MARTÍN LUIS GUZMÁN, EDITOR Y NOVELISTA

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Lectura de quienes han sido la historia del periodismo es comprender que no ha sido un camino fácil para sus practicantes. En este siglo XXI mucho menos. México es uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo y eso, es un gran lastre de civilidad para nuestra patria que ha tenido en su historia verdaderos ejemplos de vocación y ética periodística. La lectura de Martín Luis Guzmán / publicado por la LIII Legislatura en el Senado de la República en su Serie Los Senadores, en el año de 1987, refleja una de las vidas más ricas por la etapa que le tocó vivir. En la cuarta de forros se lee: ¿Martín Luis Guzmán (Chihuahua 1887-DF, 1976) el mismo año de su nacimiento fue traído por su padre a la ciudad de México, quien es nombrado instructor de caballería en el Colegio Militar. Siendo estudiante de leyes participó como redactor de El Imparcial y en 1911 formó parte del Ateneo de la Juventud. Luego de terminar la carrera de jurisprudencia, durante el régimen de madero, ocupó un puesto en Obras Públicas, al que renunció con motivo del cuartelazo de Huerta, uniéndose a los revolucionarios del Norte. De ahí en adelante, la vida de Martín Luis Guzmán correría entre el compromiso de la acción y la formulación de alternativas a partir de la creación intelectual”. 

Pocas palabras para definir una personalidad de las más ricas surgidas a fines del siglo XIX y traer al México de la revolución de 1910 no sólo la idea de las armas físicas, sino aquellas intelectuales que hicieron de esa generación la expresión más acaba de un pueblo que ya no soportaba el régimen viejo de un decrepito Porfirio Díaz que era manipulado por la parte más negativa del grupo de Los Científicos que habían hecho alianza con hacendados, alto clero y militares para seguir sosteniendo hasta su salida al dictador de los 30 años. No es extraño que el relator de la cuarta de forros del libro citado diga: Como escritor, es de sustancial importancia su obra, la que se ubica dentro de lo que se ha llamado novela de la revolución mexicana. Para el siglo XX la unión entre el narrador y el periodista, es prueba de que tal unión aporta riqueza a uno y otro, como lo vemos en múltiples hombres y mujeres dedicados a las letras y al periodismo con igual pasión. Dos citas me llaman la atención, en primer lugar, la del escritor Ermilo Abreu Gómez, cuyo ensayo titulado Martín Luis Guzmán: la evolución de su prosa, en el cual dice: En este nuevo arte aparece, torpe o lúcida, la vida nacional. Marcó no sólo el rumbo sino también el panorama de los hechos capaces de ser contemplados por quienes los habían creado. Se dejó de lado, de manera temporal, el aire sonrosado y las pelucas que se habían importado. Ahora se hacía presente el olor de la tierra de nuestras huertas y se puso atención a nuestras canciones. Adquirió dignidad el barro que habíamos arrinconado en la cocina de las abuelas. Nuestros campesinos mostraron su idioma y su espíritu de dolor y gracia. Así aparecieron nuevos paisajes y nuevas formas de expresión. La lengua hablada cobró, como en los tiempos de Lizardi, de Cuéllar y de Ángel del Campo, un nuevo valor estético

Estas palabras nos recuerdan en el arte visual al Dr. Atl, y en las letras al heredero de estas voces, circunstancias culturales y paisaje del mexicanismo más puro: a Ramón López Velarde, del que no olvidemos que con su nombre y bajo seudónimo estuvo publicando en la región donde nación, es decir desde Jerez, Zacatecas, Aguascalientes y San Luis Potosí, región de la cual el hereda esa cultura que le hará ser la voz más pura en poesía para ser designado con justicia el Poeta de la Patria. No así Alfonso Reyes, ni Octavio Paz o Jaime Sabines, no así Carlos Pellicer, José Gorostiza o Xavier Villaurrutia. Esa cultura es la que forma a Martín Luis Guzmán, por eso dice Ermilo Abreu Gómez: Por lo que respecta a la novela, en la cual está inserta la figura de Martín Luis Guzmán, el problema resulta menos difícil para el largo proceso del género en nuestras letras nacionales, a partir de Lizardi. Este género es casi nuestro y ha sido eje, para su cultivo, en el ancho predio de Hispanoamérica. Su nacimiento y su desarrollo son producto de los hechos objetivos que contempla, vive y también interpreta

Son palabras de un literato por otro literato. Pero no debemos de desdoblar la personalidad del aludido, sin pensar que como en pocos la simbiosis narrador-periodista se dieron de manera natural y hermosa por su realización material y espiritual. Dice Abreu Gómez: la condición política de su autor explica, desde su raíz, los veneros de su origen, el sentido y el alcance de sus temas. Sin su conocimiento de estos antecedentes no podría explicarse ni su contenido ni, bien a bien, su cabal forma. Martín Luis Guzmán es un caso de tanto relieve que asombra. Palabras que definen a otro de los escritores narrador-periodista más relevante de nuestra historia independiente en doscientos años de la misma. El ensayo de Ermilo dice todo sobre el novelista y periodista: En efecto, la prosa de Martín Luis Guzmán se sitúa en el marco estético de su época. Hay en su prosa una solidez, un acierto, un dominio de la forma que convierten su caso, en caso único en nuestras letras. Pero su prosa, al mismo tiempo, revela la índole de su genio, docto en el dominio de un arte en que se pierden las características de toda moda, de toda presión de escuela. Su prosa resulta así el ejemplo que más quería Antonio Machado: la que siendo lo que es resulta, de tan libre y cabal, plenamente atemporal. Por eso la prosa de Martín Luis Guzmán —como cualquier escritor, aún en la escala más alta— tiene principio, madurez y plenitud. Este proceso va de La querella de México y A orillas del Hudson, pasa por la Sombra del caudillo y El águila y la serpiente, llega a las Memorias de Pancho Villa y concluye con Muertes históricas. 

Sólo unos cuantos nombres que convierten al periodista, participante de las revolución y postrevolución en actor principal, del narrador y periodista en un ser emblemático del tipo de seres humanos que vivieron el siglo XX a plenitud, desde antes de la Revolución de 1910 hasta el fin de la etapa desarrollista que terminó a principios de la década de los sesenta en nuestra patria. Extensa y profundas son las palabras de Ermilo Abreu Gómez. Las siguientes pertenecen a un político y politólogo ejemplar: Enrique González Pedrero, quien siendo senador de la República el 18 de septiembre de 1970 hace una Apología del periodista, narrador y también Senador. Dice el politólogo: Martín Luis Guzmán ha sido actor y afortunado testigo de la vida de la República, antes y durante el movimiento armado y, en forma permanente, de la Revolución Mexicana, dentro y fuera del país. La presencia de Martín Luis Guzmán en este senado de la República, en la séptima década del siglo que se inició con la impronta de una generación audazmente renovadora, decidida a transformar al país, debe ser interpretada como la presencia simbólica de toda aquella generación y confirma la vigencia del espíritu que encarnaron en 1010 los jóvenes intelectuales del Ateneo

Los ataques del panismo más derechista en contra de su acercamiento al gobierno de la República Española en aquellos años aciagos que han de llevar a la guerra civil de 1936 a 1939, plantea de su deseo de nacionalizarse español. Mientras que seguro no así, dijeron nada, cuando el gobierno Franquista, entregó a nuestro compositor Agustín Lara, los documentos que le daban la nacionalidad por sus temas dedicados a España. El panismo decía: No puede ser Senador de la República, si ha recibido por parte de un gobierno republicano y civil      —que el nazifascismo tumbó de manera sangrienta—. La lectura de textos sobre la personalidad del periodista y narrador ejemplar que es Martín Luis Guzmán cuenta con las letras del gran poeta José Emilio Pacheco, el título: Martín Luis Guzmán, 1887-1976 / El miércoles 22 de diciembre de un año que se llevó también a Daniel Cosío Villegas y a José Revueltas, Martín Luis Guzmán murió a solas en su mesa de trabajo. Era el decano de las letras mexicanas e hispánicas. Nunca quiso ejercer su patriarcado ni rendirse a la decadencia de la edad, una edad que sólo Payno, Prieto, Balbino Dávalos alcanzaron entre nosotros, pero nadie con la lucidez y el vigor de Guzmán. Los grandes se unen, no hay duda.