Actitudes de masa
Una de las ideas más ricas que he encontrado siempre en La rebelión de las masas de José Ortega y Gasset ha sido aquella según la cual el grado de degradación intelectual que vive una sociedad en un tiempo concreto se puede medir prestando atención en cómo los pseudointelectuales capturan a gentes de los más distintos estratos sociales.
Digo de los más distintos estratos sociales, porque, para Ortega y Gasset, abrazar la vulgaridad no depende del estrato socioeconómico al que se pertenezca sino de ser masa o minoría selecta. Traigo a colación esta idea porque me parece pertinente para referirnos a un tópico que se ha hecho vital en el pensamiento de masas de los últimos años: la vuelta al pensamiento más reaccionario, castizo y desvinculado de las identidades latinoamericana por parte de los más diversos sectores sociales.
Esta defensa de valores morales y estéticos propios del castizo en suelo latinoamericano es extraña. Esto, que antes era un asunto de personas ubicadas en las más altas esferas socioeconómicas hoy nos lo encontramos por todos lados. La intolerancia a la diversidad hoy está arraigada en sectores donde antes era un asunto que pasaba desapercibido, y el culto al hispanismo se lleva a cabo por parte de quienes pertenecen a las identidades a las que el colonialismo ha hecho más daño.
Ortega y Gasset entendía que la formación de una minoría selecta que se precie consistía en la agrupación de individuos cuyo único punto en común es no estar de acuerdo con lo establecido. Hoy en día está pasando esto mismo en una versión infiel a la idea. Los individuos que convienen en no estar de acuerdo con ninguna de las conquistas culturales de la actualidad referidas a la sexualidad, el género, la liberalización de la iglesia o la crítica a las instituciones de la sociedad clásica como la familia o la educación tradicionales, lo están desde un discurso uniforme.
Es curiosa, pues, creer ser minoría selecta manteniendo la actitud intelectual de la masa. Hablo de actitud intelectual de masa porque ninguna de estas actitudes reaccionarias se diferencia la una de la otra, y porque son abrazadas por grupos humanos con características similares que son invadidos por este tipo de discursos que lo aceptan por la similitud de lo que este vende con sus formas de vida. Intentando una cierta disidencia, se adopta una posición vulgar, infiel con lo que supone reconsiderar el entorno del que uno viene. Hay algo de perverso siempre en hacer caso a las coincidencias que tiene nuestro pensamiento más pasional y lleno de resentimiento con lo que el gurú de turno nos dice. Por eso que este fenómeno, más que un resurgir de una nueva derecha o de ser la caída de la izquierda progresista es un asunto de masas, pero también de formas de vida.
