Breve esbozo del pensamiento rizomático

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Micro potencias desorganizan el cuerpo y eso me da vitalidad 

– G. Deleuze 

Si por algo se destacaron Deleuze y Guattari, fue por, en plena segunda mitad del S.XX, no vacilar en dinamitar los cimientos más arraigados del psicoanálisis freudiano, tratando, con esto, de homenajear a lo que consideraban, era una de las mayores hazañas intelectuales de la historia. Toda su agresividad contra Freud, toda esa declaración de guerra que esbozan contra él, en el fondo es admiración pura por el complejo de tensión. 

Y es que, en un tono muy distinto al del vienés, las pulsiones de las que este hablaba no nos hacen neuróticos, sino que producen en nosotros esquizofrenia cultural: ya no solo somos sujetos en busca de aprobación del ego gracias a la influencia del superyó como una consecuencia de nuestra cultura, centrada en premiar la opresión de nuestra dimensión estética y vivencial por obra de nuestro trasfondo, sino que el estado actual de este trasfondo ha homogeneizado nuestra vida psíquica y nuestra corporalidad hasta ser máquinas deseantes, que es algo muy distinto. Así, ambos dicen literalmente en su texto:

Las máquinas deseantes nos forman un organismo; pero en el seno de esta producción, en su producción misma, el cuerpo sufre por ser organizado de este modo, por no tener otra organización, o por no tener ninguna organización. (…) El cuerpo lleno sin órganos es lo improductivo, lo estéril, lo engendrado, lo inconsumible. (…) Las máquinas deseantes no funcionan más que estropedas, estropeándose sin cesar.(pag. 17). 

Deleuze y Guattari, pues, no están en contra de aceptar a las pulsiones del inconsciente con todo su poder sobre nuestras estructuras cognoscitivas, que finalmente es una tesis principal del freudismo, sino que, su crítica apunta a que la causa o el origen de las pulsiones que son nocivas para el sujeto no es la carencia que vertebra todo el psicoanálisis en su forma clásica, sino la noción de producción. La sociedad y las mismas estructuras psíquicas desde las que estamos acostumbrados a entendernos son en sí mismas productivas para ellos dos. Todo nuestro cuerpo está organizado de tal manera para el psicoanálisis y la psicología tradicional, que cada parte tiene que dar productos que se esperan de ellos, que se desean. Por lo que, cuando esto no sucede, comienzan las neurosis por no poder producir los resultados naturales del cuerpo con órganos.

No se trata, en suma, de clasificar al individuo neurótico como neurótico sin más desde la visión de Deleuze y Guattari, eso tengamoslo claro. Sino en abrir los aparatos psíquico-teóricos desde los que estamos acostumbrados a pensar, esto es perversión, normal, patológico, sano, enfermo para que los flujos desordenados que caracterizan a nuestro discurrir mental se mantengan así: desordenados, porque esta es la única manera en la que pueden convivir de manera cómoda, sin estar condenados a terminar siendo “máquinas de deseo”. Tenemos que perder, pues, nuestra fijación por erguido y estructurado del tronco del árbol y empezar a considerar que nuestro pensamiento también es una raíz, un rizoma, un lugar de conexiones desordenadas cuya característica principal es no tener centro.