Otros Escritos de Sabiduría
Las vicarías foráneas en la diócesis de Toluca. / Antecedentes y permanencia de una forma de organización pastoral es otro documento de 15 páginas escrito por Gerardo Pérez Silva, como prueba que sus investigaciones son materia seria para comprender el desarrollo de la fe católica en el Valle de Toluca; entendiendo que esta territorialidad del Valle de Toluca abarca por igual el norte y sur de la entidad más acá de la Marquesa que se considera, tal y como lo dice el escritor Benjamín Araujo: La Marquesa es nuestra muralla China con respecto al Valle de México y la capital del país. En su Introducción, Gerardo dice: El estudio de la organización territorial con la que se constituye una diócesis resulta importante para conocer una parte importante de su historia eclesiástica. Saber cómo se establece la jurisdicción de gobierno episcopal y se desarrolla la labor pastoral. También brinda la posibilidad de tener un conocimiento del proceso histórico diocesano.
El listado que al seguir leyendo las páginas comprueban un estudio riguroso de lugares y nombres de sacerdotes que se han encargado de las vicarías respectivas. Es importante lo que Gerardo escribe: La diócesis de Toluca fue erigida por Pio XII en 1950. Para la composición de su territorio fueron desmembradas 12 vicarías foráneas de las 24 que formaban el arzobispado de México. Prácticamente estas 12 vicarías foráneas le dieron fisonomía a su geografía eclesiástica. Tan sólo de pensar en estos territorios que demarcan una fortaleza que tiene la Iglesia Católica a nivel mundial. Pues desde el Vaticano, el santo Papa dirige una organización que alcanza todos los confines del mundo; aunque ciertamente en el mundo occidental es donde existe mayor fe cristiana.
La manera de explicar sus investigaciones es otra cualidad de Pérez Silva que hace que la lectura sea gozosa, cito: Este modo de organización se remonta a 1818, cuando el arzobispo Pedro José de Fonte estableció la figura de los vicarios foráneos, con el fin de que algunos clérigos pudieran fungir como delegados del mismo en una cierta subdivisión territorial compuesta por un número determinado de parroquias y vicarías fijas. Al vicario competía ser delegado del obispo en su propia demarcación. El estudio de la Iglesia Católica en su estructura administrativa y pastoral es un ejemplo de gobierno que sigue asombrando a propios y extraños. El estudio de ello, por lo mismo, es ejemplo en la sociedad moderna.
El tema de Las vicarías foráneas en el arzobispado de México, Gerardo cuenta: Para el contexto históricos en el que surgen las vicarías foráneas y que corresponden al periodo de gobierno del arzobispo Pedro José de Fonte, a inicios del siglo XIX, el espacio geográfico que ocupaba el arzobispado de México abarcaba un extenso territorio donde se encontraban establecidas 242 parroquias (1), distribuidas en tres zonas: la primera, al norte, que comprendía la Sierra Gorda y la Huasteca, que se caracterizaba por su baja densidad demográfica, cuyas parroquias se encontraban dispersas en la Sierra Madre Oriental y en condiciones físicas difíciles. La segunda, al sur, en las costas del Pacífico, con similares características, en tierra árida, humedad y agreste (2). La tercera zona, en el centro, rica en recursos naturales y densamente poblada, donde se encontraban el mayor número de parroquias: más de 160, las cuales eran demandadas por los eclesiásticos, a diferencia de las ubicadas en las dos zonas anteriores que por sus condiciones demográficas y geográficas eran difíciles de administrar.
242 parroquias de las cuales más de 160 estaban en el centro del país. Esto hace pensar cómo es que en dos siglos el centro del país atrajo todo aquello que ha formado el México contemporáneo, creando un centralismo de negativas consecuencias. En el centro de la Mesoamérica indígena después de varios siglos venimos a hallar un país mestizo cuyo centralismo va contra las reglas del liberalismo, la federación y la propia República. Habiendo ganado en política los liberales terminaron siendo centralistas en los hechos de nuestra historia reciente.
Es un tema ajeno al asunto que trata Gerardo, pero nos hace ver en el tema de la administración de lo humano, que no es fácil crear condiciones donde lo humano encuentre su mejor desarrollo. En el caso de las vicarías, resulta sorprendente cómo es que han logrado crear condiciones de admirable presencia en miles de poblaciones de este país y en el mundo Iberoamericano en general. El estudio de este tema tiene aquí múltiples datos y nombres de vicarías y encargados de las mismas, así como sus tareas que son de primera importancia.
Leer a Gerardo Pérez Silva como cronista e historiador es un camino en el que todo lo relacionado con la Iglesia y su historia en el pueblo de México obliga a comprender el amor que le tiene al tema. Me llama la atención su texto titulado: La visita pastoral del arzobispo Labastida y Dávalos a Toluca (1866), es un relato o prosa para leer con afecto, dice: A mediados de 1866 el arzobispo de México, don Pelagio Antonio Labastida y Dávalos practicó una visita pastoral al curato de Toluca; visita que se desarrolló en varios momentos. Esta visita pastoral es significativa porque nos permite conocer el escenario pastoral del curato de Toluca, en el contexto del Segundo Imperio, así como las repercusiones que esta Visita tuvo para el devenir histórico de la Iglesia en esta región.
Es tanto lo que sabe el cronista Gerardo Pérez Silva, que la sola lectura de sus diversos temas de investigación son una manera concreta de comprender el largo camino que la Iglesia ha tenido desde la llegada en 1524 por la orden de los Franciscanos a Toluca. Me interesa en este caso, citar el final de su texto: Ya para la segunda Visita Pastoral practicada por el arzobispo Labastida al curato de Toluca, en junio de 1881, en el auto de visita se externa que el arzobispo visitó <<la obra del nuevo templo, mirando el adelanto que en ella se ha hecho a pesar de las grandes dificultades con que han tenido que luchar el párroco y las personas de la Junta establecida para llevar a cabo dicha obra>>. Finalmente, aunque el deseo de Labastida de formar dos diócesis más sólo se concretizó, años después, con la erección de una: la diócesis de Cuernavaca en 1891, Toluca tuvo que esperar 84 años para ser sede episcopal, mientras, todo este tiempo todavía tuvo que formar parte de la jurisdicción del arzobispado de México. Como toluqueño siempre me pregunté por qué tanto se tardó la ciudad capital en tener su catedral. Aquí la razón.

