APUNTES SOBRE LA MAGIA

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Esa música sacra

Que huele a palo santo

Que poseé esa dignidad de la espalda recta

El orgullo de no parpadear

Reemplazado levemente por una venia en diagonal

que saluda de verdad

Ese silencio amable

Y ese vaho tibio que sale de tu boca

Con olor a tamarindo por supuesto.

Han de ser cosas absolutamente mágica(s) -es la palabra-

Porque siempre estuvieron mezcladas

Con tu melodías metálicas

Llenas de olor a tu flor más interna y de

Cuatro pétalos mayores y menores,

Así, como cuando tu espalda se doblaba tanto

Que más dentro tuyo ya no podía estar

Con los ojos abiertos

como muñeca barata que no pestañea

intercalada con tus párpados que se abrían

más rápido que las alas de un colibrí con mucha prisa,

cuando estabas por estallar

cuando el placer no te soltaba ni tu querías que lo hiciera,

sin venia que valga,

es más,

todas las venias,

para hacerlo todo,

más tu silencio sin pronunciar una sola letra

cuando más lejos, quizá en el límite de tu profundidad

me halle, feliz con tu tibieza que empieza a quemar un poco, y

además de además,

ese vaho

que me inflama

que me hace gigante

como si las arterias se pudieran volver,

en una micra,

amazónicas con sus vertientes blancas

de humo azul, como si fueras

un dragón hembra,

más hembra que nunca,

sin algo más que sangre,

como si ese líquido que se reproduce,

te blanquée el cuerpo,

y con todos tus olores,

entrando por todos lados,

desde los poros hasta los ojos,

en una deliciosa, pacífica, y por eso,

arrebatada,

muerte,

y yo por supuesto,

contemplándote.