¿Qué nos pasa?
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La pregunta está en el aire. Veo la foto del muchacho, atado a un poste e imagino que del otro lado de la cámara existe gente esperando a lanzarle piedras.
Siento una especie de malestar, de escozor, de escalofrío.
Puede ser un ladroncillo, un ladronzuelo o un ladrón bien entrenado.
A ese extremo se llega cuando pierdes la fe en la autoridad, cuando la justicia nunca llega. Cuando te cansas de tener la bota de tu opresor en la yugular.
A ese extremo se llega porque estás harto de someterte, es un ¡Basta!
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Mencionas en tu comentario el tema de exhibir a los deudores de pensión alimenticia. El detalle es por qué tendrían que existir si al final del día se tienen valores, se tiene una educación, una formación, todos tus actos que hablan por ti, de ti. No imagino la vida de aquellos que se atreven a negar a sus hijos, a no estar al pendiente de sus necesidades. ¿Podrán dormir? ¿Comer? ¿Respirar?
Y claro que lo hacen, es más hasta se pavonean en las calles de la ciudad y exhiben a sus conquistas en turno.
Entonces, te preguntas en tus adentros, ¿dónde están todos los sentimientos? ¿las emociones? ¿eso que la gente dice… la sangre llama? ¿En verdad llama?
He sido espectadora de toda clase de historias, desde la mujer que abandona todo, del hombre que hace frente a las responsabilidades, la mujer que se queda con tres hijos y sale todos los días a trabajar para sostenerlos. La que aborta porque su pareja de plano le dice que no puede hacerse responsable de otra criatura.
Sin embargo, la triste historia de los adeudos de pensión alimenticia. Pienso que podríamos hacer muchos capítulos en alguna serie de renombre, en donde se exhibiría la dejadez y la forma en la que evaden la situación y te apuesto a que resaltaría todas esas mujeres que salen todos los días con su traje de heroínas para sacar adelante a sus hijos.
Puedo contarte que la otra vez iba en el autobús, un señor platicaba con su compadre; el muy gañán le decía que buscaba trabajos informales donde podía evadir el descuento de pensión alimenticia, porque aquella mala mujer lo quería dejar en la calle. Y así como ésa, han de existir infinidad de historias.
No sé si exhibirlos públicamente tenga caso, ¿sentirán vergüenza? ¿Sentirán algo? O simplemente son seres sin escrúpulos.
Al final, se colocan en su papel de víctimas, de pobrecitos.
Lo cierto es que muchos deciden tapar el sol con un dedo, negar que a los hijos y muchos hasta tienen el descaro de casarse. No imagino estar en el pellejo de esas mujeres que de pronto se instalan en un cuento de hadas y se comprometen con hombres que evaden sus responsabilidades. He sabido de muchas que los defienden a capa y espada. Pero no te detienes tanto en esos episodios. Porque todo esto no es todo ni es tanto. Pienso que las relaciones humanas son tan complicadas, que la víscera es la víscera y en un momento de emoción eres capaz de todo.
Siento repudio por los que son, como dice mi abuelita: faroles de la calle y oscuridad de sus hijos.
También puedo contarte la otra cara de la moneda, de las personas que son separadas y que están al corriente, no sólo en la manutención de sus hijos, sino de todo lo que conlleva, estar al pendiente en su educación, convivir con ellos, etc, etc.
Sirva este comentario para agradecer a todos los que agarran al toro por los cuernos, a los que sea cual sea la circunstancia se quedan, afrontan y no tapan el sol con un dedo.

