El que quiera ser libre, que suelte el teléfono y agarre un libro

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En días pasados se celebró el Día Internacional del Libro y el festejo no pasó desapercibido para las librerías que brindaron grandes descuentos, ni para las cafeterías que se llenaron de asistentes a tertulias; tampoco lo fue para las dependencias de gobierno donde se invitó a escritores para motivar a los asistentes a leer. Dicho sea de paso, el 23 de abril no sólo se conmemora el Día del Libro, sino de la industria editorial y de los derechos de autor, que son parte importante del valor de los libros y que merecen ser reconocidos. 

También es necesario entender que este día no fue una idea lanzada al aire; este festejo tiene origen en Cataluña, donde se celebró por primera vez; posteriormente se instaura definitivamente el 23 de abril de 1930. Este día coincide con la fecha en que mueren Miguel de Cervantes, Shakespeare y Garcilaso de la Vega. Sin duda es una fecha simbólica para la literatura universal. 

Aclarados estos dos puntos, sucede algo crucial al hablar de los libros y su importancia. Por más esfuerzos que se hagan por impulsar a la gente a que lea, algo es seguro: la población sí lee. Aquí algunos ejemplos: leen toda la noticia amarillista sólo porque el título genera morbo, leen chismes de algún actor porque en el encabezado decía que fulano de tal había sufrido un aparatoso accidente; el resultado es que la noticia es fake y dicha página que la difunde nada más publica información falsa para ganar likes. Leen capturas de pantallas screenshot compartidas en Facebook, para enterarse de la infidelidad de algún influencer. 

Así que sí, sí está leyendo la población; la interrogante es: ¿qué está leyendo? ¿Por qué leen esa información? Una de las respuestas a esta pregunta es: porque lo que tenemos más cercano a nosotros es el teléfono. Incluso habrá quien asegure que es más cómodo y práctico leer en digital desde su celular; el problema viene cuando aparece una notificación tras otra y la distracción llega. Así que como último recurso sería leer un libro en físico. 

Aquí aparece una palabra que a muchos les causa incomodidad, la palabra libro. Jorge Luis Borges, uno de los más grandes narradores del siglo XX, decía que de los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es, sin duda, el libro. Los demás son extensiones del cuerpo. Pero el libro es otra cosa: El libro es una extensión de la memoria, de la imaginación. Esta afirmación no podría estar más cerca de la verdad: las letras por sí solas son signos, pero a través del libro el lector sopla en ellas y les da vida; dejan de ser sólo fantasmas y trasmutan. 

Libro que se parece mucho a la palabra libre, pero ¿quién desea ser libre? Sólo aquel que se encuentra encerrado, no hablo de las rejas de una cárcel, sino quien se encuentra extraviado debido a las situaciones de la vida y desea tener un refugio. La filóloga española Irene Vallejo menciona que los libros son cuerpos habitados por palabras, pensamientos tatuados en la piel. 

Leer es un reto, porque se requiere tiempo, que es un término que usamos mucho para evadir que no queremos hacer algo. Leer requiere enfrentarnos a lo diferente y lo que desconocemos casi siempre nos aterra; es miedo a encontrar en los libros verdades ocultas que podrían cambiar nuestra forma de ver la vida misma. Pocos se atreven a verse reflejados a través de un libro, como quien se para frente al espejo y se reconoce como único e imperfecto, pero real. 

En el mundo de lo práctico, de lo instantáneo, dejar el celular por un momento y tomar un libro con la plena disposición de leerlo es ya un acto de valentía y de compromiso. Y no significa que nuestro paso por las redes sociales sea negativo, o que leer en digital sea menos valioso. Se trata de ganarle a nuestros pensamientos que van acelerados, sentarnos y, por un momento, leernos a través de un libro. Menciona Irene Vallejo que sentir cierta incomodidad es parte de la experiencia de leer; hay mucha más pedagogía en la inquietud que en el alivio. El libro es libre, el libro es hijo de los árboles que fueron el primer hogar de nuestra especie, es decir, los libros son volver a casa.  Si deseamos ponernos incómodos en la libertad, entonces dejemos el celular por un momento y retomemos un libro.