RECUPERAR AL ESCRITOR

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Leer el libro titulado Francisco Zarco / Escritos literarios publicado en la colección “Sepan cuantos…” de la editorial Porrúa y, preparado por el escritor siempre recordado René Avilés Fabila, quien dice en el prólogo: Y se explica. Como escritor, Zarco casi nunca se refirió a su vida privada; guardó para sí su intimidad, entendiendo que el escritor público no tiene por qué ocuparse de su propia vida. En este aspecto, su discreción raya en lo más sublime del decoro personal; sin embargo, cuanto habrían ganado sus lectores y la historia misma, si al estilo, por ejemplo, de Guillermo Prieto, hubiese querido narrar sus andanzas, sus peripecias… Del Zarco íntimo no se sabe siquiera si tuvo hermanos, pues quien lo afirma, ignora sus nombres. Destaca, en cambio, el hombre público, el diputado, el periodista, el ministro, el patriota. Y pues por gracia de este libro surge ahora el literato —lo que implica un paso más en la búsqueda del hombre íntimo—, ojalá que pronto aparezca en México un biógrafo que pueda reconstruir la vida íntegra de aquel grande hombre. Francisco Zarco pertenece a ese tipo de ser humanos de múltiples cualidades. De fortalezas que en cada una le dan grandeza y humanismo. René Avilés Fabila escribe: En su breve etapa de escritor literario, la que a duras penas abarca siete años (de 1849 a 1855), Zarco distribuyó sus fuerzas en tres campos de acción, ya que además de escribir sus obras de literatura, tradujo muchas otras del francés, del inglés o del italiano, idioma que también le era conocido, y tomó parte activa en la política, primero escribiendo en El Demócrata con el fin de propiciar la candidatura a la presidencia del país a Luis de la Rosa, y luego en Las Cosquillas, en franca lucha contra el presidente electo, don Mariano Arista

El México bárbaro que ya había conocido en su tragedia el cubano mexicano José María Heredia y Heredia, quien no comprendía el porqué el país se debatía en tantos cambios de gobernantes, fuera en el estado de México, fuera a nivel nacional. Pues esas dos batallas las vivió en las décadas del veinte y treinta el poeta de Santiago de Cuba en nuestra patria. Francisco Zarco vive esta aventura con resultados exitosos —a diferencia del cubano—, pues logra ver la victoria de la Revolución de Ayutla, el logro de la Constitución de 1857 y la victoria en contra del imperio francés. Escritor río, dice Avilés Fabila: Es de asombrar, por consiguiente, que en tan breve lapso de tiempo, Zarco haya escrito mucho más de un centenar de trabajos literarios que merecen conservarse no ya en las volanderas hojas de los periódicos y de las revistas, sino en las páginas de libros concebidos para tenerlos siempre al alcance de la mano”.

Y es cierto esto. Pues en la idea de comprender lo que sucede con el periodista que además es literato en el sentido de sus textos en prosa, poesía, ensayo, cuento o relato y novela. Los géneros se entrecruzan, con mucha mayor razón en las páginas de los periódicos, donde los reportajes de Gabriel García Márquez son expresión acabada, de un escritor que ha nacido para ser premio Nobel de Literatura. La lectura de textos para periódicos o revistas de Zarco, son expresiones de profunda sabiduría, cada texto, es un dechado de reflexiones que al lector le ayudan a meditar y comprender sobre temas precisos. Hay en Zarco profundidad psicológica y desciframiento del tema desde un punto de vista moderno. Es su lenguaje el proyecto de un lenguaje popular, que ha de recuperar con gran fortuna el poeta nacional Ramón López Velarde. Cito sus textos sobre Los caracteres con el subtema Los retratos que aparece en la Ilustración Nacional: Si yo fuera pintor, no haría retratos. Diréis que ese trabajo no lo han desdeñado ni los más grandes maestros. Decid lo que queráis. Yo tengo, sin embargo, mis razones, y me fundo en la observación de los caprichos y de las exigencias de nuestra época, que tiende a oprimir al arte, a esclavizar el genio que desconoce la belleza artística y quiere creaciones monstruosas con tan que tengan un sello de novedad. ¡Ay del pintor que se deja imponer el yugo de los que se retratan! Ha de saber rejuvenecer a las viejas, ha de embellecer las más estúpidas fisonomías, ha de pintar tontos en la actitud menos natural, ha de prescindir de la belleza del colorido y del dibujo, para producir siempre colorados mofletes y frentes relumbrosas

Dura crítica en aquellos años de principios de los cincuenta, cuando la violencia se veía venir y don Benito Juárez se encontraba o en el exilio o perseguido por todos aquellos que no le han de perdonar su lucha contra el alto clero, ni tampoco, el que los militares fueran dueños de este país que luchaba por hacerse una patria de normas y civilidad, y no asunto de ideologías religiosas que adoraban al becerro de oro antes que al buen Dios. Duro y sabio en sus escritos, siempre poniendo la parte que le distingue: su fe en el comportamiento ético, la esperanza de tener y buscar al ser humano que fuera ideal de perfección, y no la monstruosa muestra de lo que veía en los pocos años que vivió. Porque del pantano que fue el México Bárbaro en el siglo decimonónico, no nos cansaremos de estudiarlo en la historia hecha de verdad, para comprender el por qué nacieron gigantes de tal envergadura en las personas de los liberales; donde lo mismo destacan militares admirables: Ignacio Zaragoza, o científicos e intelectuales como Melchor Ocampo; sabios como Ignacio Ramírez El Nigromante y hermanos admirables en Sebastián y Miguel Lerdo de Tejada. Siempre ético, en su periodismo irreconciliable con la cobardía, la corrupción, la deshonestidad, la deslealtad. Es maestro así, para muchos que después vendrán. Da ejemplo de comportamiento ético, un comportamiento que se expresa en el siguiente siglo durante la revolución de 1910, cuando el periodista,  por sus columnas, Ramón López Velarde escribe de aquellos que enemigos de Francisco I. Madero, ahora ante su victoria, de pronto se han vuelto maderistas, cuando existen suficientes pruebas de odio hacia el mártir de la No reelección. Por eso escribe en dicho artículo Francisco Zarco: De lo contrario, las gentes que creen que la inteligencia reside en cofres llenos de oro, y que piensan que la riqueza reviste de autoridad para juzgar en todas materias, proclamarán estúpido al artista, y no lo creerán capaz de pintar ni un abanico. Dura crítica al ‘artista’ que se vende, que vende su arte, ante el falso personaje que desea que haga lo que él paga, y ponga el arte a su servicio, denigrándolo. Un adelanto a lo que ha de suceder con el realismo socialista que obligó groseramente y violentamente a tantos pintores, escultores, escritores o músicos a realizar un ‘arte’ proletario que hiciera del overol su traje para toda situación escénica, tanto en el cuadro de caballete como en el mural. Los artículos o pequeños ensayos que escribe Zarco son una muestra de que estudiaba la vida del hombre y la mujer, pero también, como ya lo vimos, era capaz de seguir los pasos de la naturaleza con el detenimiento del mejor científico.

Escribe: No exageremos. Esta es la suerte del pintor. Ya no hay templos que decorar; los inteligentes sólo gustan de cuadros viejos. Pero lo dicho, dicho, si yo fuera pintor, no haría retratos. El retratado es para el pintor el más despótico de los editores; los parientes ejercen la previa censura, los conocidos son peor mil veces que un fiscal de imprenta…  Revisar el libro es magnífica oportunidad de comprender que con tan pocos años de vida —a inicios de los cincuenta del siglo XIX sólo contaba con 21 años—, sus letras tenían una madurez que le daba el ser unos de los lectores más reconocidos del México liberal. Las palabras de Guillermo Prieto dichas en el homenaje del 13 de abril de 1874 en el Liceo Hidalgo terminan así: encorvado sobre su mesa en su humilde asiento de periodista. Las palabras de Felipe Sánchez Solís y de Prieto, están en la historia de las letras nacionales, para recordar a quien fuera lo mismo ejemplar periodista, literato y patriota inolvidable. Lo mismo un liberal que dejó atrás a su familia porque la patria es primero