El carrito del súper
Lunes por la noche, últimamente me ha dado por ir al supermercado a esta hora, ya que he notado, es cuando menos gente hay. Será que ya me estoy haciendo viejo, ya casi no me gusta tener contacto con la gente; me engento, como decían los mayores. Pensar en esa palabra me provoca un poco de risa y esbozo una ligera sonrisa en mi rostro. Paseando por los pasillos, sin prisa ni nada, pues ya terminé mi horario laboral, vengo saliendo del gimnasio y de repente me pongo a pensar… como que los pasillos del súper son terapéuticos, recorrerlos hace que mi mente se vaya a pensar muchas y muy variadas cosas, muchas de ellas, sin sentido, pero otras, al parecer no.
¡Qué caro está el papel higiénico! ¿qué no se supone que es simple papel? Papel para limpiarse… bueno ya saben. Creo que habrá que restructurar esa mentada frase que la mayoría de personas usan, cuando se enojan, al referirse a una determinada cosa u objeto diciendo que lo usan como papel de baño. Yo me pregunto, toda esa gente ¿se habrá dado una vuelta por el supermercado últimamente? Se asombrarían del precio que ha alcanzado ese simple artículo de aseo personal.
Casi no hay nadie, eso me relaja. Una persona por aquí, otra más adelante. Varios pasillos vacíos. ¿Sólo una caja abierta? Pensé que por lo menos habrían dos, pero es que somos tan pocos. Enfrente de mi está un señor de la tercera edad, ¿qué hace aquí, solo?, debería estar acompañado por alguien, volteo a mi alrededor, no hay nadie más. En fin, me tocará esperar a que lo atiendan. Casi no lleva cosas, así que mi espera será corta.
¡Tres mil pesos!
Al parecer no logro esconder mi asombro, ya que la cajera me mira de reojo. Pero es que no es cosa menor. Tres mil pesos por lo poco que ha comprado ese señor. No puedo creerlo ¿cuánto será de lo mío, entonces? A simple vista mi carrito está más lleno que el que me precede.
Mientras el adulto mayor hurga en sus bolsillos, tratando de encontrar su cartera, mi mente se va de nuevo a pensar…
¿Tengo planeado morir hoy?
¿Mañana?
Bueno, todos vamos a morir, ¿no? Esa es una certeza, quizá la única certeza en este mundo tan subjetivo. Y además de que todos estamos participando en la Rifa del Tigre. Nadie se lo quiere ganar.
Pero todos tenemos la posibilidad de quedarnos incapacitados para continuar nuestra vida laboral.
Lo que ahora gano, ¿me alcanzará para mis gastos cuando llegue a esa edad?
Bueno, tengo mi AFORE, aunque no sé ni lo que significa, y creo más o menos saber cómo funciona:
Dice un amigo que al momento de nuestro retiro recibiremos el treinta por ciento de nuestro último sueldo. Chin, si yo gano diez mil, eso significa que el treinta por ciento son… ¡Tres mil pesos!
¡¿Para qué me van a alcanzar tres mil pesos?! Al parecer, básicamente para hacer el súper del mes y nada más.
¡Me lleva! ¿Qué pasaría si hoy tuvieran el diez por ciento de todo lo que he ganado en toda mi vida laboral? Si comencé a trabajar a los veintitrés años y hoy tengo veintiocho años, llevo cinco trabajando, si gano trece al mes, por doce meses, por cinco años, son setecientos ochenta mil pesos.
¡Por mis manos han pasado casi un millón de pesos! y ¿Cuánto tengo? ¡Nada! Si hubiera ahorrado el diez por ciento tendría setenta y ocho mil; y a un interés compuesto serían casi cien mil pesos.
¿Joven se encuentra bien? Escucho la voz de la cajera que interrumpe mis pensamientos. Sí, le respondo.
Pues por favor coloque sus artículos en la banda para que pueda cobrarle.
Procedo a hacer lo que me dice, mirando con temor y asombro cómo va aumentando la cuenta… cada sonido que hace la máquina registradora es como punzadas en mi pecho… no quiero saber a cuánto haciende la cantidad final. Una cosa es segura, serán más de tres mil pesos.

