Contrastes reveladores
Es evidente que nadie estaba preparado para una situación como la que estamos viviendo; este encierro, parar quienes han asumido con responsabilidad la directriz del sector salud, ha permitido observar contrastes que, como suele ser en nuestro país, resultan evidentes y en algunos casos lastimosos.
Un primer ejemplo, que haya personas que se pasan por el arco del triunfo las indicaciones para quedarse en casa, evidencia las diferencias entre quienes tienen consciencia del contexto mundial y quienes viven a capricho. Este contraste ideológico se verá reflejado en un incremento mayor de los casos de covid, en tanto la indolencia no alcanza a ver más allá de la punta de la nariz.
Si usted pregunta, encontrará que muchos tienen que salir por cualquier pretexto: que tengo que ir al pan, que tengo que cargar gasolina, que tengo que ir al banco, que tengo que comprar un peluche, o cualquier nimiedad innecesaria. Obviamente se tiene que comprar alimento, pero ¿No es mejor en una sola salida hacer todas las compras necesarias?
Como la historia lo marca, es por los que sí cumplen por los que las cosas funcionan; lo curioso es que todo esos que omiten las reglas son los primeros en salir a protestar porque se sienten desatendidos, exigen lo que no están dispuestos a dar.
A la par, encontramos el eterno debate entre el decir y el hacer; aquellas familias que han vivido con armonía y respeto, no tienen problema para convivir 24/7, organizan su trabajo, juegan, ven películas, leen, descansan y descubren que este es un espacio para la interacción y compenetración con los seres queridos.
En contraste, cuando no hay cimientos sólidos, cuando se vive en la improvisación, genera espacios de interacción caóticos y complicados. Aquí es donde los padres y madres tienen que buscar el pretexto para no estar en casa, los familiares se dejan de hablar o llegan a la agresión porque sencillamente son incapaces de coexistir con sus consanguíneos.
En el ámbito laboral, muchos de nosotros tenemos que seguir trabajando para obtener un salario que nos permita asumir nuestros compromisos, algunos tenemos la suerte de poder hacerlo desde casa; en contraste, hay quienes, porque sus empresas evidencian poca sensibilidad, deben seguir asistiendo a sus oficinas.
¿Quiere más contrastes?, ¿considera justo que haya quienes, porque laboran en el gobierno, perciben un salario sin hacer absolutamente nada?, y lo enfatizo, ¡nada!
Finalmente, es notorio que existen diferencias en la forma de enfrentar el reto y educar a los hijos. Ante la crisis, lo conveniente es cerrar filas y estar en permanente comunicación y cercanía con los niños y adolescentes, atentos a sus actividades, de ser posible ayudarles, de manera que exista un acompañamiento social y psicológico que evite en los estudiantes la sensación de abandono o depresión. Muchos lo hacen, y están descubriendo una faceta positiva que debe quedar como lección a futuro.
En contraste, hay quienes dicen estar, pero ni siquiera saben a cabalidad las actividades que los retoños deben completar, o prefieren hacer sus cosas antes que tomarse media hora para platicar y revisar tareas.
Los contrastes siempre existirán, unos para bien y otros para mal. ¿En cuál preferimos estar?
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