El ser como una posibilidad semiótica en tanto creación de transformación Primera parte

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Cuántas veces aquella vocecita interna nos retumba como eco con aquella duda que surge respecto al to be or not to be, thats the question, o nos viene a la mente aquella escena de una película infantil que cantamos mientras vamos creciendo y avanzando con alegría y valentía al ritmo del hakuna matata. Así es que acá nos vamos a referir al ser en cuanto posibilidad. Debemos partir de aquella palabra que tiene sus inicios en el homo sapiens sapiens. Ahora bien, hay que remontarse un poco a lo que se entiende evolutivamente por esta caracterización. Habría que establecer una taxonomía entre los pongidae y los homínidos en términos de familia, mientras que otros prefieren hablar de una separación en el plano de la especie, pero eso podría tener una implicación  moral en el estatus que se otorga al ser humano, otro tema de análisis.

Hay que decir que una de las características de los primates es su complejidad cortical, el desarrollo de su visión estereoscópica y la sociabilidad de la especie. Desde hace cuatro millones de años los homínidos se definen por su bipedismo. Sus piernas son más largas y fuertes que sus brazos, a diferencia de los monos, porque sobre ellas deben sostener su cuerpo en equilibrio. Por otra parte, dejar las manos libres les ha permitido desarrollar el sentido del tacto y manipular objetos. Hace 1.8 millones de años aparece el Homo erectus, especie que se considera el ancestro directo de los humanos y difiere de las primeras especies por tener un cerebro de mayor tamaño, rostro plano y arco superciliar prominente, pero destaca más el hecho de que fue el primero que dejó vestigios culturales y sociales de la evolución humana, como el valor de uso del fuego, y tuvo una estructura social destinada a la recolección de alimentos, así como el acompañamiento por largo tiempo de los hijos. Por el lado antropológico, resulta una condición sine qua non referirnos a la cultura como factor determinante de la condición de persona humana. Podemos tomar el sentido clásico de cultura que tiene que ver con todo lo intervenido por el hombre, como uno de los temas más importantes destaca la comunicación. Por otro lado, naturaleza, siguiendo a Lévi-Strauss, se entiende como todo aquello que no ha sido intervenido por el hombre, todo lo que no guarda, en sí, valoración alguna.

Uno de los aspectos que más controversia suscita para distinguir entre naturaleza y cultura es la comunicación. Si se la comprende como el proceso de transferencia de información desde un emisor a un receptor, no parece haber mayor diferencia entre el proceso que establecen los animales y el que realizan los seres humanos. Sin embargo, el contraste parece estar en el mensaje, en su contenido de valor, esto es, el paso del emisor al receptor modifica el mensaje, y a su vez modifica a los receptores y emisores. Hasta aquí hemos introducido una significación del humano, pero que hay de la palabra que le antecede al concepto modernista de ser humano.

Para ello me voy a enfocar en la perspectiva de Paulo Freire al respecto de la concepción de ser humano en donde se enfatiza el dilema de la constitución del yo frente al no-yo.

 

Se nos plantea entonces el proceso de socialización y la cultura, como el ejercicio del poder. Con gran acierto Freire nos muestra que es fundamental partir de la idea de que el hombre es un ser de relaciones y no sólo de contactos, no sólo está en el mundo sino con el mundo. El ser humano no puede considerarse como un ser incluido (en), sino que a partir de su característica humana, de su conciencia, de su existencia y permanencia en el mundo, establece una relación que lo lleva a estar en y con el mundo, condición que es certificada por la praxis, como acción-reflexión, como trabajo que transforma no sólo el entorno natural, sino al ser humano. Sin embargo, existe un problema que es apuntado con preocupación por Freire: las relaciones entre los propios seres humanos y la inequidad de éstas, situación que lleva a las relaciones de poder desiguales, en las cuales unos seres humanos someten a otros, y en ese sometimiento, se genera un proceso que lleva a la alienación, a la negación del propio ser, tanto de los dominadores como de los dominados. Partiendo de esta idea pasemos ahora sí, a la idea de ser en tanto su posibilidad de ser. Pasemos a la gran ventana que nos abre la semiótica, esto desde la perspectiva que nos regala Umberto Eco: la semiótica da una explicación fotomecánica de la semiósis (…) Donde nosotros vemos imágenes, hay ajustes estratégicos de puntos blancos y negros, alternancia de llenos y vacíos, pululación de rasgos de significantes.

Entonces si el silencio es ausencia de expresión, debe ser también la condición de posibilidad de articulación de cualquier sistema de significante, sin duda a lo que llamamos ser tiene  estas características, continuando con la idea tenemos que podríamos llamar silencio a las unidades vacías en virtud de las cuales aparecen unidades discretas de expresión y se hace posible su articulación en unidades mayores, un texto. En el lenguaje oral, que de alguna manera es el que le da una posibilidad de lenguaje al ser, la diferenciación de los fonemas permite su articulación en morfemas y sintagmas; en la escritura, un nivel previo a una creación, a un proceso creativo, y aquí es donde se da la posibilidad del ser y sobre todo en tanto inicio de una creación con miras a una transformación que considere la previa existencia de una