+El “Plan Michoacán” y la verdad detrás del terrorismo, aunque no lo quieran reconocer; Tecámac contra Tecámac, el ocaso de Morena en Edomex
La frase:
Quiero sugerir que existen amplias oportunidades para la disidencia, la protesta y la inconformidad. Pero también debo decir que, el derecho a ser escuchados, no incluye automáticamente el derecho a ser tomado en serio.
HUBERT HUMPHREY
Michoacán camino a la colombianización
Vergonzosos resultados arrojan el Plan Michoacán, que, con todo y su rimbombante nombre, no aporta nada bueno para los habitantes del municipio de Uruapan –donde todo esto comenzó–, ni para el resto de la tierra purépecha que, lamentablemente, cada día está más hundida en la violencia y la disputa por el poder entre los grupos delictivos que allá imperan.
El ataque con carro bomba en la comunidad de Coahuayana, Michoacán, demuestra que a la delincuencia organizada el famoso Plan Michoacán le hace lo que el viento a Juárez, que la actuación de esos grupos armados hasta los dientes no reconoce la diferencia en la semántica de los términos entre terrorismo y delito, a pesar de lo que la autoridad federal insista en confundir los límites entre una y otra cosa.
Porque ¿qué diferencia existe entre lo sucedido el pasado fin de semana en la comunidad de Coahuayana y lo hecho por Pablo Escobar, el jefe del narco colombiano? Nada, absolutamente nada. Lo hecho por el jefe del cartel de Medellín es exactamente igual que lo sucedido en Michoacán: un vehículo automotor cargado de explosivos que se hace estallar frente a una base de la policía comunitaria de esa localidad, Coahuayana.
Entonces, ambos casos son hechos terroristas, a pesar de lo que el jefe de la policía de nuestro país haga para tratar de ocultar en las palabras con que se califica un hecho y otro. En ambos ataques hay personas que mueren por este tipo de actividades, por lo que se hace inaplazable hablar de las cosas por su nombre y actuar en consecuencia, sin miramientos, sin que le tiemble la mano al responsable policíaco de esas investigaciones.
Lo malo es que el jefe de la policía de la Cuarta Transformación cree que con no utilizar el término terrorismo, para calificar lo que lamentablemente está ocurriendo en este país, ya con eso es suficiente para controlar ese fenómeno. Pero no, señor Omar García Harfuch, para intentar resolver un problema o una enfermedad, primero es necesario reconocerla, señalarla por su nombre, y después emprender todas las acciones posibles para controlar el fenómeno.
No es ocultando los términos y mucho menos dándoles la vuelta como se va a resolver esta situación que ya se hizo escandalosa en nuestro país. Ahora bien, llámele usted como quiera: terrorismo o hecho delictivo, pero, por favor, ya haga algo concreto para revertir el control que evidentemente ya tienen los grupos de la delincuencia organizada sobre grandes territorios de este país.
Con meter la basura y el polvo debajo de la alfombra no se limpia la casa, simplemente se acumula el problema y tarde o temprano de va a estallar el cuete en las manos.
No es cuestión de semántica para resolver lo que está pasando en el país, es cuestión de actitud y de capacidades operativas, logísticas y de inteligencia como se tiene que actuar en contra de quienes están sumiendo a esta nación en la desgracia y tienen al Estado Mexicano postrado ante los terroristas o delincuentes que nos han puesto en contra de la pared, aunque usted no quiera reconocerlo.
Es hora que se haga algo, pero concreto, no es con conferencias de prensa y con nombres rebuscados para los planes operativos como se va a resolver la situación, mejor llame a las cosas por su nombre y póngase a trabajar a fondo en acciones que en realidad sean capaces de revertir lo que actualmente están viviendo los mexicanos.
Tecámac contra Tecámac, el ocaso de Morena en Edomex
Lo vivido en las últimas horas en el municipio de Tecámac, Estado de México, demuestra claramente el proceso de degradación que vive el Movimiento de Regeneración Nacional, aunque haya algunos que pretendan no ver este fenómeno que, tarde o temprano, llevará a la destrucción de ese imperio que pretendió formar y consolidar el prócer de la democracia Andrés Manuel López Obrador.
Por su usted no está enterado, déjeme comentarlo que el pasado lunes la presidenta municipal de Tecámac, Rosi Wong Romero, intentó cumplir con el mandato legal de rendir informe anual de labores. Para ello, reunió en la plaza municipal de esa localidad a invitados especiales representativos de la realeza política del Estado de México, entre ellos a la titular del Poder Ejecutivo del Estado de México, Delfina Gómez Álvarez, entre otros.
Pues resulta que ya estaba todo dispuesto para que la alcaldesa de Tecámac rindiera su informe de labores, cuando se le apareció el demonio, el mismo representado por la senadora Mariela Gutiérrez Escalante, quien, por cierto, fue también presidenta municipal de esa localidad durante dos periodos consecutivos. Pero la aparición no fue para echarle porras a la actual presidenta municipal, sino para encabezar una auténtica toma política, porque recientemente la senadora y la alcaldesa dejaron de ser amigas, a pesar de que la ahora legisladora federal prácticamente le heredó el poder a Wong Romero.

Pero como todas las comadres de pueblo, del amor pasaron al odio, y ahora, frente a la propia gobernadora del Estado de México, las mujeres con mayor poder de Tecámac acabaron gritándose acusaciones sobre corrupción y descalificando la una a la otra por, supuestamente, traicionar al pueblo.
El pleito de comadres terminó con un lamentable espectáculo que dejó de manifiesto el grado de putrefacción que hoy impera en Morena, pues ambas, más la misma gobernadora, son militantes distinguidas de ese movimiento político.
En el piso de la plaza municipal quedaron los principios de no robar, no traicionar y no mentir al pueblo que tanto impulsó como normas de la actividad política el ex presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, pues las señoras Wong Romero y Gutiérrez Escalante se acusaron públicamente de rateras y de ser parte de una red de corrupción institucional que afecta de grave forma a la política en Tecámac y el resto del Estado de México.
Al final de cuentas, la senadora Gutiérrez Escalante fue sacada por elementos de Seguridad Pública municipal a empujones del centro de Tecámac, para que la presidenta municipal Wong Romero pudiera rendir su informe, lo que evidentemente causó estupor en la gobernadora Delfina Gómez Álvarez, a quien nunca le había generado tanta vergüenza ser parte de un acto público, como lo que ocurrió en Tecámac.

Alguien tiene que poner orden en esa situación política de Tecámac, pues permitir que Mariela Gutiérrez Escalante, la senadora, se convierta en una especie de porro que llegue a cualquier acto público a ofrecer ese tipo de espectáculos políticos sin respetar la investidura de nuestra gobernadora es generar un nuevo Frankenstein que al rato no va a ser posible controlar, con todas las consecuencias que eso puede tener para la estabilidad política que debe imperar en el Estado de México.
También, queda claro que Morena no necesita de enemigos ni adversarios políticos para, tarde o temprano, destruir la institucionalidad, porque para eso se bastan solos. Estamos ante un pésimo espectáculo que tarde o temprano va a dar como resultado un peligroso enfrentamiento entre fuerzas políticas, del mismo color e ideología, pero que carece de cohesión interna y que supura la podredumbre que se acumula con sólo siete años de hegemonía como fuerza política mayoritariamente a nivel país y Estado de México.
El asunto de verdad debería preocupar a quien supuestamente es el responsable de la política interior del Estado de México, porque si no es capaz de hacer un llamado a la cordura de estas dos mujeres, una senadora y la otra presidenta municipal, menos va a ser capaz de hacer que impere el orden y la institucionalidad cuando se liberen los demonios de los tiempos electorales.


