Amealco
Escribirles a ustedes, que me recibieron con tanto amor en su escuelita, fue gritar al mundo lo afortunada que me siento. La invitación a Amealco, Lugar de manantiales, fue una de las experiencias más entrañables en mi trayectoria como maestra.
Gracias maestro, maestra, estudiantes y a la comunidad escolar por consentir esta experiencia en su telesecundaria. Ustedes son portavoz, de cada una de las escuelas de México; academias prolíficas de las comunidades de la sierra nacional.
En Amealco, he recordado a Santa María Tetitla, Xonacatlán y las aulas de emergencia de San Rafael Chamapa en Naucalpan, Estado de México. Evoco mis primeros dos años de servicio donde las ilusiones de maestra, estaban a flor de piel. Amealco de Bonfil, me llevó a los primeros sueños cumplidos de mi ser docente.
El corazón de Amealco está en la región serrana de Querétaro; este lugar en el universo, lo distingue el amor de su gente, la nobleza de las personas, sus buenas intenciones y su generosidad.
Esas mañanas de sábado, me recibieron el olor y colores del campo, la sazón y sabor amealcense, las bendecidas manos de las madres de la comunidad. Recibí como maestra, el maravilloso mundo de la educación comunitaria.
Escuelita de la sierra, guardas en tus aulas, semillas plantadas en tierra fértil. Su fecundidad está en la avidez por aprender, conocer, saber como un horizonte de diversas posibilidades profesionales.
Infinitas gracias maestra, maestro y jóvenes estudiantes por dar vida docente a esta maestra que inició hace muchos años este sendero educativo donde ustedes se inician y que hoy, recobra impulso para los consecutivos días de escuela.
Amealco, gracias por renovar mi alma educadora, por inspirarme, por recordarme que la vocación de ser maestra, es el pilar que nos sostiene en la ilusión de trasformar tocando los corazones de cada una de las personitas llegadas a nuestras manos.
Amealco, sitio de manantiales, gracias por refrescar mi memoria afectiva, por acordarme que las cosas más sencillas y los momentos más íntimos de la sensibilidad humana, perviven en los detalles pequeños que hacen grandiosas a las personas y maravillosa la vida.
Amealco, gracias por dar aliento educativo, a quienes hemos bebido de tu manantial de vida.
