¿Merecida sanción?

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Una profesora en Durango fue suspendida de sus labores, sin goce de sueldo, tras la difusión de un video en el que agrede a sus estudiantes durante una sesión síncrona de trabajo.

 

En un comunicado oficial, las autoridades expresan que dicha sanción se toma, y cito, ante los lamentables hechos que se dieron a conocer a través de redes sociales donde se evidencia el maltrato que una maestra de la Facultad de Psicología y Terapia de la Comunicación Humana hace a sus alumnos vía clases virtuales.

 

Dos puntos que debemos contrastar; por una parte, es claro que la maestra pierde sus cabales y utiliza un tono de voz que muchos podrían considerar inapropiado, a la par de que la utilización de frases como Ubícate niño, no me interesa, muy probablemente derivadas de las evidentes fallas técnicas de la conexión y equipos de cómputo, tanto del profesora como alumnos.

 

¿Debe un docente procurar cierto comportamiento ante su grupo?, sin duda; ¿Debe mostrar su enojo de manera tan ruda?, teóricamente no, pero como ella misma reconoce, su condición humana (que todos tenemos) le hizo dar ese traspié.

 

Por la otra, espanta el grado de intolerancia que las nuevas generaciones de alumnos y padres de familia tienen, y peor aún, el poco criterio de las autoridades escolares para no saber medir, con claridad, el tamaño de las faltas.

 

En este sentido, y lo tengo claro por comunicaciones que recibo de lectores que coincidentemente son docentes, hay muchos alumnos que, aun conociendo las normas de etiqueta y comportamiento de las sesiones de clase a distancia, sistemáticamente retan al profesor no encendiendo sus cámaras, o mostrándose plácidamente en sus camas o degustando su desayuno sin importar que sean vistos.

 

La sugerencia mayoritaria es: tengan paciencia con los alumnos, cuidemos su parte emocional, busquemos la manera de integrarlos a las clases, es decir, tenerles todas las atenciones a pesar de sus constantes conductas negativas. Y no es que esté mal, por el contrario, hay que hacer lo necesario para una sana convivencia, pero el asunto como que no es parejo y quienes impartimos clase quedamos en mucha desventaja.

 

Se debe priorizar el diálogo para la solución de conflictos, y de la misma manera en que el profesor debe ser tolerante ante las faltas de respeto reales que recibe de alumnos y padres, habría que tener un poco de consideración para los mentores, quienes estamos haciendo un esfuerzo adicional para evitar que todos estos niños y jóvenes pierdan tiempo valioso en su formación académica.

 

Al calor de los hechos, resulta fácil hacer una crítica; pero si hemos de ser conscientes, es claro que la docente comete un error, pero ha sido juzgada mediáticamente sin brindarle opción de réplica. La cantidad de memes al respecto y la postura de la institución en la que labora, de hacer, en rueda de prensa, el anuncio de la suspensión, le ha hecho un daño probablemente irreversible.

 

No estoy de acuerdo con las formas que utilizó, porque en el papel es un adulto que debe controlar sus emociones para lograr con efectividad su trabajo; pero de eso a suspenderle el salario que le da sustento, hay un desequilibrio exagerado, sobredimensionado.

 

Es un tema de razón, no de víscera; ¿Fue justa su sanción?

 

horroreseducativos@hotmail.com