Periodismo como arma de lucha

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Nuestro Guillermo Prieto, destacado literato en su transcurso, utilizó nombres a granel para poder hacer salir de su pluma la cantidad de imágenes, realidades o situaciones que vivía: Guillermo, es un personaje multidimensional. Y en la prensa es donde más rico fue al convivir con el pueblo, al salir de sus filas hacia el mundo en crisis que era el México del siglo XIX. Los nombres apócrifos que se hicieron famosos, entre otros, Fidel, B., Don Benedetto, Marcos Bomba, Don Simplicio, El cura de Tamajón, Don Toribio, Zancadilla, el Tío Camorra, nos prueban del mundo multidiverso en que vivía este escritor nato. Que nació para ser escritor, aunque la realidad política y social no le permitiera ser un Poeta solamente, pues los hechos de la vida política le hicieron actor principal en esos años en que se tuvo que confirmar a México como un país independiente que merecía el respeto de las naciones.

La biografía de nuestro periodista dice que: Los jóvenes y los menos viejos tienen aun en la memoria que hace apenas seis años una encuesta popular lo designó el poeta más popular, al amparo de sus retratos de léperos, chinas y rotos, personajes que desde su juventud son objeto de sus maravillas y su interés. Bien dice el poeta Antonio Gamoneda que el escritor más puro, más elocuente y pleno de sabiduría del pueblo en el que nace, es el que viene de sus filas, es decir de su pobreza y sentimientos de una vida social a la que no le es escondido nada. Así Miguel de Cervantes Saavedra, William Shakespeare, Pablo Neruda, Jaime Sabines, Gonzalo Martré, César Vallejo, Arthur Rimbaud, Charles Baudelaire, Gabriela Mistral; y todos esos periodistas que vienen de las filas del pueblo, y por lo mismo hicieron o hacen una prensa que tiene la raíz en el sentir de la comunidad o de su pueblo de nacimiento o donde les es dado vivir ejerciendo su profesión.

Una mente multidisciplinaria la de Guillermo Prieto, en la contrapasta del libro que es su biografía, escrita por Bertha Hernández leo: Guillermo Prieto es el poeta de la patria, pero también uno de sus más importantes cronistas, pues en sus páginas pintó con vivos colores la cotidianidad mexicana del siglo XIX. Mas no se conformó con ser una gran literato y escritor, sino que se dejó llevar por la curiosidad de la política y le tocó en suerte participar con la generación de la Reforma en los más cruciales acontecimientos que marcaron para siempre el rumbo de México. Estudiar el pasado en cada profesión de lo humano nos da lecciones mejores, muchas veces mejores lecciones, que las que podemos vivir en nuestro presente. Cuando dejan de existir hombres tan grandes, que lo mismo eran excelentes periodistas, fundadores de empresas de publicación que daban rostro al patrimonio cultural y natural de la nueva patria. A Francisco Zarco, Guillermo Prieto, Ignacio Manuel Altamirano, a Ignacio Ramírez El Nigromante, a Vicente Riva Palacio y varios más, les debemos el hecho de que México sea un país al que se le respeta su pasado: desde el movimiento de Independencia y pasando por la Reforma y hasta la Revolución de 1910, sus batallas por alcanzar a forjar un país dentro del contexto de las naciones ha sido una proeza que deben saber los jóvenes de todas las generaciones. Sólo así no estarán inventando al país cada que llegan a dirigir una empresa, un gobierno estatal o los destinos de la patria.

La biógrafa del libro Guillermo Prieto/Grandes protagonistas de la Historia Mexicana, editado por Planeta DeAgostini en el año de 2002, impreso en España, nos refleja lo grande de sus hechos y su figura en esa etapa de grandes hombres y mujeres. Dice Bertha Hernández: Prieto fue un ser privilegiado de vocaciones múltiples, que lo mismo desempeñaba acertadamente el difícil Ministerio de Hacienda que componía un verso en el lenguaje hablado del pueblo. Nadie olvidará nunca que, salvó la vida del presidente Juárez, inmortalizándose con la frase con que detuvo a los asesinos: ¡Los valientes no asesinan! Guillermo Prieto —el Víctor Hugo mexicano— fue un hombre pleno que supo darle sentido a su existencia. Como no comprenderlo, aun en sus momentos aciagos, si la realidad le daba momentos de tristeza, pero el mundo o mundo que tenía en su espíritu, en su mente llena de proyectos literarios y de ideas reformistas y liberales, no dejaba que esa cruel realidad de exilios, prisiones y soledades, le hundiera en la derrota a que quería llevarle. Por eso es tan importante su ejemplo, como periodista, como ciudadano, como poeta, como renacentista al que nada de lo humano le era ajeno: porque además lo humano era lo que fue su escuela cotidiana. La pobreza que pedía a gritos un país de bienestar y paz. Cosa que en sus ochenta años de vida no vio nunca realizados, pues su vida de guerras y batallas fue eso, interminables momentos de su existencia.

Cuenta su biógrafa: De inspector de tabacos a periodista de tiempo completo / De golpe, se desvanecía la buena estrella de Guillermo. No estaba, con todo, en total desamparo. Había entrado a formar parte de la redacción de El Siglo XIX. Ya había publicado, uno o dos años antes, algunos poemas en El Mosaico, donde había firmado como Don Benedetto. Con ese nombre, en El Museo Popular y el Museo Teatral, comenzó a publicar algunos de cuadros de costumbre, texto donde recogía hechos, modos y personajes populares de su querida ciudad de México, asunto al que era aficionadísimo. También El Semanario de las Señoritas Mexicanas había recibido sus penas. Es tan interesante el mundo del periodismo en estos casi 200 años de vida independiente del imperio español, pues es en ese campo donde parte de las mejores inteligencias que ha dado el país aparecen una y otra vez; en un campo laboral que es nobleza para quienes sin empleo no tienen de qué vivir. El rosario de nombres que pasan por el periodismo en México es infinito, desde Ignacio Manuel Altamirano, Francisco Zarco, Guillermo Prieto, Ángel del Campo, Vicente Rivapalacio, Justo Sierra, Ricardo Flores Magón, Alfonso Reyes, Amado Nervo, José Martí y Pedro Henríquez Ureña, José Revueltas, Octavio Paz, Carlos Monsiváis, José Emilio Pacheco, María Luisa La China Mendoza, Elena Poniatowska, Juan Villoro, Héctor Aguilar Camín, Ángeles Mastretta, Juan Domingo Argüelles, Felipe Garrido, José Pagés Llergo, y también el premio Nobel Gabriel García Márquez, quien hizo de nuestra patria su hogar y lugar donde la admiración nunca vino a menos.

Estos nombres y muchos otros, son expresión de que la literatura, pero en particular el periodismo es hogar de inteligencias que han marcado la cultura de nuestro país, e igual lo hacen en el mundo Hispanoamericano al revisar nombres uno tras otros, ahí está Mario Vargas Llosa, Javier Marías, Rosa Montero, y tantos nombres que de por vida o por momentos, hacen hogar en el mundo de la prensa y dejan su huella, en un paso donde el papel, las letras y la palabra, la tinta hacen su marca inolvidable.

Por eso, es tan importante acercarse a los periódicos y revistas del pasado, el revisar con detenimiento no sólo en las bibliotecas el mundo de los libros, sino el ir directamente a la hemeroteca para saber qué cosa fue de la historia en el siglo XIX, donde nos relata la biógrafa de Guillermo Prieto: El mundillo de los periódicos, con sus quehaceres, sus papeleos, sus peleas, le atraían sin remedio. En ese momento de inquietud, llegaba a la vida El Siglo XIX, editado por Ignacio Cumplido. Ese periódico, dotado también de inquietudes políticas y decididamente antisantanista, acogió los textos de Guillermo, que estaba impresionado por compartir espacios impresos con personajes como Mariano Otero o el ex presidente Manuel Gómez Pedraza. En El Sigo XIX también apreciaban a algunos poetas romantiquitos. Allí llegó Prieto para quedarse más de medio siglo. Revisamos la vida política de la generación del 57’, pero no atendemos que las letras, para muchos de los mejores de ellos, era su diaria compañía.