Alejandra Pizarnik, el verso

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Rostro de la noche, la línea de tiempo que no existe, la inocencia perdida, la niña púrpura, la muerte, las palabras, la jaula, sombra, el vacío feroz, espejo incendiado, flores que mueren en las manos, el silencio, la lejana, la desgarradura, el lobo gris, el bosque, barco que zarpa, el otoño, el hueso, los ojos ausentes; lo anterior resume lo que es Alejandra Pizarnik. 

Hace un par de días se conmemoró el 90 aniversario del natalicio de Pizarnik; su nombre real fue Flora Alejandra Pozharnik. Ella nace en Buenos Aires, Argentina, el 29 de abril de 1936; sus padres, de origen judío, deciden cambiar sus apellidos al llegar a Argentina. Alejandra nunca se sintió parte de una ciudad. Su tartamudez y problemas de asma le causaron inseguridades y dificultad para relacionarse con otros. Tiempo después desarrolló un trastorno llamado dismorfia corporal, en el que la persona tiene una percepción distinta de su cuerpo y no lo acepta. 

Creció sintiendo la muerte demasiado cerca de ella. Desde adolescente disfrutaba leer a Proust, Joyce, Artaud, Rimbaud, Baudelaire, Rilke y los surrealistas; este dato es fundamental para entender la importancia de tener referentes a la hora de escribir. El escritor no surge de la nada; antes de tomar la pluma y escribir, hubo alguien que le sirvió de inspiración. Aunque estudió por un corto tiempo filosofía, su pasión por la escritura fue mayor; destacó en ensayo, cuento, teatro y poesía; este último es en el que más se conoce. Su primer libro se publica en 1955 (La tierra más lejana); le sigue (La última inocencia) en 1956, (Las aventuras perdidas) en 1958. 

Sin embargo, hay una pregunta incesante: ¿Por qué leer a Alejandra Pizarnik? Para la generación de Pizarnik, su poesía no fue bien recibida; los prejuicios están sobre ella, por relacionarse poco con la gente, su excesivo consumo de cigarrillos, por su orientación sexual. Sus versos pasaron desapercibidos para algunos, porque también hay que decirlo: para algunas personas pesa más en la balanza los errores cometidos que lo bueno que hayan hecho; en este sentido, el escritor no está exento de ser juzgado. 

Alejandra fue una mujer demasiado apresurada a su tiempo, que nos muestra la forma en que la mujer percibe la sexualidad sin censura. Una de las últimas surrealistas que modifica la forma de escribir poesía. Mientras en su generación están preocupados por inmortalizar lo que es en término de estética (bello), ella convierte la angustia, la tristeza en poesía; de Alejandra nace el verso, así lo hace saber en su poema Pero no hables de los jardines, no hables de la luna, no hables de la rosa, no hables del mar, habla de lo que sabes. Habla de lo que vive en tu médula y hace luces y sombras en tu mirada, habla del dolor incesante en tus huesos, habla del vértigo, habla de tu respiración, de tu desolación, de tu traición.  Este poema nos muestra a una escritora no convencional, que ve a través de la poesía un canalizador de emociones que es importante señalar si consideramos que la salud mental es igual de vital que cuidar de la salud física. La poesía es para Pizarnik la oportunidad de vaciarse, de encontrar un refugio, de no enloquecer. 

La poesía de Alejandra Pizarnik surge de todo lo que sus ojos ven, de todo lo que duele, porque es un dolor real y ella no quiere que permanezca más tiempo dentro. Creo firmemente que muy bien le haría a la gente escribir lo que siente, porque muchas de esas emociones se encuentran reprimidas y causando daños físicos en nuestro cuerpo; es una ceguera que no nos permite discernir lo correcto de lo que conviene. En cada verso, Alejandra Pizarnik invita al lector a saberse diferente, a reconocer que lo que nos rodea no siempre es justo, que no es casi obligación el amar todas las cosas que los demás aman; es decir, ser diferente al prójimo también es un lujo. 

La vida y obra de Pizarnik retrata también a los escritores de los que se rodeaba, su influencia y el impacto que las palabras positivas tienen en la vida de los seres humanos. Hay una anécdota en la que Octavio Paz presentó a Pizarnik a Julio Cortázar. Ella llegó con una carpeta llena de poemas inéditos, temblando. Cortázar los leyó ahí mismo y le dijo: Usted es poeta, Alejandra. No lo dude nunca. Ella anotó esa frase en su diario y la subrayó tres veces. Leamos poesía de mujeres, leamos algo fuera de lo común, leamos a Pizarnik, donde su tierra era siempre lejana.