¡Boquitas cerradas!
Las personas suelen dar lo que tienen y lo que pueden, si quieren; y eso supone que no tendríamos por qué hablar de lo que no sabemos, no dominamos, no ejemplificamos o no llevamos a nuestra realidad, pues hacerlo resulta una postura incongruente y falsa.
Muchos y muchas hablan porque tienen boca, pero sin la más mínima consciencia de ese decir, verbalizaciones sustentadas más en una postura social taquillera que en una base coherente razonable. El punto es tratar de convencer al mundo de que no hay tema del que no sepamos, aunque nuestro grado de inconexión sea monumental.
¿Se ha dado cuenta de la cantidad de expertos que nos rodean?, todólogos cuya verborrea desquicia por inconsistente, por absurda, por falaz. Si los dichos no están sustentados con hechos, carecen de legitimidad y eso se ha convertido en un karma nacional que se presenta en todos lados.
Desde siempre, en la política mexicana ha existido este contrasentido, y pasarán los años sin que veamos un cambio significativo. Por ejemplo, no se puede salir a decir que estamos acabando con la corrupción, cuando la evidencia muestra que eso que criticó en el otro, lo hacen los muy cercanos a mí; ¿aplíquese la justicia en la milpa de mi vecino?
En redes sociales, personas que replican frases porque parecen chistosas o reales; recién leía una pregunta en Facebook que a la letra decía: Sáquenme de una duda, ¿esta quincena, cobran los profes o los padres de familia? ¿Están queriendo decir que los maestros están cómodamente en sus casas, sin hacer nada? Cuanto desconocimiento del enorme esfuerzo que se hace en el diseño, preparación, exposición y evaluación que esta nueva normalidad exige.
En todo caso, mejor preguntarles, ¿En qué escuela tienen a sus hijos que esa es su percepción inmediata? Calladitos se ven más bonitos, de verdad.
Tantos y tantos padres que, sin haber estado cerca de los hijos, ignorándolos y en algunos casos abandonándolos, andan por la vida presumiendo logros que no les corresponden, hablando de lo que nunca han vivido de cerca: festivales, competencias, ceremonias. No cabe duda que de lengua, tantos tacos hasta atragantarse.
Sin dejar de lado a quienes se sienten dueños de la verdad, porque la propia resulta lamentable, dentro de este grupo, asesores espirituales que te dicen cómo llevar la vida en orden, mientras sus historias personales son caóticas y conflictivas; profesionales en nutrición que, con sobrepeso evidente, pretenden decirte cómo llevar una dieta saludable, o conocedores del sistema educativo cuyos hijos no logran resultados exitosos. ¿A quién pretenden engañar?
Mucho bla, bla, bla y poca acción; exigimos puntualidad y siempre llegamos tarde; crítico a las familias inestables, pero no le hablo a mis padres; juzgo al hijo del vecino porque no trabaja, pero el propio tampoco lo hace; me indigna el maltrato de las empresas, pero ando pidiendo permisos para faltar cada semana; la lista de decires sin sustento es inagotable.
Versa el adagio; a palabras necias, oídos sordos, más nos vale hacer caso, porque la gente no aprende a cerrar sus boquitas cuando no tiene algo inteligente que decir, o cuando va a solicitar lo que no ha sido capaz de construir.
¿A cuántos conocemos así?
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