+Murió el empresario Arnulfo Ricardo Martínez Cárdenas; Piden Confiar las Élites Mundiales Que Defienden el Supremacismo

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La frase

La historia nunca dice adiós, lo que dice siempre es un hasta luego.

EDUARDO GALEANO

El fallecimiento de Arnulfo Ricardo Martínez Cárdenas

Integrante de la familia Martínez Cárdenas, cuyo tronco común tiene sus orígenes en Atlacomulco, el arquitecto Arnulfo Ricardo Martínez Cárdenas falleció el sábado 20 de junio y sus restos fueron velados en Mausoleo Toluca, a donde acudieron decenas de familiares y amigos.

Junto con sus hermanos Alicia, Rubén, Marco Antonio y Ramón formó un auténtico emporio hotelero en Toluca e Ixtapan de la Sal. Son dueños del hotel del Rey Ixtapan que hoy tiene otro nombre, del Hotel del Rey, de los Courtyard (Tollocan y Aeropuerto) y de la Quinta del Rey, así como también del Fiesta Inn ubicado en la calle de Allende casi esquina con Morelos y del Holiday antes Castell Plaza las Fuentes que inició el Grupo Jega.

Ricardo Arnulfo Martínez Cárdenas.

Al igual que sus hermanos, Arnulfo estudió en la escuela primaria Antonio Claret, donde fui compañero de Marco Antonio y en los últimos tiempos fue el director del desarrollo comercial Grand Plaza Toluca, del cual era propietario, en pleno centro de la ciudad de Toluca.

Durante una década o más, convivíamos cada miércoles en los Bisquets Obregón en la avenida Independenciahoy totalmente renovados, con amigos como Tito Carbajal, Ramón Arana Pozos, José Colon Morán, Monseñor Guillermo Fernández, don Ernesto Nemer Naime, Alfonso García García, Jorge Canales, Jaime Almazán Delgado, Cruz González, Jesús Barrera Legorreta, José Refugio Mondragón, su servidor y muchos más.

Fueron miércoles por la mañana de una gran convivencia, de sana alegría y de muchas anécdotas. Arnulfo siempre llegaba puntual, impecablemente vestido con un traje de tres piezas, ya que el chaleco nunca faltaba. Junto con sus hermanos desarrolló varios fraccionamientos, uno de ellos llamado San Rafael, cerca de Casa Blanca en Metepec con casas de una sola planta y hasta de cuatro recámaras con un diseño eficiente y de muy buen gusto. Descanse en paz el gran amigo Arnulfo Ricardo Martínez Cárdenas.

Grand Plaza Toluca.

Piden Confiar las Élites Mundiales Que Defienden el Supremacismo

Roberto Alviso Marqués es organizador comunitario y educador, y es quien nos alerta: las élites internacionales que defienden abiertamente el supremacismo nos piden confiar en que son capaces de construir las soluciones tecnológicas necesarias para que el planeta siga siendo habitable. Mientras tanto, sus supuestas innovaciones tecnológicas, como las centrales de datos, la electrificación de la movilidad y la nueva carrera espacial siguen ampliando las fronteras extractivas y contaminando aún más el planeta.

La disputa por la utopía es una lucha política necesaria y urgente. En su libro Ecotopías (Festina, 2025), el profesor y escritor Francisco Serratos hace una revisión de las alternativas de futuro que se difunden actualmente. Milmillonarios (billionaires, en inglés) y políticos conservadores del Norte Global nos presentan como escape a las crisis globales un tecnofuturo a través de la colonización del espacio y la digitalización de nuestras vidas.

 

Frente a este camino, el organizador comunitario y educador se pregunta: ¿cómo podemos rescatar la Utopía para lograr una visión del mundo con más igualdad y menos violencia, con consciencia ecológica y empatía multiespecie? La respuesta se aleja del sci-fi que nos presentan desde siempre y nos regresa hacia la base de la vida: la tierra que habitamos.

Y agrega: a inicios de este año tuve la oportunidad de visitar Kenia como parte del programa de maestría Erasmus Mundus de Desarrollo Territorial Sostenible de la Universidad de Padova, Italia. Durante este viaje pude comprobar cómo algunas agrupaciones campesinas en Kenia como Community Sustainable Agriculture Healthy Environmental Program (CSHEP) y Grow Biointensive Agriculture Center (GBIACK) han consolidado una red de iniciativas agroecológicas con la motivación de asegurar economías de subsistencia y fortalecer los sistemas productivos locales frente a la presión de semillas modificadas y químicos de la agroindustria. De esta forma, han difundido prácticas de agroforestería, la elaboración y uso del bokashi –abono orgánico de origen japonés– y el uso de la mosca soldado negra para compostaje y alimento para gallinas. Así se aprovechan los residuos generados en el agrosistema y se logran fijar nutrientes en la tierra que permiten que conserve su productividad.

 

Luego de esta experiencia me pregunto: ¿cómo leer esta apuesta desde el contexto mexicano? Nuestro país, como la mayoría de la región latinoamericana, ha vivido desde los 60 un proceso de descampesinización. Este ha sido empujado primero por migraciones masivas del campo a la ciudad, debido a que el desarrollo industrial nacional reemplazó productos elaborados previamente en el campo desde el ejercicio de la artesanía.

 

Ecotopías y Francisco Serratos.

Adicionalmente, la rentabilidad de la economía campesina inició una tendencia a la baja al abaratarse los alimentos, proceso que se aceleró en los años 90 con el fin del reparto agrario y la imposición del TLCAN en el 94.  Desde entonces, las y los campesinos mexicanos continuaron sufriendo los impactos por el ingreso de alimentos baratos de la producción subsidiada por Estados Unidos. Por ejemplo, en el caso del maíz, un cultivo clave para la soberanía alimentaria del país, México es un importador neto. En 1994 las importaciones representaban un 15% de la producción de maíz, mientras que para 2021 crecieron hasta el 63% de la producción. Nuestro maíz, uno de los cultivos fundacionales de la civilización en América, está en riesgo constante por la presión de las semillas modificadas promovidas por la agroindustria.

Ante el colapso ambiental que ya habitamos, requerimos un viraje urgente tanto en el discurso como en la práctica para una reconexión con la tierra y rescatar las capacidades productivas del campo mexicano. Este proceso no se sostiene con la expansión de la agroindustria en el país en la que pocos dueños operan grandes extensiones de tierra a través de procesos hipertecnificados como las plantaciones de monocultivos que se sostienen con fertilizantes y pesticidas industriales, las cuales son altamente ineficientes en términos energéticos, pues consumen altas cantidades de combustibles y electricidad. Requiere un impulso a los pequeños productores para recuperar la dignidad de la vida rural y asegurar la soberanía alimentaria del país con métodos agroecológicos que han demostrado aumentos en la resiliencia ante eventos climáticos extremos.

La utopía a la que debemos avanzar puede encontrar sus referentes en lugares poco comunes. En Kenia, pero también a lo largo de Latinoaméricalos bancos comunitarios de semillas para proteger a las variedades nativas son un símbolo de resistencia frente a nuevos espacios de apropiación del capital, como las patentes del código genético de semillas transgénicas con las que Monsanto y empresas del ramo pretenden controlar la producción de alimentos a nivel global. Estas variedades de semillas en conjunto con prácticas agroecológicas como el policultivo, el uso de fertilizantes orgánicos y la capacitación y uso eficiente del agua.

Disputemos entonces esa idea de futuroNo caigamos ante la resignación frente a este tecnofeudalismo en donde los dueños de las corporaciones tecnológicas imponen gobiernos y establecen un nuevo orden internacional que continúa con la explotación de la Tierra y toda la vida que la habitaQuién controla nuestra alimentación define gran parte de quienes somos en términos nutricionales, culturales y económicos. No nos dejemos distraer por las pantallas que se roban nuestra atención para hacer negocio. Pongamos de nuevo los pies en la tierra, ¿no le parece a usted, estimado lector?