Liturgia del Hogar

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Mientras corto la cebolla y el ajo,

pienso en el Padre y en el Hijo.

El aceite acitrona  –a fuego lento–

los ingredientes que darán sazón

a la mañana de domingo.

He lavado sus ropas;

en ella bendigo a mi hijo,

lo protejo.

Limpiar la casa me hace sentir

que estoy cerca, que lo protejo.

Mientras aseo el hogar, le pido

al Padre que lo cuide, que lo aleje 

de todo mal. 

Guisarles y limpiar la casa es sentir 

que tengo la sazón de hogar

gracia de ser madre.

Me recompensa que disfruten la comida,

que duerman en la limpieza del hogar,

sintiéndome en cada sitio de la casa,

en cada objeto de la vivienda.

y en el delicado sabor 

del desayuno o de la comida 

porque ahí, Padre, está el don 

de haberme hecho Madre 

y comulgar tangiblemente 

en la gracia divina de la familia.