Lingüística utilitaria
Aristóteles define al ser humano como un animal lingüístico, probablemente porque la única forma que tenemos para interpretar y convivir con el mundo es a través del lenguaje; con él, asignamos nombres a las personas, cosas y conceptos para encontrar códigos de interacción comunes.
El tema lingüístico retoma importancia cuando de generación de mensajes se trata; es claro que todo emisor tiene una intención predeterminada, con la idea de propiciar alguna respuesta en sus receptores o interlocutores. Esto significa que, entre menos referentes tenga el de enfrente, es mucho más simple convencerle, persuadirle o manipularle.
La construcción del conocimiento se remite a las palabras, quienes son asiduos lectores obtienen, porque el cerebro así funciona, muchos más datos que le permitirán, entre otros beneficios, tener buena ortografía y una cantidad de símbolos, signos y señales que, codificadas adecuadamente, dan evidencia de ese incremento en su acervo personal.
Con un capital cultural más amplio, nuestra interpretación del mundo será mucho más certera y, en consecuencia, difícilmente caeremos seducidos por aquellos que hablan bonito o con palabras rimbombantes.
En muchos contextos de interacción, hay quienes se aprovechan de esa falta de conocimiento (incultura) de algunos grupos sociales, y maquiavélicamente, les llenan los oídos con palabras comunes, cuya interpretación contextual les convierte en paradigmas y posteriormente en creencias, con el riesgo que eso significa.
Por ejemplo; a muchas personas se les ha convencido de que lo verdaderamente importante en el país es la idea de bienestar; pero, ¿Qué es el bienestar?, ¿Cuáles son los requisitos para que me considere en bienestar?
Aquí interviene otro elemento de la lingüística; la semántica y sus campos. Cada palabra, cada frase, tiene una significación dependiendo del entorno particular, evidentemente, cuando ese contexto es proclive, por necesidad, por asociación o por ignorancia, a ser influido ideológicamente, el significado de bienestar se puede pervertir, al grado de que se dicha palabra se asocie a tener lo mínimo necesario, generando con ello un estado de conformismo (que no conformidad) que palia otras carencias.
La historia está llena de personajes cuyas habilidades de lenguaje, oral y escrito, les han permitido convencer, y con ello arrastrar, a cientos de miles de personas hacia rumbos que no necesariamente favorecen la sana convivencia o la armonía; por el contrario, han llegado al punto de legitimar conductas y acciones que, literal y metafóricamente, han acabado con la vida de cientos de miles. Hitler, Stalin, Mussolini, Charles Manson y algunos otros, se han valido de esa habilidad lingüística disfrazada de verborrea para los fines que han quedado como mancha en el devenir del tiempo.
¿Tener habilidades en este campo del conocimiento ayuda?, por supuesto, el asunto es que un número grande de personas considera que no es necesario contar con más y mejores conocimientos, en el inicio de la segunda década del siglo XXI, hay quienes siguen prefiriendo la ley del menor esfuerzo, y dan por sentado que con hablar y poder comunicarse para sus labores cotidianas es suficiente.
Por tanto, ¿de qué nos sorprende que las personas crean todo lo que escuchan?, esta lingüística utilitaria les favorece y domina.
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