Impuestos ambientales
El Estado de México, es uno de los estados más sobrepoblados del país incluso más poblado que muchos otros países del mundo, es decir, tiene una densidad poblacional bastante grande, lo cual, si bien genera industria, también genera problemas como lo es la delincuencia y el daño al medio ambiente, por lo que el Estado, debe tomar medidas de preservación a efecto de que los daños al medio ambiente no sean tan nocivos para la salud humana, así como con las demás especies, tanto de flora como de fauna, con las que tenemos que convivir.
De tal suerte, que una de las medidas de protección que puede usar el gobierno, es el uso de la política fiscal encaminada a reducir los daños medioambientales, es decir, que a través de los impuestos se evite que la población contamine. No obstante, no solamente la población humana, sino que también es necesario que las empresas se vuelvan sustentables.
Si bien, en la presente columna me he manifestado a favor de la empresa mexicana, y creo fervientemente que hay que proteger a nuestro sector empresarial mexicano, también es importante que procuremos a las empresas que son amables con el medio ambiente, y una forma de castigar a quienes causan un daño así como premiar a quienes no causan daño es través de los impuestos, de tal suerte que el Estado de México cuenta con los impuestos ambientales, cuya finalidad es establecer cargas tributarias para quienes más contaminan.
De tal suerte, que las empresa traten de evitar impuestos reduciendo la cantidad de basura, de emisiones de gases al medio ambiente, así como de la contaminación del agua, pero hasta este punto parece buena idea, sin embargo, en el Estado de México lastimosamente los impuestos ambientales no parecen funcionales por distintas razones.
Primero, dado que las cantidades a pagar son muy pequeñas para el daño que representan, por ejemplo, se paga una cantidad que ronda los 100 pesos cuando se emite una tonelada de gases al medio ambiente, o cuando se suelta un metro cubico de contaminante al Río Lerma, lo que causa que las empresas más que verlo como un impuesto cuyo fin es evitar se contamine más, lo vean como un gasto o costo que hay que cubrir para poder contaminar lo que quieran.
De tal suerte que una buena propuesta sería que dicho impuesto no se cobre de acuerdo a la cantidad de emisiones, sino de acuerdo a las ganancias o utilidades de una empresa sobre lo contaminado, es decir, que sea un porcentaje de su ganancia, pero que además sea progresivo de acuerdo a la contaminación causada quizás mediante una tarifa, de tal suerte, que de verdad los impuestos eviten la contaminación y no solamente representen un ingreso para el gobierno que permita que el problema siga.
De tal suerte que se insiste, cuidar al medio ambiente es obligación de todos, gobierno, personas y empresas.
