HUACHICOL: Derrame entubado y economía herida
«Si la corrupción es el aceite del sistema… el huachicol es la fuga que nunca cierran.»
Tomado de Facebook
LOS FANTÁSTICOS 80,000 BARRILES: Una mentira más, con fondo y forma dramáticos. El “huachicol” es el robo, extracción ilegal, distribución y venta de combustibles (gasolina, diésel o gas LP), principalmente de ductos de PEMEX. Abarca tanto el saqueo físico (perforación de ductos) como el desvío desde terminales y refinerías con complicidad interna.
El 27 de diciembre de 2018, en tono burlón, el recién asumido presidente de la república (mexicana), Andrés M. López O. declaró una supuesta pero impactantemente mediática guerra contra el huachicoleo, “Se robaban más de 800 pipas diarias, ¡diarias! De 15,000 litros cada una. Eso da un equivalente a unos 80 mil barriles diarios”, expresó, sin comprobar la fuente sobre el dato de los 80,000 barriles.
En 2019, AMLO dijo: “Ya no hay huachicol”. Aplausos, retuit (X) y mañaneras con gráficos de colores. Pero en 2023 y 2024, el huachicol volvió a sus andadas, o mejor dicho, volvió a ser noticia algo que nunca se fue, que nunca disminuyó. Lo que se presentó como victoria fue, en realidad, un empate con sabor a derrota.
La narrativa política se impuso al dato duro. Mientras tanto, los ductos volvieron a sangrar, los criminales a bombear… y nosotros a pagar la cuenta con más impuestos, inflación y gasolina que llega… cuando quiere. ¿Recuerdan la escasez de gasolina en los primeros meses de 2019 achacadas al cierre de los ductos huachicoleros, pero que en realidad fue provocada por la ineficiencia para operar las refinerías existentes y para importar?
En México, aproximadamente el 62% de la gasolina que se consume se importa. Este porcentaje ha sido mencionado en diversas fuentes como Movimiento Ciudadano, que indica que México importa gasolina de al menos 8 países (dato duro).
Hay pocas cosas más mexicanas que una buena salsa, una buena excusa… y un buen ducto pinchado. El huachicol no es solo robo: es una industria paralela, una tradición ilegal, una fuga económica con más litros que la lluvia en Tabasco.
En realidad, nunca se robaron 80 mil barriles diarios, nunca disminuyó la cantidad y el manejo populachero de las mañaneras dio por sentado que las cifras eran correctas. Nada de eso.
CIFRAS QUE ARDEN (COMO DUCTO EN TLAHUELILPAN): Veamos los números, que no mienten, aunque a veces sangran. En 2018, se estimaban 56,000 barriles robados al día; AMLO declaró en su mañanera que eran “hasta 80 mil” … aunque nadie ha encontrado el Excel con esa cifra; En 2023, el huachicol volvió con fuerza: 4,700 barriles diarios robados, casi una refinería móvil. Pero el fenómeno “ya no existía” desde 2019 (Ups… alguien mintió)
En pérdidas económicas, tenemos, según cifras oficiales, más de 75 mil millones de pesos perdidos solo por robo físico durante el sexenio de AMLO y, de acuerdo a datos corroborados por el diario El País, más de 9 mil millones de dólares anuales en huachicol fiscal, importación disfrazada. Es como meter tequila a una boda en botella de Bonafont, sin pagar descorche.
Además de la cadena de delincuencia que implica este sucio negocio, el huachicol afecta todo. Y no, no es exageración, Cuando hay escasez (como en enero de 2019), los precios suben, los nervios arden y los tanques vacíos presagian revolución. Además, El traslado por pipas cuesta más que el ducto, y esos costos se trasladan a tortillas, jitomates y Uber.
Lo más grave, cada litro robado es un peso menos para hospitales, carreteras o para pagarle al que barre la oficina del SAT. Analistas serios señalan que hasta 0.5 puntos del PIB se pierden cada año por el huachicoleo directo e indirecto. O sea, nos sale más caro que una consulta popular inútil.
A pesar de que la cifra de 80 mil barriles diarios nunca se comprobó (pregunten a la Auditoría Superior de la Federación), en 2019 se logró una reducción, no una extinción, a unos 6 mil barriles por día. Pero luego vino la resaca… y la cifra volvió a subir.
La frase “ya no hay huachicol” pasó de slogan triunfal a chiste de cantina. Como decir que ya no hay corrupción en aduanas o que el INAI es innecesario.
Ana Lilia Pérez es posiblemente la autora más documentada y reconocida en el tema. Sus libros han sido base para análisis académicos y reportajes internacionales. En sus obras «Pemex RIP. Vida y asesinato de la principal empresa mexicana» (2017) y “El Cártel Negro» (2019) hace planteamientos serios, estructurados y documentados sobre la corrupción, el crimen organizado y Pemex. Señala cómo el robo de combustibles está profundamente ligado a redes político-empresariales y criminales dentro y fuera del Estado. Nadie ha propuesto, por ejemplo, Invertir en alternativas económicas en zonas huachicoleras, para que el único líquido que se transporte sea mezcal legal.
El huachicol es más que robo: es un símbolo de la debilidad del Estado, de la fuerza y del crecimiento del crimen organizado… y de la desorganización institucional. Combatirlo es clave para frenar la inflación, recuperar ingresos fiscales y dejar de quitarle litros… al desarrollo.
Lo que sí es seguro es que, si seguimos así, no solo se nos va el combustible… se nos va el país. La semana pasada se decomisaron trenes completos con 4 millones de galones de huachicol, ¡trenes completos! La noticia se diluyó (¿la diluyeron?) porque “México ganó la Copa de Oro de futbol y eso nos hace más ricos” … seguramente.
DE FONDO:
El huachicol no es una anécdota, es una falla estructural del Estado mexicano. Mientras haya zonas controladas por el crimen, impunidad en Pemex, mano larga en Aduanas, y gobiernos que combaten más con conferencias que con controles reales, el robo de combustible seguirá fluyendo. No se trata solo de cerrar ductos, sino de cerrar complicidades.
El daño económico es brutal: entre pérdidas fiscales, evasión, subsidios ocultos y violencia, el huachicol le cuesta a México más de 1 punto porcentual del PIB. Es decir, robamos más de lo que crecemos. Eso sí es economía circular… pero delictiva.
DE FORMA:
Las afirmaciones de AMLO sobre el fin del huachicol fueron optimistas y políticamente efectivas, pero no reflejan la realidad actual, donde el fenómeno sigue presente y adaptado a nuevas condiciones. Aunque el volumen robado fue aparentemente menor que en los sexenios anteriores, el problema persiste, especialmente en ciertas regiones y con nuevas formas de operación.
DEFORME:
La situación no es menor, Desvía recursos de programas ingentes y deteriora la economía nacional. Mientras Pemex redacta un oficio, el huachicolero ya llenó tres pipas, cobró y se fue de vacaciones a Cancún… en avión privado., hay huachicoleros con logos más bonitos que los del ISSSTE y tal parece que le rezan al Santo Niño del Huachi… milagro líquido nacional.

