A DIFERENCIA DE LA CANCIÓN, DANIEL ROCHA HACE QUE EL RELOJ, SÍ MARQUE LAS HORAS

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Tic, tac, tic, tac es la orquesta que acompaña cada día a Daniel Rocha, quien por más de 10 años ha seguido los pasos de su padre Ramón Rocha, relojero desde hace más de cinco décadas en la ciudad de Toluca.

En el pasillo de los relojes y joyas situado en el portal Madero en los Portales del corazón de la capital mexiquense, se encuentra el local de Daniel, el número 208, quien con pasión realiza su trabajo en menos de un minuto.

“Tengo dos tipos de pilas, la que dura alrededor de un año o la que dura dos años, ¿cuál va a querer?”, lanza la primera pregunta al cliente para asegurarse de que la calidad no siempre depende del precio, pero sí del tiempo.

Rocha comenta para Poderedomex que desde chico fue cercano al trabajo de su padre, por lo cual recalca que poco a poco le fue atrayendo la idea de arreglar los relojes, aunque asegura que no es tarea sencilla, pues anteriormente debían capacitarse tomando cursos y hoy en día, si se desea estar actualizados, se debe de asistir a una de las escuelas de relojería en la Ciudad de México.

“Debemos de estar siempre actualizándonos para conocer lo que los clientes nos piden y también el tipo de relojes que van saliendo”, detalló.

Con la mirada fija en la máquina del segundero, Daniel explica que aunque se piense que la tecnología ha sustituido varias cosas en la actualidad, asegura que no del todo en cuanto a la relojería, dado que los clientes prefieren portar un reloj análogo que uno inteligente, pues la duración no es la misma.

“Los clientes dicen que prefieren un reloj que les dé la hora todo el tiempo y sin la necesidad de cargarlos cada determinado tiempo, aunque no sean inteligentes, pero son útiles para lo que son y les evita estar sacando el celular todo el tiempo”, dijo.

Asimismo, compartió que su labor ha sido cómplice de aquellos que desean conservar memorias, pues existen clientes que arriban a su local con la intención de recuperar relojes de seres queridos que han fallecido.

“Luego unos clientes vienen con relojes que les dieron sus papás o algún ser querido y me preguntan si puedo recuperarlos, entonces hago mi trabajo y es cuando entiendo que lo que hacemos siempre valdrá la pena”, dijo.

Determinó que al pasar de los años se ha dado cuenta de que la relojería será siempre una labor requerida y que demostrarle calidad y amor a su trabajo, deben ser dos manecillas que rijan su vida cotidianamente.