Perseverancia en el amor. Capítulo IV.

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Viene del capítulo III. Aquí lo puedes ver.

https://poderedomex.com/amantes-en-la-distancia/

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Ella, las llamas de mi hoguera.

Hay momentos en la vida (afortunadamente) en los que, a través del tupido bosque de los pensamientos, se abren paso los positivos, a pesar de la maraña de ramas que se lo impiden (algunas muertas, otras débiles o dañadas, y otras más, las chupones, parásitos que le restan fuerzas a las ramas buenas), por eso, es obligatorio hacer una buena poda para que los pensamientos positivos crezcan con esplendor y fuerzas. 

Al hilo de lo anterior: algo que me gustaría escribir con cierta coherencia, pero que, o no me atrevo, o quizás no sepa cómo hacerlo. O, cómo ocurre cuando el conocimiento es escaso y echamos mano a la imaginación, sin el control de la honestidad necesaria.

Pues en uno de esos momentos de incertidumbre estaba, en singular; no soy tan mezquino, como para compartir responsabilidades con mi gato. El pobre no tiene culpa de los caprichos del destino. Y hablando del destino, ese de Los amantes en la distancia, me pregunta, con la curiosidad que lleva en su ADN, qué dónde andarán. Le dije que no se apure, que ya le contaré. De momento le apunté que siguen paseando, agarrados del corazón, besándose con las miradas y haciendo el amor a la luz de la luna.

Resulta que, cansado de vuelos de idas y vueltas, presiento que el tiempo dirá; sé que él es el juez supremo que dicta sentencia. Tenía tejados y maullidos, y el sentido alerta de las ocurrencias, pero, ¿quién sabe si mi gato es la llave que me abre las ventanas de la imaginación? ¿Quién me puede asegurar que no sea él el que me abre las puertas a otra dimensión, teniendo en cuenta de que yo solo fuera una herramienta de la que se vale para demostrar que, en el fondo, no somos más que marionetas en manos de un destino que siempre, en la obviedad del presente, anda oculto?

Escribir con el corazón, enfatizar que, aquellos buenos pensamientos que se convierten en palabras escritas, no es algo vulgar, sino la esencia de un sentir. Y nunca plasmar un sentimiento con el objetivo de agradar, o contentar, a las corrientes de moda, esas que “se inventan” las editoriales fantasmas para ganar dinero. Convertir un sentimiento en algo parecido a un plato de lentejas, es una forma más de prostituir esa esencia. 

Así que, para nosotros, para mi alma de gato que busca de noche la luna y mi corazón que, a duras penas, se alimenta de la decencia, algo tenemos en común: aquellas recetas donde prima la honestidad (buenos ingredientes sin adulterar aplicando tres premisas: cocinar con valor, paciencia e imaginación), desechando las mezclas de las tendencias y los modismos, lo que desvirtúa la integridad y nos alejan de la honradez. Sabemos, además, que no habrá buenos guisos sin la lealtad con uno mismo, aunque ese saber no nos salve del hambre que nos persigue.

Y, aun sabiendo que no somos más que escoria para las farsantes editoriales fantasmas (fantasmas, los presumen de lo que no son), seguimos respirando sentimientos y soñando con nuevos tiempos, donde la corrupción haya sido vencida de una forma definitiva. Pero bueno, mejor será no hablar de políticas embaucadoras y de ladrones de guante blanco. Allá cada cual con su forma de pensar. Lo que es un sinsentido es quejarse luego de haberles abierto las puertas y darles las llaves de la vida. 

Mi hermano del alma, mi compañero por los intrincados caminos de las letras. El gato exigente que siempre sabe sacar sus mejores maullidos para frenar mi absurda euforia de los sentimientos exultantes que se emocionan con los versos que cantan, pero que no profundizan. Este hermano, que tengo la gran suerte de que siga conmigo y que, ojalá, me acompañe siempre, es, además, el mediador entre el destino y yo. Su inteligencia supera mi ceguera de soñador empedernido y sabe echar mano de su lupa de gran aumento para encauzar las emociones cuando se me desbocan.

Después del título: ¿Qué parte de la humareda corresponde a la novela de mi vida? Ya se me ha ocurrido el principio, el final lo dejamos abierto. Nunca se sabe si, después de una noche de apasionado amor, cuando te dispones a preparar un café y mientras se hace, te vuelves al calor que te espera en la cama y resulta que te encuentras con que tu lugar lo ocupa el gato que te mira como diciendo: ¿¡No tienes nada mejor que hacer!? Así que, como rondando, están las ideas por los tejados de mis ocurrencias, y el principio ya lo tengo casi hirviendo, aquí lo tienes: 

El calor de la chimenea encendida me reconfortaba y me transportaba a aquel otro momento de mi vida en el que vi cómo se esfumaban mis sueños. Ha pasado mucho tiempo desde entonces, muchas noches en vela por los tejados, esperando a la luna que nunca llegaba, azoteas desde las que veía, a lo lejos, el humo de unas llamas donde se quemaban unos sueños.

Ahora, en este instante, en el que presiento es el final de algo y el principio de un nuevo sueño, miro a mi gato acurrucado a mi lado, haciéndose el dormido y, como sé que me escucha, le digo: 

Amigo mío, creo que ya va siendo hora de que podamos descansar tranquilos y dejemos aparcados, por un tiempo, los tejados, las penurias a oscuras y tantas y tantas horas de desvelos. Anda, compañero, corre las cortinas de las ventanas que está al llegar nuestra lunita clara. 

Eso le estaba diciendo, cuando, de pronto, unos golpes lo despertaron. De un salto se bajó del sofá y salió corriendo hacia la puerta. Sabía, igual que yo, quién era; su inteligencia era muy superior a la mía, pero mi olfato le ganaba al suyo; el perfume que me llegaba me decía quién llamaba. 

Lo que vino a continuación, creo que, de momento, será mejor que me lo guarde para más adelante; igual me da para encauzar la novela. Las buenas historias, (de amor), hay que alimentarlas con la leña de la leñera de los deseos, las pasiones en llamas, entregas, chimeneas y almohadas perfumadas. Relato que muy bien podría titular. El fuego no hizo más que empezar…, cuando se abrió la puerta y entró ella.

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De la novela de mi vida, la que fue engullida por Las llamas del espíritu y me dejó tan chamuscado como escaldado, conservo una copia y se titula Amantes en la distancia. Lo digo porque si alguien tuviera interés en que se la cuente, no tiene más que decírmelo, que lo hago en menos de lo que canta un gallo, o correr, si ve aparecer a mi gato, que no es que el pobre mío tenga mucha hambre, es que le encantan las plumas. 

Pero bueno, como no creo en el milagro, ya veremos qué pasa. Igual, la semana que viene me han bloqueado por pesado (nunca se sabe, hoy va todo tan extrañamente deprisa, que cuando menos te lo esperas, te ves maullando por los tejados sin una triste mirada que llevarte al corazón) Así que, con permiso de mi gato, el que ahora anda en los brazos de la mujer que por su culpa me ignora. Si se diera que me lo permitiera, aquí tendrás algo de: El fuego no hizo más que empezar…, cuando se abrió la puerta y entró ella.

Mientras, a ver si se vuelve de una vez a su rincón de maullar y me deja a solas con ella, que le pueda contar mis deseos, (dícese de sueños). Los que tal vez coincidan con los suyos (quién sabe, acaso lo imposible sea producto del miedo del que claudica antes siquiera de dar el primer paso), y traslademos el fuego de la chimenea al cuarto donde siempre me está esperando (aunque no esté) por mor de la almohada donde moran sus aromas. 

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Hasta la próxima, que tu generosidad me siga alumbrando, mientras tanto, te mando un fuerte abrazo con mis mejores deseos de paz y abundancia, sobre todo en las del amor, ese que inflama el corazón y enaltece el alma. 

Y ya sabes, por favor, si puedes, no nos faltes la semana que viene, que, por mí, no hay problema. En cierto modo ya estoy acostumbrado a las oscuridades, pero mi gato es que se desespera echándome la culpa y no hay quien lo aguante. 

Y para terminar por hoy, unas preguntas al aire.

¿Cómo llevas la novela de tu vida? ¿Bien, o necesitas parar y con calma rectificar?

¿La estás escribiendo tú, o se la has dejado a alguien para que la escriba por ti? 

Del comienzo, ya sé que no fue cosa tuya, pero del final, me temo que no te vaya a gustar si es que alguien (sin escrúpulo) te la está dictando. 

Por mi parte, tengo la suerte de tener un gato (léase conciencia), que me ayuda cuando los pasajes, por temor, se me atrancan, o tiendo a dudar de la justicia divina y la suprema verdad, que, a decir verdad, en los tiempos que corren brillan por su ausencia.

Bienaventurados los que tienen la facultad de detectar las mentiras, porque ellos podrán manejar las riendas de su vida sin la influencia de los fantasmas. Fantoches marionetas, usureros que se mueven al son del dinero. A fin de cuenta, si se piensa bien, no hace falta tanto para vivir.

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Proverbio chino. 

El trabajo del pensamiento se parece a la perforación de un pozo: El agua es turbia al principio, mas luego se clarifica  

Y mi gato, que nunca se calla, añade: La perseverancia todo lo alcanza.