+Internet, campo libre de expresión, se vería acotado; la vida sigue, ya sin los fan fest y el Mundial

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La frase:

Donald Trump me invitó personalmente dijo la presidenta Claudia Sheinbaum sobre su asistencia a la final del mundial 2026. ¿Nadie la invitó a la inauguración en el estadio Azteca?

ES PREGUNTA

Por fin terminó el Campeonato Mundial de Futbol de la FIFA, celebrado por Estados Unidos, Canadá y México. Las actividades deberán normalizarse y dejar atrás las actividades deportivas para regresar los asuntos políticos y de policía a la palestra nacional.

En la despedida del Mundial 2026 vimos a una Presidenta de México que tuvo que trasladarse a un estadio de los Estados Unidos de América para evitar enfrentar a su propio pueblo en una rechifla y compartir ésta con el mandatario estadounidense, Donald Trump, para compartir el desprecio popular, o por lo menos para que se confundiera.

Esa fue la mejor forma de comprobar qué tan realistas son las mediciones de popularidad que los gobiernos de la 4T se empeñan en difundir por lo menos una vez al mes, las cuales evidencian que no todo el amor que se encargan de propagar son lo que dicen ser. Si bien fue una rechifla compartida con el mandatario naranja, también es cierto que la mexicana se llevó lo suyo y que no todos en territorio norteamericano les creen a sus encuestas.

Pero en fin, casi al mismo tiempo que esto sucedía en el estadio, se daba el primer golpe mediático preocupante para nuestro país: la sentencia al narcotraficante más importante de los últimos tiempos de origen mexicano, Mayo Zambada, a quien se sentenció a cadena perpetua y al pago de 100 mil millones de dólares, si es que alguna vez sueña con recuperar algo de la libertad, por lo menos de movimiento.

Evidentemente, el señor que ahora estará sentenciado en una prisión de alta seguridad de los Estados Unidos no tiene ninguna posibilidad, ni ganas, de pagar a la Tesorería estadounidense 100 mil millones de dólares, a pesar de que pueda tener esa cifra guardada por alguna parte.

Se trata de una condena ejemplar que servirá de referencia para cualquiera que tenga la intención de encumbrarse en el mundo del narcotráfico internacional, y sólo quedará ahí como referencia para quien adopte esa forma de vida que ya demostró que no conduce a ninguna parte.

El señor narcotraficante al que nos referimos, y cuyo nombre se debe evitar para darle más exposición mediática de la que actualmente goza, fue realmente condenado este domingo a pasar el resto de su vida en medio de toneladas de hormigón, alejado de cualquier trato con una sociedad a la cual le ha hecho tanto daño, y sin la posibilidad de defenderse del sistema norteamericano que, al menos en esta ocasión, no le dejó ninguna ruta ni posibilidad de defensa. La cual, por cierto, no merece en realidad.

No por eso se terminará la guerra que el narcotráfico sostiene en territorio mexicano y de Estados Unidos. Por el contrario. Tarde o temprano surgirá otro perfil criminal de igual o mayor dimensión y rearmará a sus ejércitos para imponer su ley a balazos, porque se puede cambiar de nombre y de estilo, pero no de esencia, no de motivación para convertirse tarde o temprano en el hombre, o mujer, más temido o temida de este mercado internacional de drogas.

Quizá lo único bueno que hizo este personaje, es suscribir un mensaje para las nuevas generaciones de mexicanos, en el cual invita a todas y todos a no seguir sus pasos, a evitar involucrarse en este mundo que –probado está—nunca deja nada bueno, más que argumentos para narco series de plataformas digitales de televisión.

Ojalá haya más que les hagan caso a este sujeto, porque tiene razón cuando recomienda no caer en la tentación de este falso paraíso en el que la verdad siempre será superada por la realidad, una realidad en la que se puede perder todo: la libertad o la vida. No hay más camino.

El riesgo de la regulación en internet

Hablando de limitaciones y medidas gubernamentales, la Presidenta de México presentó ayer de manera informal una primera propuesta para regular en este país lo que se publica en internet, lo cual no está en esencia mal, pero sí requiere de poner mucha atención pues existe una delgada línea que divide la acción de los gobiernos totalitarios que no solo regulan, sino que de plano limitan ese canal internacional de difusión e información que representa la red de redes, y lo que es una verdadera regulación preventiva para evitar excesos y, sobre todo, afectaciones a las nuevas generaciones.

El primer punto a discusión es el que tiene que ver con el tiempo de exposición de las personas a los contenidos de internet. Ahí es la primera cuestión importante, por qué quién es el sabio que va a determinar, con bases científicas, cuánto es bueno que las nuevas generaciones estén expuestas a la red de redes.

El internet es, en esencia, un campo libre para la expresión de las ideas, para los contenidos informativos y para la diversión en todas sus expresiones, así es que debe quedar muy claro quién o quiénes se convertirán en esa Santa Inquisición capaz de normar quién sí y quién no pueden acceder a internet, por cuánto tiempo, qué clase de contenido podrá ver cada persona, y, quizá lo más importante, cuáles serán los mecanismos para asegurar que las personas respeten las reglas que se impongan en este sentido.

Internet contra wi-fi y ahora una posible ley.

Hay gobernantes a quienes la tentación de convertirse en prácticamente dioses les llama mucho la atención, pero, a ellos, habría que recordarles que tenemos muchos ejemplos ya en la historia y en la misma literatura de seres que nacieron por experimentos de algunos locos que, tarde o temprano, se voltearon contra sus propios creadores y los aniquilaron. Normar libertades es una obra de dioses que siempre tendrá sus riesgos, jugar con esa esencia tan cercana a los seres superiores no es recomendable. En las libertades, más vale el exceso en las libertades, antes de que muramos por nuestras propias limitaciones.

Los tiempos de exposición a la tecnología, sus contenidos y el desastre en que hemos convertido hoy las redes sociales, nos hablan de un ente muy difícil de domar, por lo que es mucho mayor riesgo para la humanidad caer en ese exceso del control.

Hoy el gobierno, y específicamente la Presidenta de México, deben concentrarse en administrar y regular aquello que está a su alcance en realidad controlar, y no jugar a ser dioses para asumir el control de un ámbito en el que se tiene muy poca capacidad para definir reglas, estándares y formas de control sin incurrir en excesos.