¡Gracias pandemia!
Mucho se habla de los efectos negativos que, en la teoría y la práctica, se han generado como consecuencia del Coronavirus, Covid 19, sana distancias, aislamiento, pandemia, o cualquier otra forma de comprender lo que vivimos actualmente
No obstante, se ha convertido en una excelente oportunidad (para el que quiere capitalizar las cosas), para darnos cuenta que, cuando se ha construido una estrategia de vida con cierto orden, con valores, con ejemplo, con esmero y responsabilidad, tenemos que agradecer, no sólo a la pandemia, sino a la vida misma.
Da gusto darse cuenta de que tus hijos, porque viven en la cultura del trabajo y del compromiso, realizan todas y cada una de sus actividades escolares y laborales en tiempo y forma, y sin necesidad de que se tenga que estar detrás de ellos para pedirles de favor que cumplan con lo que deben.
Agradeces que la convivencia, porque todos los miembros de la familia tienen trabajo que hacer, es armónica, de apoyo y complemento mutuo, de solidaridad, de respeto de tiempos y espacios, de sinergia positiva que hace que los instantes transcurran de manera más rápida y dinámica. Esto no sucede cuando en las dinámicas familiares no hay horarios, acuerdos o voluntad por ocuparse en algo productivo.
Analizas que, si bien en el día de las madres no recibiste un obsequio, porque no debías salir a comprar, o porque las tiendas estaban cerradas, desde el 10 de mayo del año pasado a la fecha, tu hija culminó con éxito una maestría y tu hijo te ha dado resultados académicos de excelencia. Eso resulta mucho más satisfactorio que un algo que eventualmente se pierde en el tiempo, en eso se ve el compromiso y amor por los padres.
Aprovechas la oportunidad para hacer cosas que, en tiempos normales no puedes hacer, como ver películas de antaño, recordar aquellas cintas que nos gustaron en la infancia, clavarte en una que otra serie televisiva o pasar el tiempo con algún juego de mesa. El resultado, una interacción que hace que la crisis se convierta en momento para conocer y reconocernos como miembros de una célula social.
Finalmente, aprecias el valor de la vida, y analizas sobre la fragilidad de las cosas, cuestionas si todos esos rencores que guardas tienen algún sentido, porque nunca sabemos si a esa persona de la cual te distanciaste tendrás oportunidad de volverla a ver para aclarar temas pendientes.
No todo ha sido malo, a la par, el mundo ha testimoniado la limpieza de ambientes, ha visto fauna que, por la falta del humano, se atrevió a trascender sus propios confinamientos; como suele ser, todo es una actitud de vida.
En contraparte, si hay caos, desarmonía, conflictos, broncas, abusos, inconciencias, desatinos, enojos, quejas, lamentos; ¿no es obvio el origen de todo ello?
Estoy seguro que muchos de ustedes comparten esta visión; por todo lo bueno, ¡Gracias pandemia!

