La carrera rarámuri de un ultramaratón singular de múltiples aristas. (parte dos)

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Hablando ya más propiamente de la carrera, tenemos que la tradicional carrera rarámuri consta de dos modalidades, a saber; la rarájípari o carrera de bola para los hombres, y rowera o carrera de ariwueta para la mujer. La bola se hace de la raíz del encino, madroño o tascate, tiene un diámetro de unos siete centímetros y doscientos treinta gramos de peso. El aro o ariweta está hecho de ramillas vegetales, con un diámetro variable entre cinco y quince centímetros, estando ensartado doble en algunas zonas. Ahora bien, como es señalado con el mismo lenguaje de los rarámuris podemos hablar tres tipos de carrera: grandes, medianas y pequeñas. El criterio tiene que ver con la duración de la misma y el tamaño de las apuestas acumuladas. Así es que una gran carrera se prepara con semanas, inclusive meses de preparación, tendrá una duración de unas quince a veinte horas, en el caso de los varones, y de ocho a quince horas para las mujeres; los primeros cubren distancias de entre cien y dos cientos kilómetros, las damas harán lo propio recorriendo entre cincuenta y cien kilómetros. Sin duda estas carreras generan muchas expectativas así como un elevado monto de apuestas.

En el caso de las pequeñas carreras, es común improvisar o planificar con poco tiempo de preparación,  concertar con poca antelación, este tipo de carrera se estila como parte del juego de niños y niñas y también de los adultos dentro del contexto de las tesgüinadas, es decir, de las llamadas reuniones de trago; en este caso estamos hablando de recorridos de dos a diez kilómetros, y por supuesto, las apuestas no son elevadas. En el caso de las medianas, tenemos un amplio espectro que cubre distancias muy variables entre los extremos anteriores. Aquí hay que tomar en cuenta la carrera ceremonial, la cual se realiza con motivo de la muerte de alguna persona; se trata de un evento simbólico en el que se recorren unos centenares de metros a manera de homenaje de quien partió. Se pueden organizar en cualquier época; sin embargo, la inmensa mayoría de ellas se concentran entre el verano y el otoño, esto es debido a que no hay tanto frío nocturno y el día es más húmedo por ser tiempo de lluvias.

Como podemos darnos cuenta hay un sistema organizativo y con amplio sentido cultural. En el caso de una gran carrera es el chokéame, es decir, un organizador principal de la misma. Puede haber dos, uno por cada corredor o equipo enfrentado, ser hombre o mujer. Serán entonces los responsables de gestionar y negociar todo lo relacionado con la carrera, poniendo de acuerdo a los corredores, además de recoger y concertar las apuestas. Es interesante mencionar que en cuanto a la preparación física y psíquica de los corredores antes de una gran carrera, los rarámuris no practican ninguna actividad especial, su forma física está basada en el entrenamiento natural que proporciona la vida diaria, al caminar mucho cuidando rebaños o visitando a su gente. Por ejemplo, los niños y jóvenes se desplazan con frecuencia corriendo, jugando con la bola o la ariweta, y será la selección natural la que haga de filtro para que con el tiempo los mejores participen en las grandes carreras y el resto lo hagan en las medianas o pequeñas.

Sin embargo, cuando se encuentran ante el reto de una gran carrera los corredores o corredoras deben llevar a cabo, eso sí, una serie de cuidados corporales, deben ser bien alimentados por sus respectivas familias, choquéames o vecinos que vayan a apostar por él o ella, evitar grandes esfuerzos, no participar en las tesgüinadas, y descansar bien unos días antes de la gran cita. Adicionalmente también es importante señalar que el owirúame o curandero les aplicará una cura de piernas mediante friegas con aceite o plantas medicinales y les dará su tradicional té de cedro. Una vez que llegua el día, el desarrollo de la carrera se realizará con algunas reglas sencillas. El circuito donde se corre puede ser circular, aunque con mayor frecuencia es lineal, de ida y vuelta sobre un trayecto de seis a treinta kilómetros. Se hará uso de caminos y senderos transitables más o menos pedregosos que discurren por relieves variables; como mesetas, barrancas y bosques. Es importante que antes de anunciar la salida hay que haber estado de acuerdo entre las partes respecto a la distancia del recorrido, la cantidad de vueltas, el número de corredores por equipo, las bolas o ariwetas de repuesto para utilizarlas en caso de rotura o pérdida.

Ahora bien, a un lado de la salida, que también es la meta ocupando un lugar central en el circuito, se coloca una hilera de piedrecitas a la que se le irán restando una tras otra, a medida que se van completando vueltas. La vestimenta no es especial, es el que usan en la vida diaria y éste ha cambiado a lo largo del tiempo; pero se conserva el uso del cinturón de cuero con pezuñas de venado colgadas en forma de sonajero, con el que corren algunos hombres, así como la banda de tela ajustada a la frente que llevan tanto hombres como mujeres. Finalmente el calzado utilizado son huaraches, de caucho atados al pie con una correa de cuero. Es importante señalar que se trata de un juego, una oposición simétrica. De acuerdo con el lingüista Lévi-Strauss estamos ante un juego lingüístico que está dado por la relación metonímica o de contigüidad existente entre los bandos, pues tiene una estructura de reglas iguales para ambos lados, las cuales constituyen una necesidad. Se trata de reglas operativas permitiendo un número ilimitado de partidas, además en cada juego los incidentes y los resultados son diferentes y constituyen una contingencia. El juego de la carrera establece una disyunción entre ganadores y perdedores. Sin embargo, también se trata de una carrera en sentido estricto en la cual es partícipe un sistema del cual también forma parte la lógica de lo sensible, la ciencia de lo concreto, el pensamiento mágico manifestado a través de ritos que influyen indirectamente en la realidad natural y social. Así es que La carrera se realiza generalmente cuando se desarrollan actos expresivos mágicos, por ejemplo atraer lluvia, curar y aumentar la fertilidad de plantas, animales y personas, agradecer y compartir con Onorúame los productos del trabajo, o bien, sencillamente por diversión algún domingo, día de reunión en la iglesia para el rezo y para juzgar alguna infracción.

La preparación también es sencilla, ya que tres días antes de una carrera importante, los corredores de cada bando se recluyen juntos bajo los cuidados y vigilancia de un owerúame, que los protege, al igual que a la bola que usarán, de maleficios enemigos, mediante rezos, amuletos y lavados de sus piernas con infusiones. Adicionalmente, se cuestiona a los participantes sobre sus recientes experiencias oníricas. Además, se contrata a un sukurúame para que duerma lo más posible para encontrar en sus sueños algún símbolo individualizado del resultado de la carrera. Así es que el trabajo del sukurúame incluye hechizar a los contrarios para que pierdan. También se celebra una tesgüinada previa a la carrera, en la que antes de tomar el batari se ofrece a Onorúame, ubicado en lo alto e identificado con el sol, de esta forma se congracia y adquiere su apoyo. A la inversa del juego, en el rito se establece una conjunción entre el owerúame y los demás participantes, quienes en principio están en oposición asimétrica por sus papeles, saberes y poderes desiguales, pero a partir del acontecimiento se unen en comunión. En esos días los corredores procuran actos biológicos para ganar la carrera, entre ellos el descanso, la abstinencia sexual, una alimentación especial, por ejemplo, consumen más carne que de costumbre, para lo cual se sacrifica un animal. La alimentación continúa con pinole y agua en breves descansos durante la carrera. También hay acciones técnicas para lograr el triunfo: se talla con navaja la komakali que es ligera, resistente a las piedras del suelo y bien redonda para que ruede mejor; y antes, durante y después de la rarapípama se masajean las piernas de los jumame. Diría Lévi-Strauss, una metáfora que, al considerarse indicio de un futuro real, se vive como metonimia.