El juicio de la aseveración, justificación para no expandir los horizontes

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El juzgar es la principal forma de justificar por parte de quien elige el modelo de la víctima. Y por ello es que creo que las recompensas secretas son migajas. Esto es porque los juicios son la raíz del sufrimiento humano. Todo sufrimiento está contenido en un envoltorio lingüístico y lo central en éste, es el papel del juicio. Antes, es importante distinguir dolor de sufrimiento. El primero tiene raíces biológicas que afectan nuestro sistema nervioso. Si pongo mi mano al fuego, sentiré dolor. Esta vivencia se puede explicar por completo al interior de la dinámica del sistema nervioso. Cuando hablamos del sufrimiento nuestra tradición alude a una suerte de dolor del alma. Sin embargo, a diferencia del dolor, el sufrimiento surge de las interpretaciones que hacemos sobre lo que nos acontece y, muy particularmente, de los juicios en que dichas interpretaciones descansan. Así que la buena noticia es que el sufrimiento, a diferencia del dolor, es también una elección.

 

Ahora bien, acá nos interesa hacer una distinción importante respecto a lo que estamos señalando del juzgar como una justificación para elegir el sufrimiento. Hay que hablar del juzgar en dos sentidos: del término juicio, a saber, como convicción y como aseveración. La confusión de ambos sentidos estaría, según Reinach, en la base de la teoría del juicio de Brentano. Esta falta de distinción le habría llevado a hablar en la Psicología desde un punto de vista empírico de la intensidad del juicio en analogía a la intensidad del sentimiento, posteriormente modificará esta concepción. Bajo la primera perspectiva de Brentano habría una escala gradual del sentimiento de convicción, de certeza, pero no puede aplicarse a éste, si partimos del juicio por aseveración. Un estado de cosas no puede ser más aseverado que otro. Sin embargo, la cuestión es completamente diferente en el caso de la convicción. En ella, sí que podemos hablar de grados, de modo que podemos estar más o menos convencidos de algo.

 

Una segunda diferencia entre aseveración y convicción se refiere a su origen. Mientras que la última puede ser descrita como un estado que nos surge ante un determinado estado de cosas, la aseveración tiene un papel activo, es realizada por nosotros y es totalmente distinta de cualquier sentimiento, es decir, tiene el carácter de un acto espontáneo. Finalmente hay que decir que ambas tienen una naturaleza temporal. Mientras que la primera es un acto puntual, no admite una extensión temporal, la convicción puede durar en el tiempo. Aun cuando son esencialmente distintas, no significa que no exista ningún tipo de relación entre ellas. Por el contrario, están tan estrechamente relacionadas que no es posible ninguna aseveración que no fuera acompañada de una convicción que le sirva de base. Sin embargo, no es necesario que toda convicción dé lugar a una aseveración. Yo puedo adquirir una convicción ante cierto estado de cosas sin por ello darle la forma de un juicio, en el cual asevero el estado de cosas y, por tanto, permanece esta convicción en mi ser. Este es el tema al que invito tener cuidado a la hora de juzgar buscando una justificación de una elección que nada tiene que ver con lo que en realidad es importante para nosotros.

 

Por eso es de gran relevancia el tener claras estas dos formas o acepciones del juicio para no caer en la aseveración del tener razón. Así es que esta reflexión del juicio en tanto justificación sirva para dejar de elegir victimización, es decir, el camino que se queda en la zona de confort, que no abre los horizontes de expansión de nuestra caja de creencias. Me refiero con esta caja a todo aquello que hoy día ya se encuentra en mi zona de confort, es decir, todo aquello que ya es parte de mi vida y me cuento una historia de que me siento cómodo con ello, a tal nivel que creo que es lo que merezco, o que es lo único de lo que soy capaz. Pero realmente el ser está pleno, es decir, está siendo y accionando por convicción o lo está haciendo por aseveración. La invitación está en revisar eso, si estaría dispuesto a ampliar la caja de creencias, lo que implica también hacerse la pregunta de ¿A qué estoy dispuesto a comprometerme y cuáles son los precios que estoy dispuesto a pagar para lograrlo? Es un hecho que cualquier logro importante para el ser implica un esfuerzo y por supuesto está fuera de alcance bajo la perspectiva que hemos venido señalando. Así es que para ir por los más grandes sueños se requiere optar por un segundo modelo que tiene todo que ver con la responsabilidad. Aquí también hay que hacer una distinción importante. Cuando escucho: ¿Quién fue el responsable de lo que pasó? Es común que se entienda que se pregunta por quién fue el culpable o quién cometió un error en algo. Y también escucho con frecuencia decir que alguien es un ser humano responsable refiriéndose a que es muy cumplidor u obediente. No se trata de culpa, no es obediencia, no es exigencia. Estamos hablando de una forma de ser, de una elección plena del ser humano, de un espacio de reflexión en libertad y comprometida. Responsabilidad es la habilidad de responder. Dista mucho de buscar culpables. Es nuestra elección de cómo posicionarnos frente a los acontecimientos que vivimos, es nuestra libertad de elección de nuestras propias acciones a cada momento, como hacerse cargo. Tiene que ver con preguntarse de forma  reflexiva: dado lo que hay, ¿Qué quiero yo respecto de esta situación? ¿De qué me voy a hacer cargo yo?¿Qué elijo hacer?  Cada situación en la vida nos ofrece la oportunidad de responder, especialmente de elegir cómo responder, y cómo respondemos determina cómo nos sentimos, qué tipo de vida nos construimos y qué posibilidades de resultados vamos a tener.

 

¿Por qué es tan importante diferenciar esto del ser humano responsable? Uno de los mayores problemas de los seres humanos tiene que ver con su manera de comportarse o de responder frente a las circunstancias. Sintetizando, decimos que hay dos maneras generales del comportamiento humano: el que actúa como víctima y el que actúa como responsable. Hay dos posturas frente a la vida, que van a impactar fuertemente la forma del ser, en mis posibilidades, en los resultados que puedo o no lograr, en las relaciones que puedo tener. La filosofía de la víctima tiene que ver con buscar la inocencia, disminuirnos las posibilidades de intervenir y de aprendizaje y, por supuesto, esto tiene sus beneficios, recompensas secretas y desventajas.

Termino señalando que cuando elegimos tener la capacidad de responder, todo se sustenta en el poder y la congruencia de una declaración personal. Una muy poderosa tiene que ver con un yo soy mi compromiso con la integridad, pienso, digo y hago lo mismo. Una vez hecha mi declaración, van a suceder cosas que no van a estar bajo mi control. Si ante esas cosas que suceden yo me adapto a las circunstancias y cambio lo que digo, lo que pienso y lo que hago dadas esas circunstancias, estoy reaccionando y queriendo controlar lo que sucede. No estoy desplegando mi ser, sino que mi ego está tomando el poder. No estoy siendo mi declaración, estoy pensando acerca de lo que sucede y evaluando lo que me conviene. Estoy entrando en un juego que se llama para qué arriesgarme si así está bastante bien. Me estoy moviendo nuevamente en el espacio del primer modelo y no en el espacio de lo que es posible, por el sólo hecho de haberlo declarado. Con lo anterior, no estoy diciendo que no es aceptable, que en el camino de llevar a cabo acciones para ser consistente con mi declaración, sólo  incluyo la posibilidad de evaluar los resultados y corregir mis acciones.