DOS POEMAS SOBRE LA INICIACIÓN SEXUAL

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EL ALBA SEXUAL

 

Fluyen mis manos en tu tronco

como dos ríos, mojándote, haciéndote reír.

Es mi cuerpo de tierra, mi geografía de sangre,

mi palabra de pájaros lo que amas de mí para que pueda

acariciar tus cortinas de terciopelo, lamer tus bembos de cereza,

abrirte como un telón, tocar tus paredes internas.

Te abrazo en este mar de objetos al aire

donde está todo suspenso. Eres lo que permanece:

árbol al que me aferro, mástil que dirige mi barco a tierra firme,

verga imantada de regresos.

Te encuentro seguido de una cauda de polen, ámbares,

sonidos corporizados y piedras preciosas,

brillando como un follaje de fosforescentes algas:

mi bosque de símbolos.

Fluyo en ti exquisitamente, fuerza hermafrodita,

confort del río en su cauce, cofre que resguarda el tesoro;

medicina de glicerina, alcanfor, menta y alcohol.

Me desnudo ante ti estremeciéndome entero,

conteniendo tu sístole de ojos insomnes.

Me hablas con signos que intuyo ofuscado,

voz que me penetra con su luz, digna lumbre.

Alba sexual: carne que se palpa, inocencia que se acaba.

LA PRIMERA VEZ

La primera vez eres barro dócil,

fruto que se desgaja y ofrece, cirio que se inmola.

Las hormigas de tu pulso encuentran su guarida

abierta a todos los hurgamientos: las emancipaciones.

El temblor en tus ojos: gelatina de hados

cediendo al recoveco tibio en el ensueño

donde caben dos ya sin mutilación.

La primera vez das tu corazón para que el otro lo coma

y exprima en ti un nuevo bautismo.

Irás tras de él, unos días o años quizá,

como sigue el recuerdo

la estela de una estrella que cae al mar.

¿Hay permanencia?

Te escondes; dejas actuar al hambre:

succionas el pezón,

viertes aquella sangre en labios trémulos,

acaparando la delicia

de romper una argolla de la privación.

Eso que te quiere pulsó tus cuerdas.

Te hará seguir las huellas, en ti, hacia otro,

para que repitas esa satisfacción provisoria

que exige de ti el sacrificio inmemorial

en que el mozo crecido dispensa sus licores.

Dos voluntades que se favorecen por apremio…

Porque el amor aún es algo más extraño

que quizá sólo existió en los libros.