PEMEX: LA DEUDA QUE PUDO SER TREN (Y TERMINÓ SIENDO LASTRE)

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“No hay nada más caro que lo que se financia mal.”

Aswath Damodaran

LA ARITMÉTICA QUE NO CONOCEN LOS POLÍTICOS: Imaginemos una escena, un jefe de familia tiene una tarjeta de crédito con intereses del 8% anual y moratorios del 45%. Debe una fortuna, pero en lugar de liquidarla construye una alberca, remodela la cocina y compra un coche nuevo. Mientras sigue pagando intereses, y cuando le preguntan por qué no pagó la deuda, responde que para que sus vecinos vieran progreso. 

Ese jefe de familia es México y Pemex es la tarjeta.

En 2018, Petróleos Mexicanos era, ya entonces, la petrolera más endeudada del mundo. Su deuda financiera total rondaba los 106 mil millones de dólares (aproximadamente 2 billones de pesos al tipo de cambio de la época).

El costo promedio de esa deuda no era menor, distintas emisiones colocaban a Pemex pagando entre 6% y 9% anual en dólares, con picos superiores en bonos de mayor riesgo. En números simples, entendibles por cualquiera con la primaria terminada y sin dogmatismos tendenciosos, en 2018 PEMEX tenía una deuda de 2 billones de pesos que pagaba un costo promedio ponderado de 7% anual, esto es 140 mil millones de pesos al año. En ese entonces se anunció la construcción de un absurdo Tren Maya que costaría 120 mil millones de pesos. 

En 2026 tenemos un (antieconómico) Tren Maya que ha costado, aún sin concluir y con vicios ocultos y estructurales a tutiplén, más de 640 mil millones de pesos (costo actualizado real, no el original). Por su parte, la dos veces incendiada Refinería Dos Bocas supera ya los 330 mil millones de pesos. Total conjunto, más de un billón de pesos.

Si México, los administradores de la hacienda pública, hubiese destinado recursos (o una combinación de deuda soberana más barata más activos financieros mal empleados) para reducir sustancialmente la deuda de Pemex en 2018, podría haber eliminado una parte crítica del pasivo (50%, y la totalidad, si incluimos el AIFA y el ferrocarril transístmico), lo que hubiese reducido el pago de intereses en al menos 70 mil millones de pesos anuales.

En un horizonte de 10 años, el ahorro acumulado en intereses, 700 mil millones de pesos, hubiese cubierto el costo total del Tren Maya, sin contar los efectos positivos en mejora de calificación crediticia, reducción del riesgo país, disminución del costo de financiamiento futuro y mayor inversión privada inducida.

Esto era económicamente obvio, pero políticamente poco rentable, el gobierno decidió invertir en activos de baja o nula rentabilidad mientras financiaba pasivos de alto costo. Eso, en cualquier manual de finanzas básicas, tiene nombre, se llama destrucción de valor.

TREN MAYA: DEL DISCURSO AL FLUJO NEGATIVO

Concepto Monto (MXN) Comentario
Tren Maya (promesa inicial) 120 mil millones Narrativa política
Costo real estimado 640 mil millones +317% *Aún sin terminar
Pérdida operativa diaria 10 millones diarios No alcanza punto de equilibrio
Pérdida anual estimada 3,650 millones Flujo negativo recurrente

DE FONDO

John Maynard Keynes defendía el gasto público como motor económico, pero con una condición implícita, que genere retorno o estabilice el ciclo. Irving Fisher es más directo al señalar que el sobreendeudamiento combinado con malas decisiones de inversión es la antesala de las crisis.

Más contemporáneamente, y al alcance de cualquier lógica elemental, Aswath Damodaran insiste en un principio básico, no se trata de invertir más, sino de invertir mejor que el costo del capital.

En resumen, Pemex pagaba 7%–9% en dólares, los proyectos como Dos Bocas tienen retornos inciertos o negativos, el Tren Maya, en términos estrictos financieros, no es un proyecto de alta rentabilidad, hasta hoy, es negativa. Entonces, de manera torpe y en contra de las finanzas públicas (es decir, del pueblo), se sustituyó deuda cara por proyectos de retorno dudoso. No hubo estrategia, solo mayor deuda, se optó por una apuesta populista y, con precisión financiera, se hizo una mala asignación de capital.

DE FORMA

 Cada año, México destina decenas de miles de millones de pesos a cubrir intereses de una empresa que no logra generar flujo suficiente. Pero se inauguran obras sin retorno de inversión y operan con pérdidas (deuda acumulada), se cortan listones y se producen discursos mientras los intereses -silenciosos, disciplinados, inevitables- siguen corriendo y creciendo.

México no eligió entre pagar deuda o construir futuro, eligió lo peor de ambos mundos, incrementar la deuda y negar el hecho y construir proyectos que no la pagan. Comparación brutal, pero real.

Concepto Monto
Costo total Tren Maya (aún sin terminar) 640 mil millones
Intereses Pemex (10 años) 1.4 billones
Pérdidas operativas Tren (10 años) 36,500 millones
Costo total combinado (obra + pérdidas + intereses) ≈ 1.94 billones

El problema no es el costo de construcción, aunque la estimación inicial era absurda y desviada en 600%, el error garrafal es que el proyecto no genera flujo para pagar ni su operación, mientras la deuda sí genera intereses todos los días. Hoy el Tren no solo no paga la deuda, pierde dinero todos los días.

Si en 2018 se hubiese pagado la deuda de Pemex, el ahorro de intereses hubiese financiado el Tren Maya y la Refinería Olmeca y se deberían dos billones de pesos menos, pero puntadas matan lógica.

DEFORME

México no solo construyó una obra más cara de lo prometido, construyó una obra que pierde dinero mientras paga intereses masivos. Doble presión sobre las finanzas públicas y un presupuesto “que ya no alcanza” (SIC).