Gotero

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Te veo en tantas sombras

en tantos ecos

que la miseria mía engorda aun en su precariedad

grotescamente y en silencio

este darse cuenta que es verdad

que nadie te entiende

que nadie te escucha

que nadie te hace el arte de la almohada

sino que se lo hacen para sí mismos

a través de uno

uno, que nunca pudo ser dos

que siempre esperó esa soledad alegre

y que ahora se convirtió con más fuerza que nunca

en esa soledad en la que uno,

nuevamente,

está solo dentro de una ronda de gente

y así pasan los días,

y se borran mis relojes

mis alimentos los veo en blanco y negro

y el placer ha pasado

a lo inevitable,

al placer individual

en solitario,

otra vez sin eco

ya sin castigo

y que,

a fuerza de costumbre

vibra ya instalado sin compañía,

quedando solo

la escritura

que se escribe en cámara lenta

porque la mente tal como un tren bala

no se estaciona

en ningún paradero abecedario

y el fin

con quien tanto coquetea

está

demasiado cerca

digamos

que ya me tomó

y tiene una magia

un duende

y todos los encantos… eso

más precisamente,

vivir el fin con la alegría

que muy pronto

prontísimo,

todo esto se acabará.