JOSÉ MARÍA HEREDIA, NOS PERTENECE

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Es deber el regresar al escrito del jurista Enrique González Vargas, del que se dice que fue uno de los grandes académicos, investigador y jurista de la UAEMéx. En su texto sobre José María Heredia, que corresponde a su libro El Instituto Literario del Estado de México en la época de Ignacio Manuel Altamirano. El investigador dice: Esta época —1833—, estuvo especialmente representada por el insigne catedrático y director del mismo colegio, don José María Heredia, notable literato de fama continental. Su brillante labor, unida a la de don Lorenzo de Zavala; a la de benefactores como don José González Arratia, y a la prolífica actividad del departamento editorial del Instituto, cuyos libros se difundieron en la Capital de la República, donde sus títulos de temas históricos, literarios y jurídicos, que constituyeron, además de una novedad, una seria competencia, se continúa por largo tiempo como verdadera tradición. De este modo, a partir de 1846, cuando se reanuda para no interrumpirse, la actividad educativa del plantel, se conserva como modelo la tarea a todas luces brillante del literato, historiador y jurista José María Heredia, quien no sólo llega a producir notable piezas de elocuencia y de arte poético, sino libros de Historia y proyectos de códigos, inspirados en legislaciones modernas, que lo hacen recordar como prototipo de directores, maestros y hombres de bellas letras. En un párrafo que resume cualidades en diversos campos de la cultura nos hace el retrato del poeta cubano, del educador, historiador, jurista y político que es José María Heredia: conocedor como vemos de los políticos más encumbrados de aquellos años aciagos de la naciente patria: Guadalupe Victoria, Vicente Guerrero, Melchor Múzquiz, Lorenzo Zavala y el más terrible Antonio López de Santa Anna.

Nada le era negado al joven brillante que apenas frisaba los treinta años y estaba en el cenáculo de las luchas fratricidas de esta democracia, débil y sujeta a los ataques de los ricos, que se apoyan sobre todo en el influjo de la iglesia y de los militares, que sólo cambian de bando, pero que siguen reprimiendo los mayores deseos del pueblo por lograr educación, bienestar, igualdad entre clases y razas; que por diversos caminos expresan la presencia y migración venida de Europa, pero también de África y el Asia.

José María Heredia, el cantor del Niágara y del Volcán de Toluca en sus lagunas del Sor y la Luna, es nuestro. Así lo dice otro estudioso del siglo XX mexiquense, el originario de Valle de Bravo, quien radicado en Toluca da prosapia y respeto por su gran cultura en muchos campos de la vida humana. Promotor de las mejores causas culturales del estado de México, es el asesor y escritor número uno en apoyo a Mario Colín Sánchez, quien llega a ser director de Patrimonio Cultural y cuenta en él a su principal colaborador en las ideas de promoción como en el apoyo de su pluma magistral y sabia. Gustavo G. Velázquez por sabiduría representa a una generación brillante en el siglo XX: Adrián Ortega, educador venido de Lerma, Juan Rosas Talavera, educador y poeta originario de Tenango del Valle, Clemente Díaz de la Vega, periodista, los hermanos Fajardo, promotores culturales, Josué Mirlo, poeta de Capulhuac, Alfonso Sánchez García, historiador, cronista de Toluca y periodista destacado, José Yurrieta Valdés, catedrático de la UAEMéx y editor de Cuadernos del Estado de México, Rodolfo García, originario de Huixquilucan historiador y periodista, Guillermo Servín, periodista, y muchos más que han de dar vida al nuevo siglo XXI con alumnos que lo mismo en la vida cotidiana que en las aulas forman la entidad tal cual es en este 2021. A toda una pléyade de nombres relevantes que paran en Toluca de varias maneras pertenece don Gustavo G. Velázquez, al cual el sabio político e ideólogo Vicente Lombardo Toledano, fundador de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) y del Partido Popular Socialista (PPS), le respetaba su sabiduría, siendo él tan sabio le expresaba su respeto cada vez que le encontraba en alguna reunión o mitin partidista. José María Heredia cantor del Niágara, nos pertenece.

Así, en su texto Gustavo G. Velázquez dice: No se juzgue mal, ni como un simple reclamo, de apoderarnos de lo que no somos dueños, si afirmamos que el polígrafo, nativo de Cuba, es nuestro; pero es verdad que dejó lo más saliente de su vida y de su obra no sólo en lo que fuera antes de 1833 el extenso Estado de México, sino en Toluca, que ya en el año que señalamos se había convertido en la Capital definitiva de esa porción de la Patria Mexicana que entonces parecía mosaico de grupos étnicos que, con grados diferentes de cultura, iban desde los laboriosos mazahuas y otomíes hasta los más numerosos nahuas y los disminuidos matlatzincas sobre quienes gravitó siempre el peso de la economía que sólo aprovechaban los llamados “gente de razón”, mestizos, criollos peninsulares, nativos de España que, como afirmó Montesquieu se mostraban orgullosos de su piel de color de aceituna, y aprendían solamente en el idioma de los indios tres frases: presta el agua, presta el tributo, vete a la mina.

Sabio don Gustavo, hace memoria de la historia y del estado en que se encontraba a inicios del siglo XIX la sede de la Nueva España, que estaba por estallar en pedazos ante el embate de las huestes de don Miguel Hidalgo, José María Morelos, Francisco Xavier Mina, Vicente Guerrero y nuestro guerrillero del sur en la entidad Pedro Ascencio de Alquisiras. Dice Gustavo: A esta región del centro de Nueva España, poblada  por los grupos étnicos más característicos del altiplano del país, llegó el 2 de abril de 1819 el adolescente José María Heredia, cuya vida breve, de no más de treinta y cinco años dejó, particularmente entre nosotros, los que ahora nos llamamos “mexiquenses”, una huella profunda, tanto más difícil de borrar cuando que está vinculada, desde el primer día, al progreso y a la marcha hacia el porvenir no solamente de nuestro país sino también de Cuba, en donde Heredia debe tener un destacado lugar junto a los más señeros luchadores por la libertad y el progreso de esa nación tan codiciada entonces por España y más tarde por los Estados Unidos de Norteamérica, que no perdonan a Fidel Castro que mantenga la lucha por liberarse de dominio yanki, como Martí, Maceo y aun el propio Heredia. Que lucharon por librar a su patria del dominio de la monarquía española. El autor pone el pasado con el presente, lo hace porque sabe la historia de Cuba y la de México. De él se dice en su reseña biográfica: Es un intelectual de gran importancia para los mexiquenses, escritor de editoriales, libros de política, educación y arte e ideología: fundador del Partido Socialista en el estado de México, y escritor de un poemario titulado El instante azul. Cito el último párrafo, porque nos hace ver que José María Heredia no vivió en un mundo lleno de satisfacciones para él. No fue así y eso es parte de lo más triste al revisar su existencia. Es posible por esas situaciones que le hayan llevado a escribir la carta que los ‘sectarios’ e ignorantes de México o de Cuba se atreven a señalarle como su peor pecado, ante tantas fortalezas y aciertos a pesar de todo lo que tuvo que vivir para ser el gran héroe y personaje que es para sus dos patrias.

Dice Velázquez: …No todo fue ventura en Toluca para José María Heredia, las pugnas nacionales a las que hicimos alusión antes entre Federalistas y Centralistas, entre escoceses y yorquinos, también se sintieron en la capital del Estado, de tal manera que cuando el general Escalante, que se había pronunciado por religión y fueros en Michoacán avanzó sobre Toluca, Heredia, que sin pensar mucho había aceptado el puesto de comandante Militar de la Guardia se vio obligado a salir de la ciudad… El estudio de este hombre obliga a decir como lo hace Velázquez, pues Heredia es también nuestro por sus acciones de vida que en México se encuentran en el centro del país por todas partes. Como orador, poeta, militar, rector, editorialista, y mucho más es Nuestro. Nuestro para los toluqueños a mucha honra, padre de nuestras letras lo sabemos quienes somos de vocación literaria porque no hay primera del 1821 que no comience con Heredia.