LA ECONOMÍA DEL MIEDO…

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“El delito responde también a incentivos: beneficios esperados, probabilidad de detección y castigo”

                                                                      Gary S. Becker        

EL IMPUESTO CRIMINAL QUE EMPOBRECE A MÉXICO: Imagine, o, mejor dicho, contemple, porque es real, a una familia que abre una tienda. Invierte sus ahorros, compra refrigeradores, contrata a un empleado y comienza a prosperar. Una mañana llega un desconocido y le dice que “viene por su parte”, cándidamente el dueño pregunta si invirtió o trabaja en el pequeño negocio y la repuesta es una amenaza directa, “no, pero si no paga, mañana no abre”.

La familia cancela la compra de otro refrigerador. Después despide al empleado. Finalmente cierra. El delincuente obtuvo dinero unas semanas; la comunidad perdió un negocio, un empleo y producción futura. Esa es la economía del miedo.

EL COSTO VISIBLE Y EL INVISIBLE: Un robo destruye patrimonio. Una extorsión desvía recursos. Una “mordida” encarece trámites. Pero la inseguridad también obliga a instalar cámaras, contratar vigilancia, pagar seguros y modificar rutas. Peor aún, cancela inversiones antes de que aparezcan en cualquier estadística.

El Instituto para la Economía y la Paz estimó para 2024 un impacto económico de la violencia en México cercano a 4.5 billones de pesos, aproximadamente 18% del PIB, según su metodología. No es dinero literalmente robado ni una pérdida directa equivalente del producto, incorpora costos directos, indirectos y efectos multiplicadores.

El INEGI estimó que en 2023 la inseguridad y el delito costaron a los establecimientos económicos 124,300 millones de pesos; alrededor de 67,200 millones correspondieron a prevención. Son recursos que pudieron financiar maquinaria, capacitación o crecimiento y para el bolsillo del consumidor, bajar los precios.

EL LIMÓN: CUATRO PESOS DE MIEDO: En Michoacán, productores de limón denunciaron en 2025 exigencias criminales que podían alcanzar cuatro pesos por kilogramo en distintas etapas de la cadena. Un productor con cien toneladas -cien mil kilogramos- enfrentaría, bajo este escenario, una cuota de 400 mil pesos. 

El kilo de limón cuesta hoy 40 pesos, el 10% es contenido de miedo 2.5 veces la inflación y una reducción de igual tamaño del PIB y de la inversión.

No es salario, fertilizante, transporte ni impuesto legal; es dinero exigido mediante amenazas. Investigaciones periodísticas han estimado montos anuales multimillonarios para la extorsión limonera en ciertas regiones; son estimaciones, el crimen y la estadística manipulada ocultan la realidad.

El productor puede invertir menos, contratar menos, abandonar la cosecha o trasladar el costo al precio, depende de oferta, demanda y competencia. El daño económico existe aun cuando el consumidor no vea un concepto llamado “derecho de piso” en su recibo.

EL AGUACATE: EL MIEDO TAMBIÉN SE EXPORTA: El aguacate es una historia mexicana de éxito agroexportador. Sin embargo, la violencia amenaza a productores, empacadores, transportistas y trabajadores. Una investigación de agosto de 2026 señaló que 166 de 219 carpetas por extorsión examinadas en Michoacán correspondían a municipios de la franja aguacatera: aproximadamente 76%. 

Cuando la inseguridad interrumpe una cadena de exportación, no pierde solamente el agricultor. También el jornalero, el transportista, el empacador y el comprador. Y si aumenta la incertidumbre, los clientes pueden buscar proveedores o productos alternativos que sacan del mercado al productor o generador de servicios.

EL IMPUESTO QUE NO FINANCIA SERVICIOS: El derecho de piso opera como impuesto clandestino, pero no financia bienes públicos legítimos. Puede, por el fortalece organizaciones criminales. El productor paga impuestos al Estado y además una cuota al extorsionador, sin garantía alguna de que mañana no exijan más, los dos son costos que inciden en el precio y los paga el consumidor.

Gary Becker explicó que para entender el delito debemos observar incentivos, probabilidad de detección y sanción efectiva. Douglass North mostró cómo instituciones y derechos de propiedad condicionan costos de transacción y desempeño económico. Juntos ayudan a comprender por qué la impunidad no sólo afecta a las víctimas, también altera decisiones de inversión, adiós crecimiento económico.

Hay ejemplos claros de fábricas rentables que planeaban ampliarse. Tienen mercado, tecnología y financiamiento, pero reciben amenazas y cancelan sus proyectos. No aparece un robo nuevo en la estadística; sin embargo, desaparecen empleos, producción e impuestos que nunca llegarán a existir.

DE FONDO

La delincuencia no sólo transfiere ilegalmente riqueza: también impide crearla. La inseguridad eleva costos, reduce competencia y desalienta inversiones. Afecta al crecimiento económico, ¿usted invertiría hoy en Culiacán?, ninguna estrategia de productividad está completa cuando trabajar exige pagar protección clandestina.

México necesita medir también los negocios que cierran, inversiones canceladas, rutas abandonadas y horas productivas perdidas. Debe fortalecer investigación y sanción, proteger corredores productivos, seguir el dinero de las extorsiones, facilitar denuncias seguras y combatir complicidades institucionales. La seguridad no es únicamente un asunto policial: es condición para producir y competir.

DE FORMA

El productor de limón revisa sus cuentas: Fertilizantes, pagados. Trabajadores, pagados. Transporte e impuestos, pagados. Aparece un individuo: “Falta mi parte”. ¿Usted sembró? No. ¿Cosechó o transportó? Tampoco, solo que, si no paga, no produce… o peor aún, peligra su vida y quemamos su negocio.

El agricultor descubre a un socio singular, no invierte, no trabaja, no asume riesgo empresarial y cobra primero. En la economía tradicional, quien produce espera obtener utilidad. En la economía del miedo, quien amenaza exige cobrarla antes.

Podemos discutir impuestos, salarios y competitividad. Pero mientras producir signifique enfrentar cuotas criminales, habrá una factura adicional que ningún presupuesto ni estadística reconoce plenamente.

La próxima vez que vaya al supermercado, revise su cuenta. Una parte corresponde a lo que compró; otra podría corresponder al miedo que alguien tuvo que pagar para producirlo y llevarlo hasta usted. Lo malo es que ese impuesto clandestino no aparece desglosado en el ticket.

DEFORME

En México, hasta el miedo viene incluido en el precio; aunque nadie nos diga cuánto cuesta, y peor aún, la mayor pérdida económica que provoca la delincuencia no siempre es lo que nos roba, es la pérdida de vidas y todo aquello que, por miedo, dejamos de producir o los servicios que dejamos de recibir.

Feliz día de muertos… que no sea de miedo.