se movían con arte y emoción. Fue aprendiendo a frotar con energía y así nomás acariciando la madera.

Cuando estuvo listo, -acompañado por un percusionista y un guitarrista- se presentó en público.

Y entonces al despertar, Ernesto fue a su vieja mesa y sólo pudo tocar raspar sonidos ininteligibles.

Como tenía sueño regresó a la cama.

LA MANCHA

En un descuido, al escritor se le cayó la botellita de tinta china y en el blanquísimo papel bond se formó una figura indefinible.

-Ni modo. Se dijo y fue a acostarse.

Caminando la noche, la mancha todavía fresca mudaba en el papel; se movía inquieta buscando su lugar. Se estiraba de aquí para allá hasta que hallándose cómoda se acomodó en el blanco colchón del papel y durmió.

La levantarse, el escritor pintor vio que la mancha era otra… ¿Será? Se interrogó y se prometió bajarles a los tragos de tequila que se zampaba todas las tardes.