Libertades tecnológicas

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Los tiempos que vivimos encierran un conjunto de experiencias que van dando a la sociedad contemporánea y la civilización mediata su estructura, en el que la digitalización constituye causa y fin de las actividades humanas, proyectando en el corto plazo, los eventos que en otros momentos requerirían décadas para poder ser materializados.

Estos es así puesto que la generación de conocimiento se crea de manera dinámica sin precedente alguno, en el que la teorización y comprobación científica, permite a través de los algoritmos formular prácticamente a la par diversas alternativas de solución, sujetándolas a criterios de verificación, para que, a través de los modelos que ofrecen una mayor certidumbre, se realicen pruebas que permitan comprobar la ocurrencia de un fenómeno.

Es decir, no solamente se cuenta con capacidades cognoscitivas mayores y en continua expansión, sino que la automatización del aprendizaje en máquinas, la virtualización de fenómenos, y su vinculación con la medición a través de sensores y la abstracción del entorno a través de la realidad aumentada, permite combinar de manera eficiente la teoría con la práctica y desarrollar una serie de habilidades prácticamente ilimitadas si se combina con otro tipo de capacidades computacionales, mecánicas y robóticas.

Sin embargo, mientras pareciera que modernidad nos acerca con claridad a un estadio prometedor dentro de la civilización humana, las brechas de desigualdad se hacen evidentes en la actualidad con motivo de las acciones generadas en el marco de la pandemia en todo el mundo, ya que el confinamiento no solamente ha polarizado a la sociedad en función de sus necesidades, sino que también ha mostrado la fragilidad de la humanidad en conjunto frente a las catástrofes, la cual en gran parte pudiera obedecer a que no todas las personas cuentan con las mismas capacidades de desarrollo.

Esta problemática ya ha sido identificada a nivel internacional a través de la Organización de las Naciones Unidas y la determinación de una agenda común para solucionar los problemas que como humanidad nos aquejan, y que más allá de la solidaridad, forman parte de los requerimientos de la sustentabilidad, primero a través de la Agenda del Milenio, y en curso, con la Agenda 2030, que sin duda, en el horizonte de su configuración deberá considerar tanto el elemento tecnológico, como realizar una nueva valoración de los derechos y libertades tecnológicas, lo cual, posiblemente pueda ser advertido en los años previos de su evaluación, en el entendido de que los avances que hoy generan competitividad para las empresas, y que pueden constituir activos estratégicos de carácter privado, en un periodo corto de tiempo, podrían ser parte de los requerimientos mínimos que deberían tener los consumidores para poder alentar un nuevo mercado.

Es decir, considerando que el desarrollo económico en función del desarrollo tecnológico tiende a avanzar de manera acelerada, las tecnologías avanzadas de hoy,  eventualmente en un par de años son susceptibles de ser compartidas de manera extendida en un amplio sector de la sociedad, no como parte de una acción solidaria, sino como un mecanismo que permite financiar el desarrollo de mayores tecnologías que requieren para su implantación un piso mínimo.

Para ello, podemos tomar como ejemplo el internet de todo, el blockchain o la inteligencia artificial, tecnologías revolucionarias que si bien pueden llevar a la humanidad a un nuevo nivel, si éstas, no tienen un uso extendido, por ejemplo, a través del uso de los smartphones, difícilmente podrán ser aprovechadas de manera eficiente y por ende, aún cuando el avance tecnológico pueda ser significativamente mayor, éste no pueda ser aprovechado ante la gran diferencia de condiciones entre las personas que tienen, con las que no tienen.

Así mismo, como parte de la propia economía y de los factores de producción, la distancia existente también debe ser cubierta ante nuevas condiciones sociales y traducirse en el ámbito del derecho, como la exigencia no solamente de poder acceder a las nuevas tecnologías de manera accesible, sino respecto de los límites que deben existir para que esta nueva sociedad pueda tender a un desarrollo armónico de todas sus facultades en comunidad, y no, solamente constituir un insumo desechable para una tecnocracia, que pauperice a las nuevas generaciones.

Para ello, será importante que como parte de las mediciones que se realizan hoy en día a través del uso de los algoritmos puedan encontrar un equilibrio entre la democratización de su uso para la disminución de brechas, y por otra, permita seguir generando modelos exitosos de aumento de capitales, pero que eventualmente, cumplan con una función más eficiente en la economía, que teóricamente tendría que tender a su distribución, no a su acumulación y estancamiento.

Bajo esos nuevos incentivos económicos a través de la tecnología que podrían darse en el marco de la evaluación de las agendas mundiales para el desarrollo, podrían dar a un nuevo estadio de distribución de roles y funciones en el que uno de los objetivos principales es que el desarrollo tecnológico tenga un carácter fundamental en el espectro de derechos y en función de estos nuevos acuerdos, una serie de redefiniciones de libertades tecnológicas que permitan no solamente una mejor convivencia, sino un mayor avance y evolución de la humanidad en general, a fin de llegar de manera eficiente no sólo a la emancipación del ser humano ante el poder de otro ser humano (libertad), así como asegurar la subsistencia y respeto de cualquier persona en sus posesiones y creencias (seguridad), sino que podamos integrar una sola comunidad en el que de manera efectiva, nadie se pueda quedar atrás, para una adecuada fraternidad.

Hasta la próxima.

 

 

en una sociedad que crea conocimiento de manera dinámica, es decir, la capacidad actual de aprendizaje provoca que

somos el reflejo de una serie de circunstancias que solamente con el paso de los eventos podrán determinar la impronta de nuestra condición actual, y, a la vez,