HISTORIAS DE FAMILIA: 84 ANIVERSARIO DEL MONUMENTO A LOS MAESTROS UAEM
Mireile Martha Barany, de 28 años de edad, mujer egipcia de talla más bien robusta, fue la modelo que posó para Ignacio Asúnsolo en la construcción del monumento que, desde hace más de 80 años, adorna y completa la fachada del histórico edificio del Instituto Científico y Literario, el Monunento a los Maestros, en la esquina de Juárez e Instituto Literario, escribí en mi libro Toluca 200 historias de familia.
Mireile, nacida en la ciudad de El Cairo en 1905, era esposa de Asúnsolo y solía trabajar con él en su taller de escultor de la ciudad de México, de modo que al esculpir las figuras femeninas del monumento, el artista decidió que ella, fuera su modelo.
La primera piedra del monumento, dedicado a la memoria de los maestros del Instituto, fue colocada en solemne ceremonia el 3 de marzo de 1928, pero en realidad se construyó hasta 1933.
A fines de 1927, los institutenses hacían operativos para celebrar el primer centenario del colegio. La Junta Organizadora estaba encabezada por el director, Enrique Carniado, y formaban parte de ella los maestros Silvano García, Servando Mier, Leopoldo Vilchis, Lucas Rojas Juárez, Carlos A. Vélez, Manuel García Rendón, Filiberto Navas, Aurelio J. Venegas, Luis A. González, Enrique Olascoaga y Marino Olvera.
En la Memoria de Gobierno que presentó en 1929 al Congreso del Estado, el gobernador Carlos Riva Palacio, puede leerse: A iniciativa de la Junta Central Organizadora de las festividades del Centenario, se proyectó la construcción de un monumento que perpetúa la gratitud de la generación presente hacia los directores y maestros del Instituto, que contribuyeron abnegadamente durante la pasada centuria a fincar el prestigio del Colegio. Dicho monumento fue proyectado por los señores arquitecto Vicente Mendiola y escultor Ignacio Asúnsolo.
Vicente Mendiola Quezada nació el 7 de marzo de 1900, en Chalco Estado de México. Pasó su infancia en El Oro y en la Ciudad de Toluca. Inicia sus estudios secundarios en el Instituto Rébsamen de Toluca y sus estudios preparatorios en el Instituto Científico y Literario, motivo por el cual siempre se consideró a sí mismo como un institutense. A través de una beca, que le otorgara el Gobierno del Estado, Estudia Arquitectura en la Antigua Academia de San Carlos, en donde le cupo el honor de ser discípulo de Saturnino Herrán.
El escultor Ignacio Asúnsolo, nació en la Hacienda de San Juan Bautista del Estado de Durango el 14 de mayo de 1890. Desde pequeño mostró una gran disposición para la escultura. En 1910, meses antes de que estallara la Revolución, se trasladó a la Ciudad de México e ingresó como alumno a la Escuela Nacional de Bellas Artes. Sus biógrafos afirman que militó en las filas revolucionarias por cinco años, regresando a la escuela en 1918, y dando inicio a su fecunda carrera como escultor.
El programa original del Centenario fue propuesto en septiembre de 1926 por el historiador Aurelio J. Venegas, secretario y autor de la monografía del Instituto, pero en enero de 1927 se le hicieron algunas adecuaciones propuestas por el poeta Horacio Zúñiga Anaya. Ambos documentos se conservaron en el expediente número 6796 del Archivo Histórico de la Universidad Autónoma del Estado de México.
Tanto Venegas como Zúñiga propusieron la construcción del monumento a los maestros y la composición del himno del Instituto. Zúñiga propuso que la letra la escribiesen Enrique Carniado o Heriberto Enríquez y la música Felipe Mendoza o Manuel Esquivel, pero finalmente, la dirección del colegio lo comisionó a él mismo para que escribiera el himno en coordinación con don Felipe de Mendoza.
Respecto del monumento, el problema consistía en reunir fondos para poder hacerlo, pues se deseaba que fuera financiado por los propios institutenses y no por el Gobierno del Estado.
Con ese propósito, la Junta Organizadora tuvo la idea de ofrecer varias funciones de cine con películas de estreno para atraer al público.
El Teatro Principal, que era el local apropiado para celebrar estas funciones, era administrado por la Empresa de Espectáculos Echeverri y Aguilar, propiedad de Saturnino Echeverri y Lauro C. Aguilar. Con ellos entró en tratos la Junta para alquilar el teatro a razón de 75 pesos por función, que era un magnífico precio. Las películas fueron alquiladas a la empresa Famous Players Lasky Corporation, S.A., distribuidora en México de películas Paramount, y así fue posible ofrecer estrenos como La Reja de los Amantes de May Mc Avoy, En la Calle 39 de Resinald Denny y Día de Campo, de Arbucke. Hemos podido ver un programa de mano de la Función de Gala del miércoles 29 de febrero de 1928 con las películas Gigolo, el hombre que se alquila a las mujeres de Rod La Roque y Cuando una Mujer Ama de Leatrice Joy. Asimismo se anunciaban los próximos estrenos de El Circo de Charles Chaplin y El Aguila Heroica de Rea la Roque.
Los precios de entrada eran de 4 pesos con 50 centavos por una platea de 6 asientos, 75 centavos en luneta, 50 centavos en palcos primeros, 25 en palcos segundos y 15 centavos en galería.
Sin embargo, tal vez la respuesta de los cinéfilos no fue tan buena como se esperaba, pues no se logró reunir dinero suficiente para iniciar la construcción del monumento.
El 3 de marzo de 1928, se colocó la primera piedra, pero nada más. A esa alturas, el director del Instituto era el licenciado Eduardo Vasconcelos, quien había sustituido en el cargo al poeta Carniado.
Una maqueta del monumento fue exhibida en el proscenio del Teatro Principal, sobre un pedestal rojo, la noche del 3 de marzo, durante la gran velada conmemorativa del Centenario.
El proyecto titulado Plenitud y senectud, giraba en torno a las dos figuras femeninas, una joven y otra anciana, que serían esculpidas por Asúnsolo, pero contenían también otros símbolos, una lámpara votiva en la parte superior; una estrella de David, en el centro de la estructura, y una serpiente que se devora a sí misma, símbolo de la vida cíclica.
La Estrella de 6 picos es el sello de Salomón o estrella de David. Los cuatro elementos que conforman la naturaleza y que ya manejaba el filósofo Empédocles de Agrigento siglo IV a.C. la estrella de David caracteriza el equilibrio perfecto: el macrocosmos y el microcosmos son las fuerzas en acción. La estrella de 6 picos símbolo de dualidad: vida y muerte, cuerpo y alma, cielo y tierra, luz y tinieblas, etc. evolución e involución, espíritu y materia, positivo y negativo. La serpiente que se devora a sí misma, símbolo de eternidad y vida cíclica.
Llama también la atención la manera de escribir 1828, que en el monumento aparece como MCCMXXVIII y no como es usual: MDCCCXXVIII.
Estos íconos y su simbología corresponden a las ideas que tenían Asúnsolo y Mendiola, pero quizás también a las del poeta Horacio Zúñiga, que fue comisionado por la dirección del Instituto para coordinar el proyecto.
La escasez de fondos para construir el monumento terminó en 1933, año en el que el licenciado Eduardo Vasconcelos ocupaba el puesto de secretario de Gobernación en el gobierno federal y con ese carácter, dispuso el apoyo necesario para que Mendiola y Asúnsolo culminaran el proyecto iniciado cinco años atrás.
El trabajo de cantería se realizó en el taller de los hermanos Benítez, oriundos de Zacualpan.
Junto a los símbolos y fechas ya mencionados, el monumento contiene una inscripción escueta:
A la memoria de los Maestros del Instituto Científico y Literario del Estado de México.

