SÍMBOLOS

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Querido y aguzado lector, los datos duros, las disputas políticas, el incremento de las cifras de enfermos por la pandemia, se agolpan no sólo en la mente, sino también en el corazón y en las entrañas. Esperemos que esto vaya mejor, en tanto sigamos cuidando todos de todos.

En artículos anteriores, les comentaba algunas ideas que ido extrayendo de mi lectura del libro de Pablo Soler Frost, sobre los símbolos y que ahora que lo pienso ha significado una herramienta pertinente para la comprensión de la realidad que compartimos de cierto modo.

Esta vez me gustaría comentar en torno a una frase que llamó poderosamente mi atención, en el apartado en que Frost habla del caso Fiume y cómo está cargado de simbolismo, pues el mismo autor de este movimiento Gabriele D’Annunzio  lo llama como poesía transformada en política, como acción de vanguardia; misma de la que Frost resalta la abominable alianza entre el renaciente paganismo y la inhumanidad, frase implementada para referirse al Futurismo de Marinetti; Filippo Tommaso Marinetti, autor del  Manifiesto futurista con el que se aspiraba a revolucionar la vida y el arte a base de velocidad, peligro, ruido, violencia y simultaneidad y que se dio durante el movimiento de Fiume.

Un manifiesto dirigido a los jóvenes de la Italia de 1910. Un manifiesto que se caracterizó por una permanente concepción belicista y militarista, aristocrática y seudoanarquista. […] Es decir, en síntesis, se observa siempre esta dualidad entre modernidad cultural rupturista e irracionalidad política. […] la condena de los valores tradicionales y la exaltación de lo nuevo. […] glorificará la guerra  y  las “bellas ideas que matan”  y el desprecio a la mujer1.

Y usted se preguntará aguzado lector por qué quiero traer a discusión una idea violenta y arcaica, que se dio en el marco de una disputa por un territorio europeo, lejos de aquí, en años y en distancia, y que además cabe destacar que fue un movimiento a partir de como decíamos líneas arriba a partir de ideas, símbolos, poesía convertida en política.

Pues resulta que no es tan descabellada la idea cuando uno se pone a pensar en las similitudes que se pueden encontrar en los momentos que estamos viviendo, en el que si bien no hay una guerra como tal, declarada, hay muchas que están coartando la seguridad y paz de muchas naciones, guerras que se combaten con cuello blanco y se dispara a quemarropa con contratos letales que cuestan la vida  a miles de personas en muchas naciones.

Guerras que se pierden adoptando las feroces políticas económicas que minan las naciones. Guerra que no sólo se debaten entre naciones sino dentro de ellas, millones de personas tratando de librarse de la velocidad y voracidad de las industrias que nos carcomen hasta la muerte.

Además de la modernidad cultural rupturista que constantemente bombardea los espacios de convergencia y que terminan por separarnos cada vez más, haciendo más marcadas las diferencias y por qué no, imponiendo más, que acaban por hacer más evidentes las desigualdades, y reavivando constantemente un ambiente de violencia, discriminación e indiferencia.

Y qué decir de la irracionalidad política, en la que ya no hay una línea de acción marcada en favor de los pueblos, en los que de la demagogia a la práctica hay una gran brecha, un momento en los que los actores políticos se visten con un velo de ideas que tienen de ellos el pueblo, pero realmente son otras las formas y pensamientos que los mueven.

De ahí que venga la condena de los valores tradicionales y la exaltación de lo nuevo, que no siempre ha sido lo mejor para todos, y que no se hace una elección crítica de los valores que deban prevalecer, pues recordemos que este movimiento es violento y simultáneo tal como hoy estamos sujetos a la inmediatez, donde se exige el multitasking without thinking. Una idea de la vida que pasa a gran velocidad sin tiempo para disfrutar.

El glorificar la guerra, esa herramienta que han utilizado miles de políticos y sociedades enteras para justificar los actos más atroces en contra de la humanidad o para defender su integridad como nación, pero recordemos que los nacionalismos no son nada buenos, pues como diría Schopenhauer, todo imbécil  execrable, que no tiene en el mundo nada de que puede enorgullecerse, se refugia en este último recurso, de vanagloriarse de la nación a la que pertenece por casualidad. No es un autor muy de mi agrado, pero me parece que en esta aseveración tiene mucho de razón.

El desprecio a la mujer, curiosamente después de citar a Schopenhauer, quien también se encargó de seguir perpetrando esta idea, continuó con el camino del sistema patriarcal y del machismo que trasciende fronteras; pues si bien en muchas de los inicios de las civilizaciones que conocemos, las mujeres tenían un buen lugar y activa participación e incluso en varias de ellas eran consideradas como seres sagrados fue la llegada de la evolución, la civilización, el futuro y la implementación de estas políticas y todo cambió.

Trayendo múltiples desgracias para millones de mujeres en todo el mundo y de lo que seguimos padeciendo y para muestra nuestro país, en el que las mujeres siguen siendo objeto de violencia y muerte no sólo por algún activismo que realicen sino ya por el simple hecho de ser mujer.

Al principio mencionaba esta idea de la alianza entre el renaciente paganismo y la inhumanidad, con la apertura a nuevas y diferentes formas de pensamiento llegaba la separación, el desconocimiento del otro por no pertenecer a la misma común-unidad, algo similar pasa ahora, con la inhumanidad que impera en cientos de lugares donde sigue habiendo indiferencia ante las injusticias por la falta de respeto y tolerancia, por la ausencia de humanidad ante las múltiples expresiones de los intentos por vivir en cordialidad.

Querido lector, creo que no estuvo tan lejano de nuestra realidad este manifiesto que sí, aspiraba a revolucionar la vida y el arte y además terminó por permear a lo largo de los años, de manera sigilosa y violenta.

Sin duda ha sido bueno dar un paseo por la historia y ver de dónde vienen y cómo es que prevalecen ciertas ideas, símbolos que como decía Soler Frost, el símbolo es una imagen necesaria para aprender del mundo; es una imagen que condensa dos o más términos,  y lo más importante, creo, representa una realidad de un orden distinto a la imagen utilizada.

Y de ahí también la importancia de las lecturas profundas, meditadas, pues así como Frost trajo ciertos referentes, así habrá muchos más que omitió, y así sucederá con muchos autores y personajes que utilicen las palabras, los símbolos para ciertas conveniencias de las que valdría la pena dar más que una sola leída.

Y esto también a propósito de los miles y miles de líderes de opinión, políticos, gurús y coaches  que últimamente han proliferado y de los cuales no tenemos mayor  referencia que sus ideas, principios, intenciones, su manifiesto.

Fuentes:

*    Cancino, H. y De la Mora, R. (2017). ASPECTOS DE LA MODERNIDAD LATINOAMERICANA: RUPTURAS Y DISCONTINUIDADES. Universidad Veracruzana. Julio, 2021. https://www.uv.mx/tipmal/files/2018/04/8.-Aspectos-de-la-modernidad.pdf

* Hoy es arte. (2009). Centenario de la vanguardia futurista. Julio 2021. https://www.hoyesarte.com/sincategoria/el-futurismo-cumple-cien-anos_86303/

  1. Morodo, R. (1986). Marinetti, del futurismo cultural al fascismo político. Julio, 2021. https://elpais.com/diario/1986/09/18/cultura/527378405_850215.html

*     Soler F, P. (2013). Adivina o te devoro. El enigma de los símbolos. FCE