Notas sobre los gobernadores mexiquenses y sus informes

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Si damos una vuelta por el Salón Gobernadores del Palacio de Gobierno en Toluca, podemos conocer las pinturas de 42 gobernadores mexiquenses a partir de José Vicente Villada, modernizador porfirista del Estado de México, hasta Eruviel Ávila, cuyo cuadro colgó él mismo, el 15 de septiembre de 2017.

 

Pero antes de Villada hubo otros tantos gobernantes, entre ellos un insurgente, sexto presidente de la República y primer gobernador del Estado: Melchor Múzquiz; un realista, séptimo presidente y segundo mandatario: Manuel Gómez Pedraza; y un liberal considerado traidor a la patria por haber sido primer vicepresidente de Texas: Lorenzo de Zavala. Cuando en México se impuso el centralismo entre 1835 y 1847, el llamado “Departamento de México” tuvo varios gobernantes, entre ellos tres personajes que también fueron presidentes: el insurgente Nicolás Bravo, el realista Valentín Canalizo y el traidor y golpista Mariano Paredes y Arrillaga. Más adelante, en el siglo XX hubo otro gobernador que también fue presidente: el sucesor de Porfirio Díaz, Francisco León de la Barra. Y en el siglo XXI está Enrique Peña Nieto.

 

En el siglo XIX gobernaron al Estado un padre y su hijo: Mariano y Vicente Riva Palacio (yerno y nieto de Vicente Guerrero, respectivamente). En el siglo XX gobernaron un hijo de presidente: Fernando González (vástago del manco Manuel González); dos hermanos: Abundio y Filiberto Gómez; dos primos: Alfredo Zárate Albarrán y Juan Fernández Albarrán; y entre los siglos XX y XXI han gobernado el abuelo, el hijo y el nieto, los Alfredos del Mazo: Vélez, González y Maza; y al parecer unos parientes lejanos: Arturo Montiel y Peña.

 

Hasta el primer tercio del siglo XX predominaron los militares y posteriormente comenzó el tiempo de los civiles. Por cierto, el último gobernador que utilizó camisa de cuello alado, que descubría la cinta de la corbata, fue Darío López; el resto fue retratado con traje moderno, como se usa en la actualidad. El último que usó bigote imperial (con puntas retorcidas hacia el cielo) fue Filiberto Gómez; de hecho los demás, con excepción de Salvador Sánchez Colín, han prescindido del bigote. Hubo algunos pelones: Fernando González, Filiberto Gómez, Isidro Fabela, Jorge Jiménez Cantú y Mario Ramón Beteta.

A la caída de la dictadura porfirista gobernaron varios revolucionarios, entre ellos los más prominentes: el constitucionalista Agustín Millán (quien murió al lado del presidente Venustiano Carranza) y el zapatista Gustavo Baz Prada, quien gobernó dos veces el Estado. Uno de los más prestigiados gobernadores ha sido el internacionalista Isidro Fabela, a quien acusan de comenzar el grupo político que supuestamente ha mandado en la entidad hasta la fecha: el de Atlacomulco. Su antecesor Zárate Albarrán ha sido el único asesinado en tiempos de paz. Salvador Sánchez Colín ha sido el único agrónomo. Baz era doctor y operaba gratuitamente las tripas de sus pacientes, literalmente, estando en el cargo. Dicen que Juan Fernández Albarrán parecía presidente municipal pues no salía de Toluca. Carlos Hank González fue prototipo del político empresario. Jorge Jiménez Cantú también era doctor y pentatlonista; le gustaba el béisbol y creó los “Osos Grises”. A su sucesor Del Mazo González le gustaba también el beisbol y creo “Las Truchas” (como ven, AMLO no es tan original en este aspecto). Emilio Chuayffet fue un alumno aplicado, de puro 10 en la escuela. Los del Mazo y Peña han sido los mandatarios guapos. Y Eruviel ha sido el único de los modernos que no nació en el Valle de Toluca: vino al mundo en Ecatepec.

 

Varios fueron secretarios de Estado: Del Mazo Vélez de Recursos Hidráulicos; Baz y Jiménez Cantú de Salubridad; Hank de Agricultura y Turismo; Del Mazo González de Energía, Minas e Industria Paraestatal; Beteta de Hacienda; Pichardo de Energía y Contraloría; Chuayffet de Gobernación y Educación Pública. Uno fue presidente del antiguo PNR: Carlos Riva Palacio, y dos del PRI: Pichardo y César Camacho. Algunos aspiraron a ser presidentes y no lo lograron: Hank estaba impedido constitucionalmente por el artículo 82; Del Mazo González, “el hermano que nunca tuvo de la Madrid”, no fue el elegido de este presidente; a Chuayffet se le acabó la aspiración cuando Zedillo lo quitó de la SEGOB por el caso Acteal; y a Montiel le ganó la candidatura Roberto Madrazo, en un proceso de elección interna sumamente rudo y deseado. Tal vez Del Mazo Maza aspire a la presidencia, pues en estos tiempos de abrumadora oposición morenista, es el priista que más gente gobierna.

En fin. Ahora van unas breves notas de los informes y empiezo desde el más reciente hasta donde la memoria me alcance. Mañana el gobernador Del Mazo Maza dará un informe en un escenario diferente: el Palacio de Gobierno, y acorde a los tiempos que vivimos: austero. Lo cierto es que en las últimas décadas los gobernantes han hecho mayor uso de la publicidad y la tecnología para promocionar sus logros. El mejor ejemplo Eruviel Ávila, quien para sus últimos informes prescindió del Teatro Morelos y prefirió hacer grabaciones con teleprompter y audivisuales para trasmitirse por los medios y redes sociales. Por tanto, fue con Eruviel cuando acabaron los clásicos “besamanos”.

 

Peña también usó teleprompter pero prefirió los eventos faraónicos en el Teatro Morelos. De igual forma lo hizo Montiel, pero éste además se fue a recorrer diferentes municipios para dar informes con cifras de carácter regional. Todos los anteriores prefirieron el Teatro Morelos, de Hank a Camacho. Es importante referir que este último fue quien cambió la fecha del informe del 20 de enero al 5 de septiembre por dos motivos: uno, para hacerlo coincidir con la apertura del periodo ordinario de sesiones de la Legislatura Local (sucede lo mismo con los presidenciales rendidos el 1º de septiembre en que comienza el periodo ordinario del Congreso); y dos, para mayor comodidad pues el 20 de enero los diputados siempre están en receso y además el último informe de un gobernador no consideraba logros de un año sino sólo de ocho meses.

 

Cabe señalar que, a diferencia del informe presidencial, en el Estado hasta la fecha se respeta la investidura del gobernador y el día del informe aún se le puede considerar como “su día”. Aunque en los últimos años han adoptado también la práctica de cumplir con la obligación legal al enviar el informe a la Legislatura con el Secretario General de Gobierno, mientras se programa en fecha posterior evento o su transmisión según deseo del gobernador en turno.