Política y Pedagogía
Es interesante seguir los trabajos de una distinguida cubana: Onoria Céspedes Argote, quien ha venido a radicar a la ciudad de Toluca. Es vecina y compañera apasionada en el estudio de José María Heredia y Heredia. Libros sobre el personaje son parte de su biobibliografía, con títulos que cito: Poesías / José María Heredia, Edición Nueva York 1825-Edición Toluca 1832: Facsimilar. Publicado este tomo por el Ayuntamiento de Toluca y la Universidad Autónoma del Estado de México en el año de 2017; Política y Pedagogía en el pensamiento de José María Heredia y Heredia, publicado primero por la UAEM en 2014, y después, por Editorial Ciencias Sociales de La Habana en 2017; destaca el texto último titulado: Labor legislativa del humanista José María Heredia y Heredia en el Estado de México cuya publicación es de 2021, en nuestro país. Llama la atención el trabajo que presenta en los temas de política y pedagogía, pues son sus discursos que merecen la mayor difusión. En ellos aparece el patriota José María Heredia en toda su plenitud, sintiéndose completamente mexicano.
Los Discursos Políticos son un dechado de belleza literaria. Sólo falta la voz para comprender todo el significado que viene a través de la guía del alma, por un patriota privilegiado que vive para el nuevo país, aunque este le ha de pagar mal al final de su vida: aparecen 5 discursos, todos ellos invaluables por lo que se dice. Todos son prueba de la belleza literaria que ha alcanzado, a muy joven edad, uno de los próceres más queridos y admirados en el claustro académico de ciudades como Tlalpan, Cuernavaca y Toluca. Tres lugares emblemáticos de la historia mexiquense. Del discurso dicho en Tlalpan, primera capital de la entidad mexiquense encuentro citas que hace Onoria Céspedes en las cuales Heredia dice: … No es sólo con demostraciones de alegría como debéis celebrar este aniversario solemne, sino con santas y patrióticas resoluciones. El diez y seis de septiembre, al paso que recuerda nuestros afanes y sacrificios, os habla con muda elocuencia de vuestros deberes.
Nosotros creamos la Independencia con nobles sudores y sangre: a vosotros reservó la Providencia divina su conservación y defensa. ¡Elevad, pues, la República a la gloria, poder y felicidad a que la llaman sus destinos, y que todos los años venideros celebren este gran día entre los dones de la abundancia y de la paz, y las miradas más benignas del cielo! palabras de ilusión y llenas de esperanza. Heredia sabe que está ante el macrocosmos de creación de una nación nueva, que no debe tener nada que ver con el régimen oprobioso del Colonialismos español. Régimen de salteadores que sigue vigente en su patria en ese 1828, a 7 de la liberación del nuevo país que es ya patria para él. Otra cita de Heredia que hace Onoria Céspedes dice: Todos somos amigos de la libertad, todos ciudadanos de la gran república ¡Qué este día glorioso en que celebramos el aniversario de la resurrección nacional sea el último de nuestra discordia! Ilusión y llamado a la unidad tomando como causa principal el bien de la nueva patria, el bienestar de los ciudadanos y las familias, la igualdad entre los pobladores y la terminación de aquello que ha sido siempre la discordia presente: la voracidad por saquear al becerro de oro que se ha convertido desde hace siglos en estas tierras en el dios de los enajenados por la riqueza económica y material en contra de los demás.
No se cansa uno de leer y releer a Heredia cuando habla de la patria, cuando vislumbra su futuro si es que todos, sin excepción se quitan las ambiciones nefastas de la corrupción y la impunidad. No mucho de haber llegado a Toluca, la nueva capital del extenso territorio que es el Estado de México, expresa de nueva cuenta, cito: Discurso pronunciado en la Plaza mayor de Toluca en la festividad Nacional del 16 de septiembre de 1831 por el ciudadano José María Heredia, Ministro de la Audiencia del Estado de México / Compatriotas: Esta numerosa reunión que me rodea, esta hermosa ciudad vestida con los arreos del júbilo, la exaltación sublime que respira en todos los semblantes, los ecos vivificadores de gozo y de triunfo que llenan el viento, anuncian que celebramos el aniversario nacional, el jubileo patriótico, en el que Hosana de un pueblo regenerado sube en alas reverentes de la gratitud al trono del Dios de los ejércitos.
Sí, conciudadanos, este es el fatídico diez y seis de septiembre, a cuyo nombre sólo palpita con nuevo ardor todo corazón mexicano: éste es el día glorioso que forma la era de nuestra vida política, y las justas demostraciones de regocijo con que celebramos su venida, sólo son el preludio de las que le consagrarán nuestros hijos, y los hijos de nuestros hijos, hasta la más remota generación. Mientras Anáhuac esté habitado por hombres libres, mientras la verdura vista sus campos, y sus montañas magníficas reciban la luz del cielo, los raptos de gozo público y del entusiasmo patriótico celebrarán a porfía este aniversario memorable. Un ciudadano que viene de una isla tomada desde hace cientos de años por la espada de España, con sus genocidas que sabían que mejor el indio muerto a que tuviera oportunidad de rebelarse contra la Corona. El hombre que habla tiene 28 años y ha recorrido el Caribe, Venezuela y México o vivido en el norte al río Bravo: habla inglés siendo hombre universal; sabe que todos, hombres y mujeres, desean por sobre todas las cosas vivir felices, antes que en la tragedia de guerras civiles o de liberación. Cinco discursos, o decir en la divina palabra una oración.
Decir a quien le escucha que por encima de todo, está la visión del humanista que no reconoce nacionalidad cuando quien ultraja es el invasor a la ciudadanía. Sus palabras en el segundo discurso, dicho ahora en Toluca, hacen ver al hombre ilusionado: Compatriotas: ¿Cuál de vosotros ha olvidado a septiembre de 1821? Diez años han pasado y su memoria mágica aún hace palpitar de gozo todos los pechos, y baña los ojos en dulcísimo llanto. ¿Quién de vosotros no recuerda como el día más bello de su vida el que completó la redención de nuestro suelo? ¡Ah! Vuestros corazones os dicen que aquellos afectos no pueden repetirse en el curso de una existencia mortal. El pueblo que en parte asiste a este evento sabe que la guerra existió y por desgracia sigue vigente. Hombres y mujeres de carne y hueso han sido actores principales, muchos han fallecido; lo saben de primera persona los que perdieron en la guerra contra el invasor a un familiar, amigo o vecino. No fue cosa de juego o un hecho histórico que todos ignoran: existió tal suceso de 11 años de guerra en contra del imperio que en su vejez quiere mantenerse en el poder sojuzgando a un continente.
José María Heredia recuerda en sus palabras al libertador del sur: Vicente Guerrero, quién junto a Pedro Ascencio de Alquisiras, vencieron la soberbia española que llegó a creer que al fusilar a libertadores como Francisco Xavier Mina —español de nacimiento—, se terminaría todo. Guerrero y Alquisiras, son ejemplo que encontramos entre recuerdos y honores en el Museo de la Alhóndiga de Granaditas: mural que expresa en magníficas cabezas de bronce el recuerdo de los principales héroes de la Independencia. Pedro Ascencio de Alquisiras, si bien no se le retrata a tales alturas como mereciera: fue en el año de 1821 —quien meses antes— da consejos angustiados a Guerrero, para que no caiga en la trampa del realista Agustín de Iturbide. José María Heredia cita en discurso de Toluca: ¡Padre y libertador de Anáhuac! Recibe en tu sangriento sepulcro el tributo de lágrimas y gratitud de la nación que redimiste, y no fue cómplice en tu abominable asesinato. Las palabras de Heredia van cayendo una a una, y hablan en ese año de 1832 de los pesares que la guerra civil entre conservadores y liberales está sucediéndose día tras día, año tras año, creando ese México bárbaro que tantos males ha de dejar a la patria a unos pocos lustros de haberse firmado el Acta de Independencia. El patriota José María Heredia avisa de la presencia del huevo de la serpiente. Dice: Pero tan brillantes días no tardaron en nublarse con la fiera borrasca de las disensiones políticas. Estas que han de traer desaliento y pesadumbre a su vida, que le han de cobrar aquellos momentos de gloria en soledad y tristeza por enfermedad y su muerte.
