Por un fallo
Me gusta quien soy en el paréntesis entre un lugar y otro, soy nadie.
Sí, ese nadie que venció al Cíclope, y que es todos y cualquiera.
Entre nubes todos somos automáticamente esporas con dos finales posibles.
Incluso las nubes caen en tormentas tropicales cuando guardan tanto en un corazón que debería estar en un lugar a nivel atómico.
Me dejó caer en el asiento y bebo,
a ver si me encuentro.
A ver si regreso o llego siendo otra,
la que no se equivoca tan gravemente que pierde los dientes.
La que tiene la mirada prometida.
La que cumple sus promesas de mí SIEMPRE, sí es para SIEMPRE,
y que al final tuvo un punto negro absoluto.
Me asustan los aviones con reparaciones notorias y al mismo tiempo respeto su paso por los aires, jugándose la vida con todas esas voces en su interior –con deseos distintos, pero con la misma convicción de regresar a salvo.
Tal vez sí, tal vez.
El tiempo se arrastra acá arriba
El tiempo vuela allá abajo
Todo está al revés.
Deje de mirarme y la próxima vez estaba cubierta de canas y de un corazón que latía tan fuerte en ambas direcciones que temo que explote o se olvide de expandirse.
Diría que me rompo o me deterioro,
pero en realidad
soy una de esas esporas que, por un fallo,
sólo cae.
