Flores blancas
Es una anciana muy triste
de caminar encorvado,
y siempre se le veía
muy temprano en la mañana
con una cesta de flores
que por la calle dejaba.
Vestida siempre de negro
de los pies a la cabeza,
nadie conocía su nombre
ni el porqué de su tristeza.
Una mañana temprana
en que la anciana pasaba,
con la cesta rebosante
de olorosas flores blancas,
vi sus ojos acerados
y una sonrisa tan fría
que me taladraba el alma.
Una dulce voz llegaba,
y había una luz tan intensa
que mi cuerpo se extenuaba
en esa mañana quieta.
Entonces comprendí
la misión de aquella anciana,
que regaba flores blancas
y caminaba encorvada…
Sólo preparó el camino
de la vida a la esperanza
y al encuentro del destino,
lo llenó de flores blancas.
Silencio
Silencio…Sólo silencio,
el cuerpo suelto, los ojos muertos,
la mirada perdida en el vacío
y un abismo que espera
oscuro y frío.
Cuánto cansancio…Las horas pasan
lentas, sin prisa.
Escucho pasos que se detienen.
Entreabro los ojos y veo figuras…
Altas, pequeñas, tocan mis manos,
están heladas como la nieve,
bajo, muy bajo, alguien murmura.
Silencio…Sólo silencio…
Mis párpados pesan
pero mi alma sigue cautiva
buscando el fondo de los recuerdos
donde presiento que alguien me espera,
extiende las manos hacia mi cuerpo… Lo sé…
Lo siento… acerca su rostro, ahora me besa
y escucho a lo lejos… El Padrenuestro.
El último suspiro se ha quedado prisionero
en las alas de la muerte.
Se han cerrado las puertas del pasado…
Y hoy se abre una luz en el presente.

