Héroe sureño
Los poetas que llegan a vivir los momentos de la historia relevante, o la vida de los personajes, son siempre, cuando son verdaderos poetas y no corifeos de los mandantes o ricos encumbrados, una de las mejores formas para saber de los distinguidos momentos que viven. O en todo caso, de aquellos escritores que tienen cerca dichos sucesos y nos pueden dar un norte de lo que queremos saber. La lectura del libro compilado por Héctor Sumano Magadán me hace leer y estudiar los dos corridos o poemas que don Guillermo Prieto escribe en homenaje al héroe sureño Pedro Ascencio de Alquisiras.
Escribe el poeta mexicano: Lacio cabello, alta frente, / moreno, los ojos negros, / flaco, nervudo, expedito, / el cuerpo más bien pequeño, / pero soberbio y erguido, / era el bravo Pedro Ascencio, / amado de sus valientes, / idolatrado en Guerrero, / no dejando a los realistas / ni que tomaran resuello, / de las fuerzas de Iturbide / se pone en constante acecho, / cual tigre que entre las ramas / se esconde el árbol espeso / y deja venir a su presa / para asaltarla mañero / cuando esté más descuidada / y se haga de ella más dueño… Fue el poeta una generación posterior al guerrillero del sur en tierra mexiquense y territorios del estado de Guerrero y de Morelos. Pero la leyenda que venía de diez años de vivir el movimiento insurgente con toda su paciencia, pasión y conciencia le hizo saber de él; las cualidades de Pedro Ascencio son significativas, ante lo que se dice hay muchos otros nombres que sin tener las cualidades aparecen en los recintos legislativos de su entidad o de la patria, y al héroe sureño le menguan toda presencia patriótica.
Es de escuchar la voz de los poetas cuando escriben de algún personaje, pues lo hacen con pasión por lo que sienten al respecto, pero en su preparación el hacer versos para personajes como Pedro Ascencio de Alquisiras viene del amor a sus luchas que por principios son desinteresadas, honestas, provienen de un comportamiento ético y moral, que palabras tan racistas y ultraconservadoras como las que utiliza Lucas Alamán sobre Pedro Ascencio, al calificar su movimiento de una actitud destructora de la bella patria, a la que él, como rico afortunado por familia y prosapia, no puede creer que los pueblos se rebelen contra sus esclavizadores.
Si se quiere entender lo que es un personaje de derecha en su mente reaccionaria como se comprende ahora a aquellos que desean que el mundo en que viven, con privilegios, soberbias y desprecio por los que nada tienen, hay que leer los párrafos de Lucas Alamán refiriéndose al movimiento de Independencia, donde una de sus principales enemigas lo fue doña Leona Vicario. Bien decía una de sus hijas, mientras la rica y honesta mujer que luchó por la independencia de México anduvo a salto de mata, él cómodamente tenía viajes al extranjero y vivía de su fortuna que le hacía niño prodigio de la clase social y el imperio que defendía. Recordemos sus palabras, que leo en el libro de Héctor Sumano: No fue ella una guerra de nación a nación, como se ha querido falsamente representarla: no fue un esfuerzo heroico de un pueblo que lucha por su libertad para sacudir el yugo de un poder opresor: fue, sí, un levantamiento de la clase proletaria contra la propiedad y la civilización, por esto vemos entre los jefes del partido independiente tantos hombres perdidos, notados por sus vicios o salidos de las cárceles, a quienes en vano se esforzaban en reducir a un orden regular, los pocos hombres apreciables que entraron en aquella carrera deslumbrados por ideas lisonjeras, cuya realización conocían ser imposible luego estaban en situación de palpar el desorden y la confusión de que se veían rodeados. ¡Qué susto dice Alamán! estos hombres perdidos por ideas locas que no tienen un fin y que provienen de lo peor que hay en la sacrosanta sociedad de la cual él es defensor.
Para Lucas Alamán: La revolución quedaba reducida al estrecho espacio del cerro de la Goleta, desde las inmediaciones de Sultepec y Taxco a Tejupilco al sur de México, al territorio del Ajuchitlán y las márgenes del Mescala inmediatas a aquél. Pedro Ascencio, que agregó a su nombre el de Alquisiras, era indio nativo de un pueblo inmediato a Teloloapan, y había adquirido grande autoridad entre los de su origen: con él estaba unido el P.D. Juan Manuel Izquierdo, de una familia acomodada de Sultepec, el cual por su estado tenía no menos influjo que Ascencio, y ambos estaban al frente de la gente de la Goleta. El virrey había hecho rodear aquel distrito por destacamentos, que formaban una línea de puntos militares desde Temascaltepec, dando vuelta por Amatepec, Luvianos, Cutzamala, Alahuistlán y Zacoalpan. Las tropas que guarnecían estos puntos, no eran suficiente para el objeto y se disminuyeron todavía más, habiendo hecho marchar al batallón de Santo Domingo al sitio del Cóporo. Como vemos, dos personajes, un cura y un guerrillero tenían en jaque el sur de nuestra entidad actual, siendo verdaderos valientes en todo sentido. Por eso escribe don Guillermo Prieto en el corrido referido: Así esperaba en Tlatlaya / al realista el bravo Pedro, / y se haga de ella más dueño… / en una intrincada sierra / llena de horribles tropiezos, / surcada de hondas cañadas, / dominada de altos cerros, / con escabrosas veredas / y abismos que causan miedo… / Deja pasar la vanguardia / que manda Iturbide mismo; / con Quintanilla a su frente / espera que pase el centro, / y al llegar la retaguardia / con un González intrépido, / que de los suyos incauto / aislado quedaba lejos, / desde el alto de los montes / grita el insurgente: ¡Adentro! / Y peñas y troncos de árbol, / entre torrentes de fuego, / con los surianos valientes / de las alturas cayeron. Podemos preguntarnos qué hubiera hecho con dos José María Morelos el gran Napoleón, y qué otra cosa hubiera hecho si en sus ejércitos hubiera tenido la inteligencia y talento de un Pedro Ascencio, pues no existe duda de que en la historia de la independencia José María y Pedro Ascencio son dos militares de gran capacidad para llevar adelante estrategia y tácticas guerreras de carácter victorioso.
Poesía que se hace historia al leerla con calma, buscando lo que dice: Los realistas, iracundos, / hacen heroicos esfuerzos, / mas al abismo rodaban / al empuje de los nuestros. / Alza el incendio su llama, / amontónanse los muertos, / y sobre ellos, como furia / se levanta Pedro Ascencio, / chorreando sangre su espalda, / en un bridón como el viento, / muerte y terror propagando, / muerte y terror difundiendo. Estudiar a personajes que a lo largo de la historia humana se destacan por defender lo suyo, que es a la vez la historia del pueblo y la historia de la familia. Que es la dignidad del individuo frente a los demás. Pedro Ascencio es claramente un ejemplo de dignidad ante los extranjeros y ante los propios. Esta lección de vida no podía comprenderla el riquillo de Lucas Alamán, porque su defecto es que no había nacido humano, sino un ser enajenado por el dinero a pesar de su inteligencia y cultura, que le hacía destacar entre los ignorantes de su clase, pero que ante la historia ya lo vemos, siendo de la generación de Pedro Ascencio, a nuestro héroe lo recordamos con fervor, a Lucas Alamán sólo con la displicencia de quien leyéndolo, comprende que está ante un ser que puso el dinero y la soberbia del poder por encima de los valores y la justicia de su pueblo en el que vivió. Prieto dice al final: Sólo Brito y tres soldados / en la lid no perecieron: / en vano vuelve Iturbide / en ira y despecho ardiendo; / en vano de Quintanilla / los saldados acudieron; / en vano David Bradburen / valiente sostiene el centro. / La derrota consúmose, / y los entusiastas ecos / de las vivas a la Patria, / y los vivas a Guerrero, / brotaron de las montañas, / con gloria de Pedro Ascencio. Recordar es vivir.

