El caracol, la trompeta más antigua la espiral espiritual… esencia de Quetzalcóatl

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En momentos me llegan emociones y sensaciones de una especie de llamado de la madre Tierra, de nuestro hogar. Así es que se me ocurre preciso conversar acerca de la música en el espíritu mesoamericano. Sin duda es allí donde florecieron culturas musicales multifacéticas que tienen un eco en este llamado. Ahí están los sonidos del ambiente natural haciendo compás con la música instrumental y vocal emanadas de conceptos religiosos.

 

Un elemento que siempre formará parte de la música al mismo tiempo que tiene una historia propia, que tal vez tenga algo más de significación que la emanación de un sonido que se pudiera asemejar al canto de un jilguero mostrando su presencia. Así es que hay que decir que mientras los instrumentos musicales tenían raíces mitológicas, sus sonidos más sagrados se entendían como las mismas voces de los dioses, inclusive estos elementos divinos llegaban a ser adorados al lado de estatuas de los dioses de la música y la danza que flanqueaban templos y altares dedicados a estos sagrados hacedores de sonidos.

 

Sin embargo, no se salvaron de aquel tsunami que pasa sobre toda cultura y sus elementos adheridos, su propia evolución. Por ejemplo el refinamiento de la creación cerámica de vasijas fascinantes, que rellenas de líquidos y tal vez con forma de perro con máscara antropomorfa al ser movidas y con la complicidad del viento hicieran el milagro logrado por los silbatos que están como anexadas a las orejas caninas.

 

Se trata entonces de una vasija zoomorfa que podría haber tenido su hogar en Tlatilco, Estado de México, tal vez desde el preclásico. También podríamos señalar acerca de las trompetas de caracol, un instrumento cuyas vibraciones sonoras llegaban lejos, resultaron también de gran importancia para el culto. Inclusive las figurillas de Tlatilco son representantes genuinos de músicos con sonajas, tambores y flautas, lo cual ya indicaba una alta complejidad musical en el preclásico medio. Las flautas también tendrían una representación de seres divinos como lo eran las aves, los felinos y las serpientes.

Por otra parte en mesoamericana la música era un medio de expresión de carácter comunal, así que debía ser interpretada en grupos en donde ya se daba la fusión de los instrumentos con las voces de los cantos, para algunos como la R, sólo tal vez, un instrumento sagrado más. Por si fuera poco estos también se alían con la danza. Esto sin olvidar la gran relevancia de los considerados como divinos, por ejemplo, el huehuetl y el teponaztli eran dioses que vivían un exilio terrenal, por lo tanto eran tratados como imágenes mismas de algunos dioses.

 

Como instrumentos musicales poseían el poder de traspasar el umbral de lo sobrenatural para crear estados emocionales, que, por qué no, podrían llegar a tener resultados hipnóticos, que en comunión con el lenguaje podrían acercarnos a un conocimiento supremo de los dioses. Así es que  el arte y el culto están algo más que fundidos. Incluso, el sentido de la belleza se rinde ante la eficacia religiosa. La música es entonces un elemento intangible de lo sagrado.

 

Ahora bien, para entender el pensamiento musical prehispánico, no basta comprender los medios musicales escolásticos, ya que, por ejemplo la repetición del mismo sonido, diseño rítmico o melódico, conocido técnicamente como ostinato y pedal, son efectos característicos de la música prehispánica.

 

Vale la pena señalar el valor simbólico de algunos de los instrumentos, por ejemplo, las sonajas los silbatos y los tambores se asocian con lo sobrenatural dado su carácter rítmico y vital. Más impresionante la R recalca al caracol, sin duda la trompeta más antigua de origen inmemorable está relacionada con uno de los atributos esenciales de Quetzalcóatl. Como símbolo de fertilidad y de renacimiento espiritual, se manifiesta en todos los niveles cósmicos, prueba de ello es la forma del caracol que es en espiral, de tal suerte que se convierte en el soplo divino de palabra creadora, así de esa manera es su sonido divino que preside la creación de los dioses. Entonces cuando el hombre moduló la palabra se genera el canto y la poesía, la espiral del caracol le susurró al corazón del hombre.