Alicia en el país de las narrativas Boletín Filosófico de acontecimientos varios
Hay un momento en Alicia en el país de las maravillas (ese manual de supervivencia para quien sospecha que el mundo está al revés, y uno de mis textos y películas favoritas) donde la Reina de Corazones grita: ¡Primero la sentencia, luego el veredicto!. Alicia, todavía atrapada en la lógica del mundo de arriba, objeta. Pero la Reina no negocia, pues, el orden de los procedimientos no le importa, lo que importa es que la sentencia exista antes que cualquier hecho, porque la sentencia crea los hechos.
Hoy, lectores, vivimos en el país de las narrativas, no el de las maravillas, sino el de las versiones oficiales, todo poder que mata necesita, inmediatamente después, un relato, pero no cualquier relato, uno que invierta víctimas y victimarios, que convierta la ayuda en amenaza y la ejecución en enfrentamiento.
Hoy me pregunto, ¿qué mecanismos de poder permiten que un asesinato se presente como enfrentamiento legítimo o una interceptación como operación de paz?
Para explorar esta hidra de una sola cabeza, he elegido dos cabezas que parecen lejanas, pero responden a un mismo sistema nervioso. La flotilla GlobalSumud y la masacre de Colcabamba ocurren a 12.000 kilómetros de distancia, en mares y montañas, pero responden a una misma lógica, la violencia estatal se presenta siempre como respuesta, nunca como inicio. Y cuando los cuerpos caen, el comunicado de prensa ya está escribiendo la historia. Así que si no podemos adelantarla como ellos, tenemos entonces que destrozarla, digerirla y escribir, también.
Esta columna no es neutral, no puede serlo. La neutralidad, en tiempos donde unos matan y otros mueren, es siempre una forma de complicidad con el más fuerte. Esto es un boletín filosófico de acontecimientos varios porque la filosofía, bien entendida, no es un adorno para intelectuales aburridos, es el arte de nombrar las cosas por su nombre. Así que tomemos aire, que está columna es un poco extensa.
El secuestro de la flotilla GlobalSumud
Todos en este momento debemos (espero) saber acerca del genocidio en Palestina, por manos del estado de Israel (y EEUU). El pasado 6 de Abril, una flotilla llamada Global Sumud Flotilla zarpó hacia Gaza con el objetivo de llevar ayuda humanitaria, donde el acceso a bienes esenciales continúa severamente restringido.
Estaba compuesta por cerca de 20 embarcaciones y alrededor de 175 médicos, artistas, cooperantes y activistas de diversas nacionalidades.
Este es el segundo intento reciente de la flotilla por alcanzar Gaza. Seguramente escucharon más ya que en 2025, una misión similar fue interceptada en alta mar, con la detención de cientos de activistas, entre ellos la activista sueca Greta Thunberg y la eurodiputada franco-palestina Rima Hassan, quienes posteriormente fueron deportadas.
Volviendo a la flotilla Global Sumud (cuyo nombre ya es un manifiesto, pues sumud es resistencia firme y cotidiana palestina), días después de zarpar, la flotilla fue secuestrada en aguas griegas, pero vean, lectores, no por piratas, sino por órdenes de Israel y con complicidad europea.
El pasado 30 de Abril, por horas familiares de los activistas no tenían idea de dónde podrían estar, los teléfonos murieron y los mensajes se detuvieron, cómo si simplemente el contacto se hubiera desvanecido.
Las Israel Defense Forces (IDF) (Fuerzas de Defensa de Israel) interceptaron la flotilla. Las embarcaciones fueron rodeadas, se cortaron las comunicaciones y personal armado abordó las embarcaciones. Su cargamento era llevar ayuda humanitaria para Gaza y su delito fue querer atravesar el asedio. Miembros de la tripulación ahora mismo están detenidos, secuestrados! con evidencia de ser golpeados, sometidos a interrogatorios, algunos hablan de tortura psicológica y vejaciones, entre ellos el activista brasileño Thiago Ávila. Algunas organizaciones se han manifestado pero está tan catastrófica noticia no aparece en los grandes canales de televisión.
Israel insiste en que sus acciones se ajustan al derecho internacional. El Ministerio de Asuntos Exteriores israelí declaró que, debido al gran número de buques que participan en la flotilla, al riesgo de escalada y a la necesidad de prevenir la ruptura de un bloqueo legítimo, se requería una actuación temprana.
El comunicado añadía que los organizadores de la flotilla estaban uniendo manos con Hamás con el objetivo de sabotear el plan de paz del presidente Trump para Gaza en su transición a la segunda fase y desviar la atención de la negativa de Hamás a desarmarse. Más tarde, Israel acusó a la flotilla de haber intentado bloquear activamente un buque mercante israelí Horas después, el ministro de Asuntos Exteriores israelí anunciaba que, en coordinación con el gobierno griego, las personas trasladadas de los barcos de la flotilla a un buque israelí serán desembarcadas en una playa griega en las próximas horas.
Hasta aquí la versión oficial.
Porque activistas a bordo y organizaciones de derechos humanos han ofrecido un relato diametralmente opuesto, y digo sin atisbos esta certeza porque soy miembro de otra organización que tenía planeado zarpar a Gaza en primavera (pero con todos estos conflictos ha decidido optar por otro método de ayuda). Según testimonios recogidos por Electronic Intifada, Middle East Eye y la Red de Apoyo a la Flotilla GlobalSumud, la interceptación fue violenta, golpes, inmovilizaciones, amenazas con armas largas y un traslado forzoso a un buque israelí que duró más de 24 horas sin acceso a abogados ni consulados.
Pero el dato jurídico más explosivo es otro. La Fiscalía de Roma (Italia, país de donde zarpó una de las embarcaciones) ha iniciado una investigación judicial por el secuestro e interceptación por parte de fuerzas israelíes, La investigación italiana busca determinar si la interceptación y detención de los activistas constituye un delito de secuestro, al haberse producido fuera de la jurisdicción territorial israelí.
El BNG (Bloque Nacionalista Galego), cuyos diputados acompañaban la misión, también ha denunciado formalmente los hechos ante instancias europeas. Hablan de tortura psicológica, simulación de ahogamiento, y esposamiento continuo durante días.
Lo filosófico aquí no es la violencia en sí (que ya conocemos) sino la normalización de la interceptación de la solidaridad. Ya no sólo se bloquea la ayuda, ¡se castiga el intento! El poder se ejerce antes de que el barco toque el agua, la geopolítica se ha vuelto profiláctica porque mata la posibilidad para no tener que justificar el crimen.
Si me atrevo (y me atrevo) a hurgar sobre las declaraciones de Israel, dónde afirma haber encontrado drogas y anticonceptivos, les diría que ignoremos por un momento la veracidad forense de esa afirmación (no hay pruebas públicas, ni cadena de custodia independiente). Pensemos en cambio en la operación semiótica, las drogas convierten la ayuda humanitaria en contrabando, y la solidaridad se vuelve delito. Este es un tropo clásico del poder, criminalizar al que lleva comida llamándolo narcotraficante.
Y los anticonceptivos son una joya geopolítica. ¿Por qué mencionarlos? Porque en la imaginación de ciertos poderes, los anticonceptivos son un arma demográfica contra Israel y sus aliados, puesto que controlar la natalidad palestina ha sido una obsesión de ciertas facciones israelíes durante décadas. Señalar anticonceptivos es evocar el miedo a la segunda Nakba silenciosa, que los palestinos decidan no reproducirse, y entonces ¿quién ocupará la tierra? El poder patriarcal se asoma, el cuerpo reproductivo palestino sigue siendo campo de batalla.
Pero además, hay cinismo, el mismo comunicado habla del plan de paz de Trump para Gaza (un plan que nadie llamaría de paz salvo quienes lo redactaron) y acusa a la flotilla de sabotearlo. Es decir, el poder israelí y estadounidense definen qué es paz (desarme de Hamás, normalización, ausencia de bloqueo por bloqueo) y cualquier intento de llevar comida a Gaza es, por definición, una amenaza a esa paz. La paz se ha convertido en sinónimo de sumisión!
Sobre Italia, a través de su Fiscalía en Roma, está abriendo una brecha. Si logra determinar que hubo secuestro, los arrestos internacionales contra los comandantes israelíes involucrados podrían ser el primer precedente europeo desde el caso Al-Mahdi de la CPI. El hecho de que Italia (un país con un gobierno de derechas tradicionalmente amigo de Israel) actúe así sugiere que el consenso europeo sobre la impunidad israelí en alta mar se está resquebrajando, o quizás solo es un gesto, el de investigar para no tener que sancionar. No lo sé, el tiempo lo dirá…
Lo que está en juego en el Mediterráneo no es solo si la ayuda llega o no a Gaza. Es la capacidad del poder de redefinir la realidad lingüística antes de que los hechos hablen, la pregunta para nuestra columna (esta que es solo la primera parte), y para las semanas que vienen, es ¿quién define las palabras? Porque quien define las palabras, define lo que es justo. Y viceversa, quien no puede nombrar el secuestro como secuestro, ya ha perdido la batalla antes de que empiece el juicio.
Dejemos el Mediterráneo por un momento. Porque la calamidad no se toma vacaciones, pasamos así a la parte siguiente:
La “intervención” militar en Colcabamba
El pasado sábado 25 de abril, el Comando Operacional del Este del Ejército peruano emitió un comunicado, una patrulla fue atacada por presuntos implicados en actividades ilícitas relacionadas con el narcoterrorismo en el distrito de Colcabamba, provincia de Tayacaja, Huancavelica. El personal repelió el ataque en legítima defensa, con una respuesta necesaria y proporcional. El saldo dejó cinco fallecidos presuntamente vinculados a organizaciones narcoterroristas, dos heridos y un detenido. Sin bajas militares, se incautó material logístico relacionado con actividades ilícitas.
Pero los testimonios recogidos por La República, RPP y la propia investigación fiscal cuentan otra historia. Una que se parece más a una ejecución extrajudicial que a un enfrentamiento. Jonathan Águila Gutiérrez es uno de los dos sobrevivientes, los demás, cinco jóvenes, murieron. Jonathan declaró hace dos días: Yo estuve consciente todo el tiempo. Escuché cuando un militar se acerca y dice ‘Mi Sub. aquí dentro no hay carga, creo que nos equivocamos de carro. Como no encontramos nada, ¿qué cosa hacemos?’ y él dijo ‘hay que meterle bala’ Nos lanzaron balas a mí, al chófer y al copiloto.
Los jóvenes ocupaban una camioneta. Según las primeras pericias recogidas por RPP y confirmadas por LP Derecho no se encontraron armas ni sustancias ilícitas en el vehículo. No hubo intercambio de disparos (cómo presenta el comunicado conjunto de las fuerzas armadas y policía del Perú), los ocupantes estaban desarmados. La fiscalía ha abierto investigación por homicidio calificado contra ocho militares (entre ellos el capitán Luis Montenegro) y tres civiles.
El abogado de las familias, Anthony Crespo, denunció que la fiscal Zina Romero no solicitó detención preliminar en las primeras 48 horas, lo que pudo facilitar la destrucción de pruebas (como los resultados de absorción atómica para determinar quién disparó). Cuatro días después, criminalística encontró adherencia de droga en el lado del timón de la camioneta, pero el chofer dio negativo en las pruebas. Fuentes de la zona, recogidas por medios locales, apuntan a una hipótesis aún no confirmada pero extraordinariamente reveladora, los militares atacaron la camioneta equivocada. Buscaban a un grupo vinculado al narcotráfico, vieron un vehículo que coincidía con la descripción, y dispararon sin verificar, cuando se acercaron y vieron que no había armas ni droga (solo jóvenes deportistas de la zona), fabricaron la narrativa del enfrentamiento.
Lo que evoca en el síntoma de una cultura de impunidad donde el error se resuelve con más violencia narrativa (sí, cuando no, en Perú se utiliza el estigma para justificar una muerte!), mataste a los equivocados, conviértelos en terroristas. Así la bala perdida se vuelve bala justa.
La boca del lobo
No puedo escribir sobre Colcabamba sin que se me cruce esa película fundacional del cine peruano, La boca del lobo (1988), de Francisco Lombardi, que retrata la masacre de Socos (Ayacucho, 13 de noviembre de 1983), donde 32 pobladores incluyendo niños y mujeres embarazadas fueron asesinados por agentes de la Guardia Civil (los Sinchis).
Lo que observo es que el hilo que conecta Socos y Colcabamba no es la continuidad del conflicto armado interno, es la continuidad de una forma de pensar, un silogismo militar criminal que se reproduce como virus en el cuartel.
La peruana Rocío Silva Santisteban ha escrito sobre esto, decía El conflicto armado interno no terminó en 2000. Sólo cambió de nombre: ahora se llama ‘lucha contra el narcoterrorismo’, pero el método es el mismo.
Coda
Así que volvamos al principio. A Alicia, que cayó por la madriguera y descubrió que las reglas del mundo de arriba no aplicaban. Nosotras también hemos caído, no por un conejo blanco, sino por una flotilla secuestrada y una camioneta acribillada. Y hemos descubierto que abajo, en este país de las narrativas al revés, la Reina de Corazones sigue gritando: ¡Primero la sentencia, luego el veredicto!
La diferencia es que Alicia, al final, despertó. Nosotros no tenemos ese lujo, estamos despiertos, y esto es real, hay cuerpos en el Mediterráneo o en prisiones israelíes, o en fosas sin nombre en cualquier parte del mundo. No podemos despertar porque esto no es un sueño, es el mundo.
Pero lo que sí podemos hacer es negarles la sentencia sin veredicto.
No podemos devolverles la vida, no podemos deshacer las esposas ni las balas, no podemos hacer que el comunicado de prensa sea verdad solo porque lo diga el poder. Pero podemos nombrar. Y nombrar, en tiempos donde el poder secuestra el lenguaje para justificar lo injustificable, es el primer acto de la justicia. No el único, no el suficiente, pero el primero. Y sin ese primero, no hay segundo.
Esta columna está dedicada a los cinco jóvenes de Colcabamba, y a los activistas de la flotilla Global Sumud que siguen detenidos en prisiones israelíes, a todos quienes nos sabemos despiertos en este mundo. Que la memoria sea su segunda patria.
LP Derecho, Todo lo que se sabe hasta el momento sobre la masacre en Colcabamba (4 de mayo de 2026); La República, Habla sobreviviente de masacre de Colcabamba: ‘No encontraron nada y dijeron hay que meterle bala’ (3 de mayo de 2026); RPP Noticias (declaraciones de Anthony Crespo, 28 de abril de 2026); pronunciamiento de Indira Huilca (27 de abril de 2026).
La boca del lobo (dir. Francisco Lombardi, 1988); Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR), informe final sobre masacre de Socos.

