Oír el himno en tierra ajena

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Van a comenzar –sin público– por la pandemia los juegos olímpicos en Tokio, Japón  y en 1964, hace 57 años, comenzaba la gesta deportiva más importante del orbe y un ciudadano ilustre de San Buenaventura, municipio de Toluca, portó el lábaro tricolor.

   

Hoy lo recuerdo con una entrevista que lleva el reconocimiento a la persona y al maravilloso atleta.

 

“En glorioso blanco y negro” la pantalla de televisión nos trajo la imagen de la inauguración de los Juegos Olímpicos. Las imágenes, viéndose un poco borrosas, pues empezaban las transmisiones por vía satélite, nos presentaban el paso de las delegaciones deportivas: la India, Libia… con inusitada ansiedad esperábamos el paso de los mexicanos.

Las señoras van y vienen de la lumbre de la cocina a la lumbre de la tele, el padre de familia fuma un cigarro tras otro y hasta los pequeños contagiados de la emoción esperan el paso de la delegación azteca. El comentarista sigue narrando: ahora pasa la delegación de Marruecos… ¡ya mero viene México! Y dos, tres países más, cuando se encienden los corazones con las palabras: y en estos momentos se presenta la delegación de México, aquí viene al frente su abanderado que es el corredor Fidel Negrete.

 

Si señoras y señores, para los toluqueños esa olimpiada fue especial entre otras cosas porque un atleta de la tierra fue el abanderado de la Delegación Mexicana. Y por cierto que dentro del Contingente mexicano iban también Porfirio Remigio en ciclismo y Albino Morales en fútbol.

Aunque teníamos que adivinar en el borroso blanco y negro y una lejana música opacaba la narración, nos llenó de orgullo ver la bandera mexicana en manos de quien poco antes había ganado para México la medalla de oro en los Juegos Panamericanos celebrados en Sao Paulo, Brasil.

¿Vieron a Negrete? Todos asentimos, aunque la imagen borrosa hizo que la imaginación tuviera más vigencia que la realidad. ¿Vieron a Negrete? Como si los habitantes del Valle del Nevado cerca de él, lo hubiéramos aplaudido.

Y en un rato más estaremos aquí cerca de Toluca, cerquita en San Buenaventura para platicar con don Fidel

Esta entrevista fue realizada en el año de 2000

 

Antes, para llegar a San Buenaventura, circulabas por una estrechísima carretera circundada por milpas de maíz y tan desolado era el panorama, que podías apostar a que en un kilómetro no había arriba de tres casas y seguro ganabas la apuesta.

Hoy una muy transitada carretera que comunica al Sur del Estado y una brutal migración ya desaparecieron las vereditas que se formaban entre las milpas y que vieron correr a Fiel Negrete de su casa al trabajo.

Llegamos en un dos por tres a su casa y el campeón Panamericano me invita a pasar; ipso facto me presenta a su familia: mi esposa, mis hijos, por cierto nos dice de uno de ellos: éste es el único que corre y ya está en el equipo de la UAEM.

Después de tomar un refrigerio, don Fidel me cuenta de su comienzo en las lides de velocidad a pie:

 

Trabajaba en una fábrica de balatas en Toluca, que estaba en la calle de Independencia y desde aquí me iba corriendo. Así empecé, como me iba diariamente al trote, noté que cada vez hacía menos tiempo. Por cierto que hasta la fecha la costumbre no se me quita. Todos los días corro y sigo compitiendo. Mire, apenas gané; y don Fidel nos muestra un diploma que dice: Gran Carrera de Masters, 7 de Febrero de 1988. Primer Lugar.

Don Fidel, lo interrumpo, ¿cómo entró usted al atletismo de competencia?

Me di cuenta de que las podía y me fui a los “Venados” del Distrito Federal.

Mire, orita le enseño parte de mi historial. Y don Fidel extiende ante mí un exitoso currículum deportivo y me sorprende ver que fue corredor de 3,000; y 10,000 metros hasta llegar al maratón. ¿Por qué? le pregunto.

Cuando uno empieza, o al menos creo que a muchos nos pasa, escogemos las carreras cortas y ya madurando, entramos a las distancias largas, pero le diré que no todo han sido triunfos, aquí ganas y pierdes, por ejemplo en mi caso antes de ir al “Max Trott” realizado en Guatemala, Valentín Robles me ganó en la selectiva que se realizó en León, Guanajuato.

¿Y el principio?

Vea usted.

Y de los papeles, leo y anoto que el 13 de Noviembre de 1960 don Fidel participa en los segundos juegos deportivos del Distrito Federal, quedando en tercer lugar en los 10,000 metros planos; luego un 5 de Febrero de 1962, gana en Monterrey, Nuevo León la competencia para ir a Guatemala y ahí en el país chapín gana el maratón y luego más competencias, tantas que sería prolijo narrarlas, lo que me obliga lanzarle la pregunta toral.

Don Fidel, ¿Y su más grande satisfacción?

El gran corredor no oculta su emoción al soltar las palabras: cuando gané la medalla de oro en los Juegos Panamericanos celebrados en Sao Paulo, Brasil. Fue una carrera durísima. Aunque principié punteando, un norteamericano se me pegó. Faltaban como quince kilómetros y los dos íbamos solos hasta adelante. Pensé es él o yo, mientras había de ver en las calles por cierto llenas de gente como todos nos animaban. Lo bueno para mí es que me sentía fuerte y el tiempo estaba fresco.

Inconsecuentemente lo interrumpo:

¿Qué se siente?

Cuando uno va corriendo uno va en lo suyo, va uno concentrado, pero si recuerdo que Sao Paulo era una ciudad modernísima, con altos edificios y que la gente se emociona fácilmente, pero le voy a seguir platicando de la carrera, mire, llegó un momento en que pensé que no la hacía, pues el norteamericano se me despegó y se fue adelante un buen trecho y ahí fue donde yo solo me animé y sin que se me perdiera de vista lo seguí, hoy creo, que fue más con el corazón que con las piernas. Lo veía a lo lejos pero no desmayé.

«¡Y que lo alcanzo!». Ahí entonces cuando íbamos juntitos le dí un jalón y no respondió…

En este punto vuelvo a interrumpirlo y le recuerdo haber leído una crónica maravillosa. Don Fidel le pide a su hijo que le traiga el libro de recortes periodísticos y en el interín, me comenta:

No me acuerdo como se llamaba el norteamericano…

Su hijo regresa presto con el álbum y leo:

«Fidel Negrete por fin alcanzó a Pete Mc. Ardle. Se acompañaron un buen trecho. Un pequeño moreno y un larguirucho rubio. De poder a poder: entonces cuando circulaban por la Avenida Ipíranga, Mc’Ardle se desinfló como globo…»

Cierro el álbum y escucho a don Fidel:

¡Y esa entrada al estadio! Ya sabe usted que con el marathón se cierran las competencias, pues mire… don Fidel se emociona, se le hace un nudo en la garganta en tanto, yo, para dejarlo reponer leo la crónica en su parte final:

“Ese 4 de Mayo de 1963 será inolvidable para el deporte mexicano. Escoltado por motocicIistas y ruido de sirenas con trabajos se escuchó por el altavoz del estadio: iUn mexicano viene adelante!

 

Y así fue como Fidel Negrete entró al estadio con más de 500 metros de ventaja sobre Gordon Mc Kenzie».

 

Al leer lo anterior le pregunto a don Fidel, totalmente repuesto de la emoción. ¿Y Mc Ardle?

 

Pues como dijeron ahí y nos señala el periódico se desinfló como globo. Y  sonríe maliciosamente.

 

¿Y luego don Fidel?

 

Aquí el atleta se queda un momento en silencio y como que el sentimiento lo quiere traicionar por segunda vez.

 

Pues es lo más grande, porque se iza la bandera y se toca el himno del país del que ganó… no sé… es como volver a nacer.

 

Y otra vez le gana el sentimiento al campeón.

 

Le doy un sorbo al refresco y para cambiar un poco le pregunto:

 

Don Fidel ¿el atletismo ha cambiado?

 

Mucho. En mis tiempos estaba bien desprotegido todo lo hacía el atleta, su preparación, su ropa, todo, digamos que era el patito feo de los deportes.

 

Antes de terminar y al ordenar las fotos y los periódicos veo que don Fidel está retratado con el Dr. Gustavo Baz Prada y con Adolfo López Mareos, las imágenes de todo San Buena recibiéndolo hasta el padrecito con arcos de triunfo y toda la  cosa, sopeso el montón de medallas que su señora guarda celosamente, cierro el estuche elegantísimo donde se guarda la Presea Estado de México ganada justamente y al ver la fotografía de don Fidel portando el lábaro patrio en Japón le hago la última pregunta:

 

¿Y Tokio?

 

Fue el máximo honor, portar la bandera nacional aunque ahí llegué en 21vo. lugar… es que una Olimpiada es otra cosa.

 

Recortes de periódicos, medallas, triunfos y una lagrima que no pudo quedarse presa.

Y sanseacabó.