Madre

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He manejado kilómetros con la firme idea de verte, de pararme frente a tu casa y permanecer unos momentos fuera de ella.

Los viajes a Toluca, son un retorno a ti. En el ajetreo de esta ida al terruño, me di el espacio de ir a la casa donde nos viste crecer, donde nos preparaste de comer, donde nos protegiste como los hijos que fuimos. En medio del amor a mi padre y a cada uno de nosotros, fuiste madre e hiciste todo lo que estuvo en tus manos y fuera de ellas para ser Teresa y prodigar tu ser de mujer en el nombre de mamita María.

Han pasado algunos años de tu despedida y en este momento, he detenido el auto con el cúmulo de sentimientos de hija. Con el nudo en la garganta, me he bajado de él. Mis pasos cortos me han llevado a echar un vistazo por la mirilla del zaguán blanco.Detrás, están los recuerdos, la familia, la historia entrelazada de múltiples historias hechas de amor, de dolor, de ilusión y también de desencanto.

A punto de irme, giré mis pasos para tomar una piedrita y lanzarla a la ventana de arriba, esa ventana que iluminaba tu habitación y te permitía ver, desde Tollocan, el Nevado. Desde ese ventanal, al escuchar las piedritas, identificabas que era alguno de los tuyos, entonces te asomabas y, comprobando que éramos tu familia que te buscaba.

Hoy, quise pasar por tu casa que fue mi hogar– y deteniéndome frente al zaguán blanco, he lanzado piedritas para decirte: –Mami, ya vine, ¡Ábreme la puerta! Lancé una segunda piedrita que me recordó que ya no estás ahí, que no me abrirás porque la sagrada muerte, fue benigna con tu vejez ancestral y te ha llevado a un mejor lugar.

Por eso mamita, ya no lancé la tercera piedrita, porque me acordé que, sólo fui a pararme frente a tu casa para decirte Mami, ya llegué y ya me voy.

Feliz día de las madres Teresa querida, que Dios te guarde eternamente en el sagrado regazo de mamita María.