¡Ya basta!

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Lo acontecido en Torreón el viernes pasado, no sólo fue un verdadero infierno,
sino la muestra más clara de la hipocresía y testarudez con la que actúan nuestra
sociedad mexicana. Que un menor de edad, de sexto de primaria, haya tenido la
determinación para llevar dos armas en su mochila y utilizarla para agredir a sus
compañeros, matar a una maestra y luego quitarse la vida, no es más que el
reflejo de una cadena desafortunada de desatinos que, tristemente, se replican en
todo el territorio nacional.
Ante situaciones así, tendríamos que gritar como sociedad ¡ya basta!
Ya basta de la estúpida actitud de muchos padres de familia que se sienten
ofendidos porque a sus angelitos les revisan las mochilas; versa el adagio, el que
nada debe, nada teme, y si están tan seguros que sus hijos son blancas palomas,
¿Qué les quita que se revisen sus cosas?, ¿Qué pretenden esconder?, ¿Qué
tratan de ocultar?. Entiéndanlo, esa necedad puede acabar en tragedias como
ésta.
Por ley debiera estar legislado que, si un padre de familia se niega a operativos
como Mochila Segura, debería firmar una responsiva en la que quede
perfectamente claro que, en caso de haber alguna situación grave por los
juguetitos que trae su retoño, los responsable directos son ellos, con las
consecuencia legales que eso implique. No quiere firmar, negar la inscripción al
menor.
Ya basta de una perversa postura de los defensores de los Derechos Humanos
(incluidas las Comisiones) que argumentan que ante una revisión de mochilas, se
están violentando los derechos de privacidad de los menores. Casos como éste,
evidencian que hay gente desquiciada, y que más vale prevenir que lamentar.
Además, es una situación común, ¿por qué en los aeropuertos no decimos nada?
Citando a los clásicos, los derechos humanos son para los humanos, no para
quienes tienen instinto animal y lo evidencian en tragedias como la aquí referida.
Ya basta de padres omisos, que prefieren su vida social por encima de sus
responsabilidades, recuerden que éxitos o fracasos de los hijos, mientras vivan en
el mismo techo, son competencia absoluta de sus padres. Si un niño llega tarde la
escuela, no es porque él quiera, es porque atrás hay un adulto que no los lleva

con tiempo; si un niño reprueba, no es por su incapacidad, es porque sus
progenitores seguramente no están con ellos e ignoran lo que traen de tarea.
Ya basta de padres ausentes, que en público se venden como modelos
irrepetibles, pero en la intimidad de su día a día prefieren la reunión, el café con
los amigos o la función de cine. Personas que hacen hasta lo imposible por no
estar en sus casas, delegando todas las responsabilidades que no asumen a las
abuelas o al primer incauto que se les ponga enfrente.
Justo aquí se gestan las verdaderas tragedias, cuando el padre o madre quieren
seguir viviendo su vida como si no tuvieses hijos. Al tiempo, estas desatenciones
acaban en lo que hoy indigna a una sociedad completa.
Ya basta de simulaciones, ya basta es inconciencia, ya basta de permisividad, ya
basta de no poner límites, ya basta de fingir ser lo que no somos, ya basta de
irresponsabilidad, ya basta de falsas pretensiones, ya basta de seguir fallando
como entes y como sociedad.

horroreseducativos@hotmail.com,
davidalejandrodiaz.blogspot.com