Escribió por hambre y se volvió novelista y poeta, Hernán Rivera
Su rostro moreno y surcado, primero por los excesos de ser hippie, después por el trabajo en las minas salitreras de Algorta, en el norte chileno, denotan el paso del tiempo en Hernán Rivera Letelier, escritor chileno originario de Talca, donde vio la luz primera el 11 de julio de 1950.
Ganador del premio novela Alfaguara 2010, con su libro El arte de la resurrección, le pregunto
¿Con la aparición de escritores de novelas en Chile, ha desaparecido la tradición con la poesía?
Que haya desaparecido no. Se sigue creyendo y creando mucha poesía, lo que ha desaparecido un poco, es el nacimiento o la aparición de grandes poetas como los de antes, esos monstruos que surgieron de pronto en Chile en poesía, como Pablo de Rokha, Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Nicanor Parra.
Las generaciones nuevas están escribiendo mucha poesía, pero no hay ninguno que sobresalga a esos niveles.
¿Por qué razón?
Difícil contestar esto, por qué razón, ojalá que sea un breve receso, ojalá que se esté acumulando energía, que se esté acumulando poesía…
¿Es porque no ha nacido todavía el que trae ese talento o porque se puede hacer ese talento?
Seguramente hasta esté, seguramente está escribiendo y seguramente la gran poesía de Chile ahora está inédita, vaya uno a saber.
¿El hecho de recorrer diversas regiones de su país le permitió tener un bagaje cultural para escribir su libro?
Mi país lo conozco casi entero, pero me crié en el norte del desierto de Atacama y mi novela transcurre casi toda en ese desierto que lo conozco como a mí mismo.
Por cierto es el mismo desierto, me dicen, que cada siete años llueve una sola vez y florece.
En este desierto donde nunca he visto llover, creo que en el libro Guiness de Récords aparece algo que en ciertas zonas ese desierto hacía 600 años que no llueve.
¿Cómo descubrió Hernán Rivera su vocación de escribir?
Por hambre!, una noche en la playa, cuando era hippie, vagabundo, era joven, bello, inmortal, tenía 18 años, andaba con una mochila al hombro, recorriendo mundo y en una playa, una noche, durmiendo con una radio portátil escuché un programa de poesía, el primer premio era una cena y nosotros éramos dos compañeros que andábamos, hacía una semana que no comíamos nada contundente, escribí un poema y me gané la cena.
Escribí para ganarme la cena.
¿O sea que ha escrito siempre para ganar premios?
Ese fue el único poema o lo único que he escrito para ganar premios, ya después escribía porque descubrí que lo mío era hacerlo, lo hacía bien y lo mejor de todo que me sentía bien realizándolo.
La pregunta anterior fue porque ha ganado premios del Consejo Nacional del libro en Chile, de la Revista de El Mercurio, el Alfaguara y al Mérito Literario Internacional.
Y también ha sido diputado por Antofagasta.
¿Por qué dejó de ser hippie?
Ya no me visto como hippie, pero de pronto me dicen que no es hippie, el hippismo no se cierra nunca, el verdadero hippie, considero que, sigo siendo un trasplantado de la década, no uso reloj, no uso corbata, no uso tarjeta; mi chaqueta y los jeans, es todo.
¿Es verdad que cuando usted escribía no lo decía entre sus compañeros mineros, porque lo podrían criticar?
Estábamos en un mundo machista. En el mundo de los mineros el hombre era rudo, fuerte para el trabajo, de pronto aparecía uno escribiendo poesía, era raro, era extraño, entonces habría que escribir a escondidas.
¿Le decían que era del otro lado, maricón?
La poesía era de señoritas o de maricones.
Hasta que participé en un concurso de poesía, lo gané y aparecí en el diario.
¿Ahí qué le dijeron?
Al día siguiente me pusieron el sobrenombre, llegué a la mina y venía un camión lleno de mineros y en cualquier otra parte me hubieran puesto el Pablo Neruda, allí no, el camión lleno de trabajadores y me gritan al unísono, adiós Gabriela Mistral.
¿Por qué fue a parar entre los mineros?
Porque mi viejo fue minero desde siempre, murió de la neumoconiosis, una enfermedad de los mineros, me críe en la oficina, no había de otra que ser minero, el destino de todos mis amigos, hijos de mineros, era entrar a sacar a la mina.
Yo también lo hice, pero yo había el proyecto mío, era el arte…
¿Qué escritores nutrieron o influyeron en su imaginación para convertirse en novelista?
Los primeros escritores que leí y que seguí leyendo y que los leo siempre, son los de escritores del boom, del boom americano, Mario Vargas Llosa, Juan Rulfo, Gabriel García Márquez, Jorge Luis Borges, Leopoldo Marechal, José Lezama Lima, Guillermo Cabrera Infante, Mario Benedetti.
¿Usted al ser contador de historias, producto de la literatura oral, cómo logra estructurar sus textos para que no pierdan fuerza emotiva y logren interesar a los lectores?
No tengo la menor idea. Soy como el cientopie, el ciempiés, mejor dicho, que puede andar y poner sus 100 patas perfectamente hasta que le preguntan cómo le hace, el tipo trata de estirarse se tropieza y se cae.
Si no me lo preguntan, lo sé, si me lo preguntan ya no lo sé. Soy un práctico no un teórico, escribo por instrucción y como no estudié nunca, nada, que tenga que ver con la dura boleta, soy práctico.
La diferencia entre un escritor y yo, es que el escritor intelectual cree en lo que escribe, cree en sus títulos, yo no creo en los libros, tengo fe, en qué tengo fe? en mi intuición, mi imaginación, en mi memoria.
¿Cómo surgió el título de La Reina Isabel…cantaba rancheras?
Esa novela me llevó cuatro años en escribirla y la escribí con un título promisorio, cuando la terminé y aparece el concurso, aparece un premio en mi país, el premio más importante en novela, quise mandarla, pero no me gustaba el título y en un viaje que hice hasta las minas, hasta el puerto donde vivo ahora, me llevé un papel y dije de aquí tengo que encontrar el título y lo encontré.
Por cierto, esta novela fue llevada al teatro. Algunas al cine, como el caso de La contadora de películas cuyo guión es trabajado por Walter Salles.
¿Podría existir alguna conexión entre tu novela La contadora de películas y la de Manuel Puig El beso de la mujer araña, por la razón de que en ambas se cuenta una serie de películas?
Pareciera, pero hay una tremenda diferencia. El tema es el mismo. Contar películas, con la única diferencia de que en mi novela no se cuenta una sola puta película y el lector no se da cuenta, el lector ya me lo han dicho, oye terminé el libro La contadora de películas y realmente después de la relectura, no se cuenta ninguna película.
Se dice que la niña está contando películas, pero no te las cuenta.
¿O sea de la misma forma que me está platicando, se divierte cuando está escribiendo?
Si no me divirtiera, si no gozara, si no sintiera placer no sé que diría; y si no la barajará bien, haciendo entrevistas, tampoco lo haría, lo tomo con mucho humor siempre, cuando me llegó esta cosa que llaman éxito, que llaman fama, hay dos caminos o me convertía en un soberbio o lo tomaba con buen humor.
¿El hecho de vivir en una zona alejada de las grandes ciudades, le dio la opción de convertirse en escritor?
Creo que sí, fue fundamental, no había nada que interviniera entre tú y tu pensamiento, entre tú y tu punto interior, al contrario, el desierto te llevaba a eso, a descubrir tu mundo, a conocerte, las minas y la soledad fueron fundamentales.
¿Hay otra semejanza entre el Cristo de Elqui y algún libro de Vargas Llosa, la Guerra del fin del mundo?
Las semejanzas que puede haber entre todos los libros que se han escrito, la historia de un mesías, de un Cristo, de un iluminado, ésa es la única semejanza, que estamos contando la historia de alguien que se creía mesías.
Ahora la gran diferencia entre mi mesías, mi Cristo y todos los Cristos anteriores de la literatura, el Cristo de Israel o de los Evangelios, la gran diferencia es que este Cristo, este mesías, este iluminado es quien tiene la capacidad que no tienen los otros Cristos, de reírse, de tener sentido del humor.
Eso es lo que lo hace más humano que de todos los Cristos anteriores.
¿Se podría decir que las historias siempre se dan en todas partes y no son exclusivas de cierta nación?
De ninguna manera. Cuando anduve de gira por los países hispanos, casi en todos los países me contaban que ahí también, en tal tiempo, había habido alguien que se creía la reencarnación de Cristo, siempre en tal parte hubo alguna vez un mesías, un iluminado.
¿Cómo reaccionó al saber la tragedia hasta cierto punto que vivieron sus compañeros mineros, que estuvieron tantos días en el fondo de la tierra?
Primero con rabia, frustración, impotencia. Con rabia por lo que había ocurrido, por la sinverguenzura de los dueños de la mina. por el afán de rapiñar cada vez más, no se preocuparon por la seguridad de los mineros.
Por incertidumbre de que había heridos, que había muertos; después con alegría cuando se supo que estaban vivos, con llanto; y después, una emoción tremenda cuando empezaron a sacarlos.
Como lo dije en un artículo, fue una lección de humanidad, fue una lección de vida para la humanidad entera.
¿Cuál fue su reacción cuando ganó el premio Novela de Alfaguara 2010?
Creo que como todas las reacciones cuando a uno le pasa algo bueno, de incredulidad, aunque cuando mandé la novela, la mandé con la convicción absoluta de que iba a ganar, pero cuando me lo dijeron, no podía creerlo.
¿Lo que viene con ello, el dinero qué le pasó o qué le está pasando?
Qué le pasó, ya mi mujer se lo gastó.
¿Todo para bien?
Todo para bien, por supuesto.
¿Tiene en proyecto alguna nueva novela?
Acabo de terminar una, estaba trabajando en tres, acabo de terminar una y me quedan dos.
¿Ya tiene el título?
Creo que sí, pero no te lo puedo decir porque trae mala suerte.
Rivera Letelier está casado con María Soledad Pérez y han procreado cinco hijos.


