MEDIO AMBIENTE PARA LA JUSTICIA SOCIAL

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Los más pobres y vulnerables están afectados de forma desproporcionada por las emisiones tóxicas en nuestra atmósfera.  ¡Un planeta sin contaminación del aire y sin explotación de los recursos naturales es un planeta más justo!

La justicia social es un principio fundamental para la convivencia pacífica y próspera, dentro los países y entre ellos. Defendemos los principios de justicia social cuando promovemos la igualdad de género, o los derechos de los pueblos indígenas y los migrantes. Debemos de garantizar la justicia social cuando eliminamos las barreras que enfrentan las personas debido al género, la edad, la raza, la etnia, la religión, la cultura, discapacidad y medio ambiente.

La adopción de la Declaración de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre la justicia social para una globalización equitativa es un buen ejemplo de este compromiso ya que, a través de ella, se pretende garantizar resultados equitativos para todos a través del empleo, la protección social, el diálogo social, y los principios y derechos fundamentales en el trabajo.

La búsqueda de justicia social, que ofrece a cada hombre y a cada mujer en el trabajo la posibilidad de reivindicar libremente y en igualdad de oportunidades su justa participación en las riquezas que han contribuido a crear, tiene hoy tanta fuerza como cuando la OIT fue creada en 1919. La economía global ha crecido a una escala que carece de precedentes históricos. Si bien es cierto con el paso del tiempo y con la ayuda de las nuevas tecnologías, las personas, los capitales y las mercancías se mueven entre los países con una facilidad y una rapidez tales que han creado una red económica global interdependiente que repercute prácticamente en todos los habitantes del planeta.

A pesar de que la globalización ha brindado oportunidades y beneficios a muchas personas, pero al mismo tiempo millones de trabajadores y de empleadores de todo el mundo han tenido que hacer frente a nuevos desafíos. La economía globalizada ha desplazado a trabajadores y empresas a nuevos destinos, ha traído consigo repentinas acumulaciones o transferencias de capitales, y ha ocasionado inestabilidad financiera,

No obstante, de sus beneficios innegables, la globalización no se tradujo en una nueva era de prosperidad para todos. el medio ambiente es un poderoso indicador del modelo económico que lo genera. Por ello, no es posible mejorar el medio si no se apunta a un cambio de escenario que reúna justicia, equidad y sostenibilidad.

Se tiene que hacer valer la aplicación del derecho a la salud y a un medio ambiente sano para los ciudadanos, como una concepción de reivindicación social, un nuevo paradigma que da certeza y equilibrio sobre la distribución de las implicaciones ambientales positivas o negativas en un territorio determinado.

Sin embargo, con el paso del tiempo, la justicia ambiental aparentemente ha sido desarraigada del imaginario político, jurídico, administrativo y social, pues no obstante que ha sido insertada en documentos legislativos, programas gubernamentales y en el ámbito de las estructuras orgánicas de entidades públicas, en la realidad no se reflejan los postulados que dieron vida al movimiento, y como ejemplo se plantea el caso de estudio en el que se evidencia que a treinta años del nacimiento de la justicia ambiental, aún hay mucho por hacer para que ésta verdaderamente sea aplicada en nuestra vida cotidiana.

El hecho es que los líderes mundiales no tengan miedo de adoptar un nuevo modelo de desarrollo con una acción integrada en los frentes medioambiental, social y económico; y nosotros como ciudadanos también aportemos en una sociedad más justa y amigable con el medio ambiente en beneficio circular para todas las áreas en las que el ser humano se desenvuelve, incluso en el su trabajo con todas sus concepciones.

¡No puede haber empleos en un planeta muerto!